No es lo mismo judaísmo que sionismo

A pesar de su antagonismo conceptual son usados arbitrariamente para hacer pasar una cosa por la otra y así confundir a la opinión pública

Por: Alexander Montero
Agosto 09, 2018
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No es lo mismo judaísmo que sionismo
Foto: Brian Naughton - CC BY 2.0

Es claro que el judaísmo es una religión totalmente respetable y que junto con el cristianismo y el islam conforman la triada de religiones monoteístas del Medio Oriente. La tradición judeocristiana parte de un patriarca común al islam, como es Abraham, comparten todo el antiguo testamento cristiano y se separan ante la interpretación teológica que cada religión tiene de la imagen de Jesús. El judaísmo cuenta originalmente con una base étnica —el pueblo hebreo— que con el tiempo y la diáspora tiende a diluirse, conservando eso sí las tradiciones religiosas.

El sionismo, por otro lado, es una ideología política movida originalmente por europeos judíos, quienes buscaban tener un Estado propio, inicialmente dentro de Europa, aunque posteriormente se aceptaron opciones fuera del continente. Su exponente inicial fue Teodoro Herzl y el libro El Estado Judío, donde se puede ver con claridad que la propuesta de Herzl era de un Estado laico (o sea sin que tuviera que ver con la religión) y con un ejército apolítico (y no al frente del Estado).

Rápidamente, el sionismo encontró sintonía con los intereses geopolíticos de las grandes potencias de inicios del siglo XX y direccionó sus esfuerzos a Palestina, acompañándose de mitos como que Palestina era tierra vacía (cuando resulta evidente que Palestina existía desde el 3.500 a.c y cuando por la época Palestina tenía incluso más instituciones políticas y sociales que muchos Estados Europeos). Con esto y otros mitos, el sionismo logró el apoyo necesario para constituir su Estado en 1947 (sobre otro, en este caso Palestina) iniciando el conflicto palestino israelí y configurándose entonces como una ideología colonial y racista, como lo expresa el intelectual judío Ilán Pappé y como en algún momento lo expuso la ONU.

Es fundamental esta diferenciación para entender que el judaísmo y el sionismo no solo son diferentes, sino que en momentos son opuestos. A la luz de grupos judíos ortodoxos —como el estadounidense Neturei Karta— el retorno a la tierra prometida, las promesas de los textos sagrados y el mismo Mesías, carecen de toda representación terrenal. En otras palabras, Dios no vendrá a la tierra a sentarse en la silla del primer ministro en Tel Aviv. Es más, agrega Neturei Karta, que el sionismo se vale del judaísmo para engañar ingenuos que desconocen las grandes diferencias entre una cosa y otra, y hacen pasar un proyecto colonial, ilegal y racista como algo ligado a la fe, a las promesas bíblicas y a la religión.

A pesar de las amplias diferencias, el sionismo no escatima oportunidad para disfrazarse de judaísmo ya que con esto se gana el apoyo automático de muchos creyentes católicos o cristianos que siguen con firmeza una explicación religiosa —pero errada— del conflicto.

Teniendo claras las diferencias entre judaísmo y sionismo es cuando se puede interpretar lo grave y lo infundado de las acusaciones que hizo en La Fm el embajador de Israel de supuestos “ataques antisemitas” por fotografiarse con una camiseta de un equipo de fútbol bogotano. Los comentarios que fueron presentados como los supuestos “ataques” y que fueron expuestos en su cuenta de Twitter, evidencian críticas contra la orientación política del Estado de Israel en relación con Palestina, las cuales son totalmente justificadas y los colombianos están en toda su libertad y derecho de hacer. En ningún momento se hizo alguna mención a la orientación religiosa del Embajador ni nada por el estilo, y al contrario, el hecho que se hubiera intentado dar un tinte “antisemita” a las críticas políticas, animó a que más personas manifestaran su disgusto y le exigieran separar las cosas.

Ahora es tarea de los medios de comunicación, y de la misma sociedad, entender que judaísmo y sionismo no son lo mismo. Esa comprensión —y evitar cualquier esfuerzo malintencionado para confundir una cosa con otra— es la base del entendimiento objetivo del conflicto, y de paso, es el primer paso de la solución.

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