Nicolle Horbath, una barranquillera que su música tiene volando alto

Su voz vuelve únicas las canciones pero también escribe y compone con tanto talento que ha abierto camino en la escuela de música de Berklee de Boston

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diciembre 04, 2022
Nicolle Horbath, una barranquillera que su música tiene volando alto
Foto: David Lara Ramos

FotoCuando Nicolle Horbath canta el tema Alfonsina y el mar, sus ojos permanecen cerrados la mayor parte del tiempo: «Es que yo la escuchaba desde que estaba en la barriga de mi mamá», dice con tanta firmeza como si el recuerdo proviniera de su memoria y no del relato que un día le contó su madre, Sandra Chaves. Nicolle comenzó a cantar ese tema a los tres años, sin entender su letra, sin comprender la forma poética en que se narra el suicidio de la escritora argentina Alfonsina Storni, compuesta por Ariel Ramírez y Félix Luna, la cual Mercedes Sosa popularizó a partir de 1969 en el álbum Mujeres argentinas.

Edgard Horbath, papá de Nicolle, entonaba canciones de la nueva trova cubana, que Nicolle incorporó a su repertorio infantil: «Él aprendió a tocar la guitarra de forma empírica, me ponía serenata con canciones de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, y todas esas letras se me fueron pegando, imagínate, a los tres, cuatro años, ya cantaba Te doy una canción».

La familia Horbath Chaves escuchó, casi como una banda sonora, la voz de una niña, de cuatro lunares en la cara, pelo ensortijado y risa generosa, que acogió el canto como forma de comunicarse: «Mi mamá tiene varios álbumes con recortes de prensa, registros de mis presentaciones desde que yo tengo cinco años, es una memoria de mi vida, en la que de verdad está todo, es increíble».

De todos los recortes que Sandra Chaves atesora, hay uno del que Nicolle se siente muy orgullosa. Es un comentario del periodista Heriberto Fiorillo, luego de una presentación en el bar La Cueva. Aquella noche, Nicolle cantó Alfonsina y el mar, con uno arreglos para piano que acentuaban las conclusiones melódicas y reforzaban los maticen de su voz.

Cerró los ojos: Por la blanda arena que lame el mar/ su pequeña huella no vuelve más/ un sendero solo de pena y silencio llegó/ hasta el agua profunda/ un sendero solo de penas mudas llegó/ hasta la espuma… Nicolle cerró los ojos. Kevin Barroso, en el piano, fue preciso con nuevos acordes.

El silencio continuó. El claroscuro de la escena fue cortado por una luz azul que cayó sobre el rostro de Nicolle, siguió: Te vas, Alfonsina, con tu soledad/ ¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?/ Una voz antigua de viento y de sal/ te requiebra el alma y la está llevando/ y te vas hacia allá, como en sueños/ dormida, Alfonsina, vestida de mar. El público aplaudió, el pianista hizo las transiciones precisas. La placidez envolvió al auditorio. Nicolle, plena, serena, generosa. Terminó.

A la mañana siguiente, en El Heraldo, Heriberto Fiorillo publicó la columna titulada Notas musicales, se leía: «En la noche del miércoles viví como público una de las más gratas y emocionantes experiencias musicales de mi vida cuando Nicolle Horbath interpretó en La Cueva, Alfonsina y el mar.  […] han sido numerosos los intérpretes que ha tenido este poema cantado, pero ninguno ha alcanzado, en mi opinión, la apropiación sentimental que Nicolle hace del mismo. […] En momentos así, el poema y la que canta son uno, los dos una sola poesía, y no fui yo el único que aplaudió de pie hasta las lágrimas».

«Fue el nacimiento de una amistad con Fiorillo —recuerda Nicolle— lo que me impresiona aún es haber impactado a todo un señor de la cultura de Colombia».

Lo que Nicolle ha ganado con su canto ha sido fruto de su empeño, de su autoexigencia, de una esperanza llena de confianza, que ella parece vislumbrar sin asomo de bruma. Si bien dice que no tiene más que su música y su canto, ha sido suficiente para avanzar. Un paso después del otro, lo ha hecho parecer sencillo.

«Yo voy a estudiar música»

Nicolle Horbath se graduó a los 15 años en el colegio Sagrado Corazón de
Barranquilla. Meses antes de recibir su título, su padre le preguntó por su futuro: «Él es ingeniero de sistemas, me dijo: estudia ingeniería, estaba muy preocupado, para mí solo estaba la música, la única opción era seguirla estudiando. Le dije: no te preocupes, voy a estudiar música en la escuela que yo quiera y no vas a pagar nada».

En octubre de 2012, se anunció en la prensa la apertura del pregrado en Canto, jazz y música popular en la Universidad del Norte. «Le dije a mi papá que iba a audicionar, de inmediato me puse a trabajar».

La cercanía de Nicolle con el jazz, el blues, el rock provienen también del repertorio que su padre ofrecía. Ella Fitzgeral, Ray Charles y canciones en inglés de los años ochenta. «Escogí para la audición All my Loving, de Los Beatles, con arreglos de jazz. Feeling good, de Nina Simone y There will never be another you, en versión del pianista colombiano Óscar Acevedo. Me preparé sola, repitiendo y repitiendo cada versión…, me gané una beca completa». Lo dice con una carcajada que evoca la emoción de aquellos días.

De su paso por la Universidad del Norte, Nicolle recuerda su relación con la profesora Juanita Delgado, a quién conoció en el Factor X. «Eso fue cuando yo tenía como ocho años, ella me reconoció. Ha sido una gran mentora, porque conoce de jazz, canto lírico, historia de la música …. Es tan exigente como una buena mamá, te corrige, eso es lo que te forma y es lo que uno espera vivir en la universidad».

