No hay una sola manera de ser mamá

"La mujer no es un aparato mecánico que debe responder de la misma forma a una experiencia en particular. Se debe entender que ser madre tiene una multiplicidad de significados"

Por: Fadir Delgado Acosta
agosto 16, 2019
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No hay una sola manera de ser mamá
Foto: Anton Nosik - CC BY 3.0

Primera imagen: una mujer da pecho en un espacio público. Segunda imagen: una mujer da biberón en un entorno familiar o social. Dos acciones que no solo se unen en su mismo objetivo: alimentar. También tienen algo más en común. Tienen sobre sí el mismo dedo señalador. 

Algunas mujeres se han visto obligadas a tapar sus senos y de paso las caras de sus bebés, en un acto casi de asfixia, para no ser juzgadas por los ojos llenos de prejuicios sobre el cuerpo femenino, por lo cual son comunes las llamadas “tetadas” que se han organizado en diferentes países. Estas protestas masivas son leídas como actos contestatarios que reclaman la defensa de una elección; actos que se leen como acciones de valentía.

Si hacemos un sencillo sondeo entre los círculos cercanos en el ámbito laboral, social o familiar, la situación cambia. En la mayoría de los casos, ni siquiera se les pregunta a las mujeres si van amamantar o no. Se da por sentado. Si eres madre: amamanta. Eso es lo natural. Si damos una mirada a los grupos conformados en las redes sociales orientados a la defensa de la lactancia materna, nos daríamos cuenta de que estos tienen numerosos miembros y que la información en Internet sobre el tema es extensa y bastante completa. Existe una importante presencia de ligas y asociaciones que han tomado como bandera la defensa de la lactancia. Las madres en los centros de salud son invitadas a seminarios o reciben  información al respecto. Pero a pesar de todas esas redes de apoyo que circulan en internet y en los ámbitos sociales, algunas mujeres son o se sienten atacadas y perseguidas cuando dan pecho en espacios públicos, lo cual resulta algo contradictorio. Es como si las políticas de Estado o las personas que las respaldan afirmaran: debes amamantar, pero en privado. A pesar de lo anterior, Beatriz Gimeno, escritora y política española, dice que la lactancia materna no ha estado nunca perseguida. Y para argumentar su afirmación, plantea lo que dijo Slavoj Žižek, filósofo esloveno: Para que algo resulte apoyado o defendido en esta sociedad posmoderna tiene que parecer transgresor, tiene que parecer que se impone desde una posición de desigualdad”. Diríamos, entonces, que se ha visibilizado el acto de dar pecho como un acontecimiento que desobedece, que se rebela, como una acción de disidencia. Y continúa:Las defensoras de la lactancia gracias a esa supuesta persecución han conseguido crear una causa y de ahí han pasado a convertirla en una obligación”.

Obligación: Es una palabra que cae como un puño en la cara, sobre todo en este contexto. ¿Cómo se le puede obligar a una madre hacer lo que naturalmente debe hacer? Y este interrogante funciona como una especie de telón para revelar la segunda imagen: Una mujer da biberón en un entorno familiar o social. Aparentemente esta segunda escena no tiene nada de raro. Pero si le sumamos a esa imagen un hecho más: el biberón no tiene leche materna sino artificial, de fórmula, de pote o como se le quiera llamar; la escena cambia de inmediato y se convierte también en un hecho trasgresor, porque estas mujeres decidieron por razones de salud, psicológicas o simplemente por decisión propia no amamantar a sus hijos; decidieron hacer caso omiso a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y a las innumerables  políticas de Estado que promueven la lactancia materna. Al respecto dice Gimeno: “Ahora las que estamos perseguidas somos las que no queremos dar de mamar y nos atrevemos a decirlo claramente”.

Bajo este panorama todo se vuelve más complejo: ¿quiénes son verdaderamente las transgresoras, las que se oponen a la regulación que han establecido las leyes internacionales o las que la siguen?  La respuesta a esta pregunta poco importa frente a la dimensión del tema que abordamos. Pues qué va importar ser transgresora o no en una acción que está ligada al amor. Lo que es relevante es el respeto a cada una de las mujeres que protagonizan las anteriores escenas. Esas mujeres decidieron sobre sus cuerpos y eligieron libremente la manera de alimentar a sus hijos.

