¡No disparen al periodista!

"Debemos entender que todo el horror y la maldad de la guerra no se conocería si no fuera por el avezado valor de lo periodistas, redactores y reporteros gráficos"

Por: Carlos Julio Martínez Támara
abril 17, 2017
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¡No disparen al periodista!
Foto: Leonoticias.com

La guerra es una mierda y lo peor de todo es que quienes participan en ella creen que hacen lo correcto. Unos dicen que es por liberarse del yugo del imperio, que es por defender la democracia, y en numerosos asuntos expresan que su deidad imaginaria les tiene un lugar en el cielo por su sacrificio. Entre tanto, durante 60 años, en Colombia los grupos guerrilleros han afirmado que escogieron la lucha armada por lograr la igualdad de clases sociales en la que— paradójicamente— los más pobres han puesto la inmensa mayoría de muertos. En todo caso, la humanidad parece condenada a convivir con conflictos armados durante su existencia.

Estar en guerra es conveniente, por el mercado que genera, para que los países fabricantes ofrezcan sus armas o comercialicen sus artefactos explosivos, para que vendan sus aeronaves de combate, para que se beneficien del petróleo que existe en el medio oriente, etcétera.

Entonces, es cuando debemos entender que todo el horror y la maldad de la guerra no se conocería si no fuera por el avezado valor de lo periodistas, redactores y reporteros gráficos, quienes en el presente y en el pasado, arriesgan su vidas para informar al mundo el daño que unos pocos poderosos le hacen a miles de indefensas víctimas, a miles de niños que mueren sin saber por qué los adultos los matan, a miles de ancianos que mueren sin poder correr a buscar un refugio, a miles de mujeres que son violadas y ven como mueren sus hijos y sus maridos a manos de unas bestias que visten un uniforme y portan un fusil hecho y diseñado únicamente para matar.

Y en la generalidad de casos, estos periodistas —excepto los que pertenecen a las grandes agencias internacionales— informan con pagas paupérrimas o en la modalidad de freelance, donde les contribuyen económicamente por notas o por fotos compradas. Es decir, ningún periodista se hace millonario por ir a Siria, como quizás lo hacen nuestros congresistas en Colombia quienes cobran 30 millones de pesos al mes por sentarse en el recinto del Senado a dormir —a lo Gerlein— o hablar y hablar carreta como suele suceder.

Puede que me quede corto en tratar de explicar los horrores de la guerra, pero la conozco bien. En mi país he visto sus estragos, sus masacres, sus entierros masivos y el dolor que produce en todos, pero especialmente en las víctimas. He llorado, y muchas veces he tenido que hacer fotos con mis ojos cubiertos de lagrimas, pero aún así he comprendido que mi deber como periodista es denunciar, denunciar y denunciar los horrores que cometen algunos bárbaros que no merecen llamarse humanos. Así Uribe haya dicho que en Colombia no existe una guerra. No se en cual país vive este cacique.

El papel del periodista es informar, comunicar, denunciar y separar la verdad de la mentira; así como el papel del socorrista— algo para lo cual no estoy capacitado ni entrenado— es salvar vidas. Sin que eso no quiera decir que, llegado el caso, en un momento inesperado ayude a salvar a una o a varias personas o a socorrer a un herido. Creo que siempre haré fotos, o sino ¿para qué arriesgo mi vida? Sería un contrasentido…eso pienso.

Y traigo esto a colación porque el mundo entero, gracias a los periodistas, acaba de conocer unas conmovedoras imágenes en las que se observa al fotógrafo y videógrafo Abd Alkader Habak ayudar a un inocente niño víctima del terrorismo en Alepo. Tengo que decir que él no fue el único y, por fortuna, otros no perdieron la compostura para divulgar al mundo honrado la apocalíptica escena. Mi respeto para estos reporteros que cubren la guerra en Siria. Espero nunca entender cómo pueden unas bestias, por defender sus absurdos ideales, bombardear un convoy de buses repletos de civiles y matar a por lo menos 112 personas.

En Colombia, las agresiones a los periodistas vienen de todos lados. Sus perpetradores desconocen el invaluable papel que cumple en la humanidad el oficio del periodista. Señores policías, principalmente del ESMAD, combatientes al margen de la ley, mafiosos, soldados y autoridades en general, respeten a la prensa:

¡No disparen al periodista!

 

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