Opinión

No a la marihuana recreativa

Regular el consumo de marihuana con fines recreativos “solo” para adultos, es sofisma que ahonda la contradicción, incita a la adicción, deteriora la sociedad

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agosto 27, 2021
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No a la marihuana recreativa
La ONU, ha sido enfática en rechazar la legalización de los estupefacientes, incluyendo el consumo de marihuana con fines recreativos

La Comisión Primera de la Cámara de Representantes acaba de aprobar en el primero de ocho debates faltantes, el proyecto de Ley que regula el uso de marihuana con fines recreativos para adultos. Al tiempo, se mueven masivamente las redes con el hashtag #HoraDeRegular, invitando a dar este paso.

La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes/JIFE de la ONU, ha sido enfática en rechazar la legalización de los estupefacientes, incluyendo el consumo de marihuana con fines recreativos. En sus recientes declaraciones le ha recordado a los 197 países adheridos a la Covención de Viena, que hacerlo viola de manera flagrante las decisiones adoptadas para combatir el flagelo mundial de las drogas.

Colombia avanza desde 2017 en la dirección correcta de regular y promover el cultivo, producción y comercialización del cannabis con fines medicinales, científicos e industriales; de otro lado, los controles y la operación evolucionan con eficacia.  Se han expedido 1.782 licencias para el cultivo de plantas y semillas de marihuana; en 2021 se incrementaron las autorizaciones en un 79 %, y siete grandes compañías lideran con responsabilidad ética y social, esta sensible cadena de producción y comercialización, siempre expuesta, por su naturaleza, a múltiples riesgos.

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Colombia avanza desde 2017 en la dirección correcta de regular y promover el cultivo, producción y comercialización del cannabis con fines medicinales, científicos e industriales

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Amsterdam, Frankfurt, Montevideo y Estocolmo, son casos de estudio obligatorio, antes de avanzar en la aprobación de proyectos de ley, y de impulsar campañas propagandísticas, que afloran súbitamente en época pre electoral, buscando cautivar y manipular votos de consumidores, ingénuos y promotores improvisados de la legalización.

Amsterdam, desde los 80 la ciudad pionera del narcoturismo, destino atractivo de jóvenes europeos, transformó sustancialmente su vida nocturna luego de la legalización del consumo de marihuana. Oleadas de turistas arriban los fines de semana a explorar el distrito rojo y a divertirse sin límites, ni tapujos en los exóticos coffee shops, buscando vuelo a bordo de las yerbas más rankeadas, la AK 47, la Jack Herer, o la Silver Haze.

En medio de este panorama, los holandeses no logran sobreponerse a la contradicción de su política antidrogas, que los mantiene en una compleja encrucijada, a causa de una visión ingénuamente altruista: localizar el problema, separar el mercado de drogas blandas de las duras, aliviar la carga policial y controlar la molestia ciudadana y el crimen derivado del consumo y comercio de drogas ilegales.

Permitir el consumo de un producto cuya comercialización es ilegal, conduce al fracaso, y Holanda es el mejor ejemplo. Otra cosa es el enfoque de salud pública a la adicción, sin legalización del consumo; de lo contrario se crea un incentivo dentro de un interminable círculo vicioso. En las afueras de los coffee shops, se ofrece abiertamente cocaína, heroína y drogas sintéticas; se consume en lugares públicos y  la inseguridad es alta. En 2020 la Asociación de Policías de Holanda NPB, aseguró que la criminalidad ha aumentado y que se ha construido una economía paralela de las drogas que está generando violencia. El sicariato por vendetas de drogas para citar un ejemplo se ha incrementado, “matan por USD 3.600” aseguró el jefe de la Policía de Amsterdam. Europol y el Observatorio de Drogas de la Unión Europea concluyeron en su último informe, que Holanda es el “principal núcleo del narcotráfico” del continente.

Canadá (2018) y Uruguay (2013), son las experiencias de legalización más recientes, regulando la venta y consumo de cannabis con fines recreativos en mayores de edad. En Montevideo 5 gramos de marihuana cuestan 8 dólares y puede adquirirse en las 17 farmacias autorizadas. Luego de 7 años de esta política, el balance es negativo, reafirmado por las mismas autoridades. Han alcanzado picos históricos de incautaciones de marihuana, cocaína y heroína; el homicidio derivado de ajustes de cuentas por narcotráfico, presenta cifras sin precedentes; el consumo aumentó en un 2 %, - en Canadá el 29% -, y cada vez son más sofisticadas las puertas traseras para hacerle el quite a los controles y ampliar el mercado clandestino. Uno de cada tres consumidores acepta adquirir la marihuana en el mercado ilegal y lo hace por el bajo precio, fácil acceso, y/o evitar ser registrado en las planillas de control de las farmacias.

“El Camino de Frankfurt” es la iniciativa que en los años 80, surge como una de las pioneras en instalar las denominadas “salas de inyección supervisadas” para los adictos a la heroína. Berna (Suiza) en 1986 fue la primera. Hoy existen más de 100 salas en varios países europeos y se ha comprobado su utilidad. Son casas especializadas, dotadas con equipos médicos y operadas por profesionales. Los adictos reciben terapias alternativas, dosis de metadona y atención de urgencias en casos de sobredosis. Se salvan algunas vidas, pero son muchas más las que se pierden.

En octubre del 2020, el parlamento alemán hundió el proyecto de Ley para el control del cannabis, casi idéntico al que cursa en el Congreso colombiano. Igual ruta han tomado los suecos, ingleses y franceses, y los países del G7 excepto Canadá. Y la razón poderosa y hasta ahora imbatible, es la falta de evidencia científica que demuestre, que legalizar el consumo, es fórmula efectiva en la solución del problema.

Regular el consumo de marihuana con fines recreativos “solo” para adultos, es sofisma, que ahonda la contradicción, incita a la adicción, deteriora la sociedad, invierte los valores y alimenta las economías paralelas criminales; y el deber con las futuras generaciones, es protegerlos de este mal. El camino está señalado, hay que potenciar y aplicar con mayor firmeza y autoridad, la Convención de Viena, privilegiando la prevención, tratando al adicto con enfoque de salud pública y combatiendo frontal e integralmente toda la cadena de las drogas ilícitas. Y claro, creciendo exponencialmente en el desarrollo industrial, medicinal y científico de las plantas alucinógenas. Esta es la fórmula.

 

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