En los años cincuenta la Liga de la Leche en Europa conformada por mujeres católicas, emprendió una ardua campaña a favor de la leche materna en vista del auge del feminismo. Hoy, a diferencia de los años anteriores, la defensa por este tipo de alimentación nace precisamente de grupos feministas, no de grupos tradicionales. Es así como este tema ha enfrentado a dos corrientes del feminismo. Élisabeth Badinter, filósofa e historiadora francesa, lo explica de la siguiente forma: “Asistimos a un triunfo incontestable del feminismo diferencialista, muy distinto del universalista, que es el que defiendo yo y el que encarnó Simone de Beauvoir. El nuevo feminismo (…) prefiere subrayar nuestros particularismos, especialmente la maternidad”. Para Badinter la presión a las que se enfrentan las mujeres para dar pecho es la respuesta a una imposición de las posturas naturalistas. Al respecto, dice: “Hoy se observa el comportamiento de una madre chimpancé y se proclama que ese es el modelo a seguir. Es innegable que la acción del hombre ha dañado la naturaleza, pero no todo lo que ha aportado la civilización ha sido nocivo. Cuando uno lee Emilio, o de la educación, se encuentra con todas y cada una de las ideas que hoy nos venden como si fueran la modernidad absoluta”. Según ella, todo obedece a una ofensiva que promueve el parto con dolor y se opone al uso de la epidural. Este planteamiento de Badinter coincide con los postulados de los grupos prolactantes que, para motivar a la lactancia, dan como primer argumento su condición natural. La leche materna tiene muchas ventajas que podrían exponerse en el acto de su defensa, pero tomar como primer postulado su característica natural, termina legitimando la tesis de algunos colectivos sociales que se oponen a las vacunas por el hecho de ser artificiales. Sucede que las más terribles discriminaciones o violaciones de los derechos del otro, se han cometido en nombre de lo “natural”.  Ese es el mismo argumento de quienes no toleran las orientaciones e identidades sexuales distintas; y quienes desde sus posturas religiosas y morales no aceptan grises entren los sexos masculinos y femeninos. Se es hombre o se es mujer. Los grupos sociales se instalan en esa línea ortodoxa de lo que llaman “natural”, y alzan el dedo para señalar al que se sale de ella.

Se diría que este salto a mirar al otro lado, a reivindicar la naturaleza era necesario en un escenario donde también se ha sacralizado lo artificial, y muchas veces se ha vendido como salida absoluta. Tal vez es válida esta respuesta de volver al origen, pero ¿hasta qué punto este fenómeno de volver está regresándonos a la prevalencia de unos estereotipos y lugares comunes en el ejercicio de ser madre; o hasta qué punto, etiqueta a la mujeres en buenas o malas si no responden con los roles que les están designando desde lo social? En el escenario de la maternidad se está vendiendo la imagen de una mujer sacrificada. Es decir, si no sufres, no eres mujer, o en este caso eres menos madre. No son discutibles los beneficios de la leche materna. Lo que sí es discutible son las imágenes idealizadas de “dar pecho” que se alejan de la realidad de muchas mujeres. Amamantar es para muchas un acto doloroso. Pero resulta que las ligas de leche afirman que todas las mujeres pueden dar de mamar. Cuando una madre escucha esta afirmación absoluta y se enfrenta con las dificultades que pueden generarse en la lactancia, experimenta muchas veces un estado de culpa o de impotencia. La recomendación: hay que seguir. Si tienes los pechos agrietados y sangrantes, hay que seguir. No dar biberón en ningún caso, pues esto es el final de la lactancia. Si ves la boca del bebé inundada de sangre, hay que seguir. Seguir y seguir, será siempre el consejo. Eso solo por poner una de las múltiples escenas que se pueden dar en la intención por alimentar al bebé de la manera natural; esa misma que no se puede refutar. Una “buena madre” no debe ponerse por encima de las necesidades de su hijo. Pero resulta que no sólo es fundamental la sanidad fisiológica de un bebé, también lo es la psicológica: a un niño nunca le hará bien una madre que se siente frustrada, adolorida y afectada mentalmente. La presión social sobre la lactancia está provocando una perversa competencia entre grupos femeninos por ver quién asume más sacrificios en su rol materno. En la medida que se pasen todas las vicisitudes en el proceso de lactancia se es buena madre. Si se da lo opuesto,  que no dio lo suficiente, se dará por sentado que es una perezosa que no quiso lo mejor para su hijo.