Sueña con Berklee

Nicolle Horbath recibió su título en Canto, jazz y música popular en 2017. Ese mismo año compuso Sueña, tema de matices diversos, balada romántica, percusión tradicional, brotes de cumbia, bullerengue con estampa festiva y fraseos vocales exigentes. Considera que Sueña cerró su ciclo en Barranquilla y abrió otro en la mítica escuela de Berklee, luego de ganar la beca Prodigio de la Fundación Latin Grammy. «Había que aplicar con dos covers y un tema original, además un texto sobre qué podría aportarle a la música latina y explicar por qué Juan Luis Guerra era mi artista latino favorito. Pasados 20 días, de la Fundación Latin Grammy me dijeron que era finalista y que me harían una entrevista para tomar la decisión final. Llegaron a mi casa, yo nerviosa, cámaras, luces. Como a las 11 de la mañana me dijeron que un miembro de la academia estaba atrasado, dieron las doce y media, el calor era tremendo, que traigan un abanico, no sabía qué hacer, de pronto un tipo abre un computador y aparece Carlos Vives en línea diciendo que están muy contentos con mi trabajo… luego de agradecerle, dice: ‘¡eres la ganadora de la beca!’. Fue muy emocionante».

Nicolle llegó a Boston en septiembre de 2018. Fue un momento de ajustes en su vida que le enseñó a valorar su tierra: «El ambiente en Berklee es muy dual, goza uno mucho, pero a veces se torna pesado porque hay demasiados egos juntos. Había terminado mi pregrado, había estudiado el lenguaje de jazz, pero en medio de ese ambiente, en el primer invierno, comencé a tener pensamientos que me afectaron».

El sol se ocultaba a las tres de la tarde. Las noches largas sumieron a Nicolle en momentos perturbadores: «Aquí, en Barranquilla, cantaba blues, jazz, rock, baladas en inglés, pero cuando llegué allá y escuché a esas mujeres afros, esa potencia, esa cultura, ese orgullo afro de voces únicas, pensé que yo no cantaba nada y me dije: tú no puedes cantar así, no cantas nada. Pasaba encerrada en mi habitación, tirada en la cama… y me decía ‘tú no eres nadie’. Estuve mucho tiempo, sin salir, sin querer ver a nadie …, comencé a tener miedos y pensé que no iría a ningún lado…»

En el lugar de los puntos suspensivos, Nicolle pronunció la palabra deprimida. Luego de rumiar pensamientos y reducir tensiones, otras ideas llegaron a su mente. Se levantó de la cama. «El problema está cuando comienzas a compararte con otros sin revisar tu proceso, tuve claro que no podía hacer lo que ellas hacen, pero ellas tampoco podían hacer lo que yo hago. Ellas no podían cantar un bullerengue, una cumbia ni escribir ni cantar en español. Me dije: tienes que enfocarte en lo que eres, en lo que sabes. Tienes que ser tú. Solté mis miedos, mis egos, ese es un gran problema, preguntarte por qué no eres aquella. Tienes que ser tú. Fue liberador, empezó a irme mejor, comencé a componer, a escribir más en mi idioma, pensar en las cantadoras, la tradición, en lo mío. Fue como si hubiera salido el sol».

 

Composición y jazz

Nicolle Horbath recibió su grado en Berklee el 18 de mayo de 2022, un mes antes, casi como un ritual de cierre, publicó el video de Sueña, un clip animado en el que una niña explora una playa con la fuerza de sus sentidos. Eso fue lo que hizo Nicolle en Berklee agudizar sus sentidos para cantar y contar la realidad cercana. Así llegaron más canciones que exploran lenguajes del jazz. «Me descubrí compositora, escritora, viendo escenas en las calles que luego convertía en versos. Mi vida mi corazón es una canción que tiene origen en New York, vi la escena de un papá y una niña, en el vagón del metro. El papá venía del trabajo, se veía muy cansado, la niña lo animaba con su sonrisa, me puse a escribir sobre el amor de un papá hacia su hija». El tema puede escucharse en la producción audiovisual Two Track, realizada por la Universidad de Berklee, en el que, además, Nicolle canta A primera vista, del compositor brasileño, Chico Cesar.

La originalidad de sus composiciones está dada por la manera como mezcla elementos del jazz, matices de la música de los 80, con propuestas modernas, siempre con la idea de mantener líricas que cuenten una historia, siente que lo más hermoso de una composición es la historia que se narra y que la gente pueda identificarse con ella. «Por ejemplo, otra de mis composiciones es Te llevo conmigo, un tema que nació como un vallenato con toques de modernidad. Se lo compuse a mi hermano, es sobre el amor familiar ». La letra impone un estilo epistolar en el que la nostalgia refleja una correspondencia familiar en espera del nuevo encuentro.

Nicolle sigue haciendo planes, publicó un nuevo sencillo en noviembre de 2022 y trabaja en su primer álbum.

La vida de Nicolle Horbath se ha ido armando como los recortes de prensa de las presentaciones que su mamá colecciona desde hace 20 años. La semana pasada le pregunté a Sandra, mamá de Nicolle, cuántos álbumes empastados tenía. «Es que no son álbumes, son un montón de hojas sueltas, dijo. En cada una de ellas hay un recorte, una foto, una historia, pero no están encuadernadas, porque estoy segura de que aún faltan muchas más, ese es el trabajo más importante que tengo».

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