Todo lo anterior ha originado unos hechos de intolerancias y de irrespeto sobre las decisiones que han tomado algunas mujeres al respecto: En España se suspendió en el 2015 la presentación de un libro titulado Víctimas de la lactancia materna: ¡Ni dogmatismos ni trincheras! del pediatra José María González, en el cual refuta varios de los postulados que se esbozan alrededor del tema. El pediatra manifestó haber recibido «presiones» por parte de organizaciones prolactancia y de grupos de madres que lo acusaban de promover un destete temprano versus las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y de igual manera, se realizó una fuerte campaña en contra de su publicación en Change.org que logró recoger alrededor de 9.000 firmas. También en España se creó una red de apoyo a familias no lactantes que en noviembre del 2018 emitió un comunicado donde manifestaban el final de la red, ya que la integridad física y psíquica de los miembros se vio amenazada por la actividad desarrollada. Y en julio del 2018 se eliminó un video de Youtube donde un profesional de la nutrición analizaba la composición de diferentes leches de fórmula y daban pautas a los padres para realizar una adecuada elección de estas. En España, como en otros países, la publicidad de la leche artificial destinada a bebés de 0 a 6 meses está prohibida, por lo que se consideró que el vídeo respondía a una promoción de la leche de fórmula. Este hecho llevó a que diversas mujeres, que han optado por la lactancia artificial, manifestaran en las redes haberse sentido violentadas en su derecho a estar informadas. Es casi nulo el material informativo al que pueden acceder las madres que eligen otra alternativa de alimentación para sus hijos.

Se podría decir que la información más próxima es la que traen en la descripción los potes de leche. Este grupo de mujeres ha buscado otras vías para poder responder a las múltiples dudas que se originan en el proceso de la lactancia artificial. Hay en las redes grupos cerrados de familias no lactantes que se ayudan mutuamente y se apoyan entre sí. Aquí comparten vínculos e información que no es fácil hallar en Internet ni en otros espacios. Uno de estos grupos se llama Soy Mamá Biberón, en el cual se pueden leer fuertes experiencias de diferentes mujeres que eligieron la lactancia artificial. Algunas de estas comunidades virtuales cuentan con algunos hombres entres sus miembros. Precisamente, una de las razones que tienen ciertas madres para elegir no amamantar es su deseo de involucrar más al padre y a los familiares cercanos en esta primera etapa del desarrollo de sus hijos. Por ello, para decirlo coloquialmente, son acusadas de “quererla fácil”, de ser vanidosas y egoístas. Y junto a esta expresión se lee y se escucha una más triste: ¡Para qué fueron madres! Las razones por la que una mujer opta por la maternidad son diversas y todas deben ser respetadas. Tampoco tiene que dar explicaciones al respecto.

Existen las mujeres que no quieren dar de mamar porque les aterra o porque simplemente no lo quieren. Hay quienes tienen toda la información sobre el tema y el deseo de alimentar a sus hijos con su propio cuerpo, pero en el camino de la lactancia se ven enfrentadas a unos hechos dolorosos y la abandonan al mes, otras a los dos o tres meses. Estas mismas madres deben lidiar con las preguntas: ¿Por qué no le estás dando pecho?, ¿por qué lo destetaste tan rápido? Pero también hay mujeres que disfrutan amamantar a sus hijos. Algunas de ellas son juzgadas por extender demasiado la lactancia exclusiva cuando siguen dando el pecho a sus bebés después de los seis meses. Todos estos señalamientos se reducen a esa práctica social de juzgar las decisiones de las mujeres en diferentes escenarios, y lo único que consiguen en el caso de la maternidad es fomentar grupos de madres culpabilizadas y aterrorizadas. Sucede que no hay una sola manera de ser mamá. La mujer no es un aparato mecánico que debe responder de la misma forma a una experiencia en particular. Se debe entender que ser madre tiene una multiplicidad de significados. Es un acto que debe mirarse desde muchas esquinas; que está preñado de distintas aristas, subjetividades, particularidades y conflictos. Desde la maternidad se puede cuestionar al mundo. Desde ella, la madre posee también la posibilidad de plantear un discurso que rompa con la categoría de lo bueno y lo malo. Es una de las tantas vías que tiene en la sociedad para pensar su papel como sujeto social. Y desde este punto, la experiencia adquiere diferentes giros que se alejan de las imágenes sacralizadas e idealizadas que nos ofrecen sobre el hecho de ser madres. Homogeneizar el acto de la maternidad, no reconocerles sus múltiples rostros y el sinnúmero de contradicciones que genera en una mujer, es abandonar el cuestionamiento de la existencia humana, tan necesario, tan urgente para sobrevivir.

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