Opinión

Ni tanto que queme al santo…

Un concierto de Ajazzgo que culmina a tempranas horas no deteriora el espacio; sí resulta vergonzoso el comportamiento de habitantes de San Antonio con los artistas

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septiembre 21, 2022
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Ni tanto que queme al santo…
Si los pájaros han sobrevivido a los carros, sobrevivirán a un concierto. Foto: Facebook

El Festival Ajazzgo invitó a un grupo de jóvenes de la comuna 21 de Cali vinculados a la Escuela de Música Desepaz a participar en el laboratorio de creación y experimentación que organizan en el marco de este importante festival.

Estos chicos viven en los barrios cercanos a la escuela de música en esta comuna del oriente de la ciudad. Se trata de una zona habitada por población en condición de vulnerabilidad, donde además deben convivir con una dosis alta de violencia. Son jóvenes talentosísimos y creativos que han encontrado en la música una opción para sus vidas y quienes además cuentan con una formación musical excepcional. Así quedó evidenciado en el trabajo que realizaron en el marco de este proyecto.

Cargados de ilusión y bajo la dirección de uno de sus egresados el maestro José David Carvajal estaban preparados para dar inicio a su presentación después de tres meses largos de trabajo. El lugar escogido no pudo ser mejor. La parte superior del restaurado parque del acueducto contiguo a uno de los barrios más emblemáticos de Cali, San Antonio. Los organizadores del evento montaron un escenario excepcional y el concierto iniciaba a las 6 p. m. con la presentación de la Escuela y posteriormente se programó al grupo de Ana María Oramas y su quinteto, artistas bogotanos, previstos para terminar a las 8 y 30 de la noche

Cuál no sería la sorpresa cuando fueron recibidos por un grupo de aproximadamente doce personas de la comunidad del barrio y posiblemente integrantes de su junta de acción comunal, o simplemente vecinos, quienes de manera agresiva portaban carteles donde se leía: “A San Antonio patrimonial se le respeta” “Respeto al sueño y al descanso de los residentes”, vociferando e incluso gritando, tratando de sabotear el concierto.   Además, increparon a los organizadores de Ajazzgo de forma poco cordial, y su meta era no permitir la realización del mismo como si de autoridad policiva se tratara. Incluso antes de dar inicio al concierto uno de sus representantes, tal vez el único educado, expresó desde la tarima principal su descontento.

Qué bueno que San Antonio cuente con una organización de vecinos que quiera preservar y defender el barrio y que estén organizados. Sin embargo, el parque no es propiedad privada de sus residentes, muchos somos ciudadanos de esta urbe y tenemos el derecho de opinar sobre diversos asuntos; no tenemos habitantes de primera categoría en Cali con más derechos que otros para expresar una posición, y los fundamentalismos no conducen a nada positivo.

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Curioso que un parque insertado a muy pocos metros de una de las vías más congestionadas, la circunvalar, se pueda declarar como contemplativo. Esa sí es una verdadera contradicción

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Estos vecinos dicen que están protegidos por un fallo judicial que declara que el parque exclusivamente permite un uso contemplativo y que, además, un concierto altera la vida de la fauna del lugar. Curioso que un parque insertado en el corazón de la ciudad y a muy pocos metros de una de las vías más congestionadas, la circunvalar, donde los trancones son insoportables y rodeado por el ruido de los carros, motos y sus pitos, se pueda declarar como contemplativo. Esa sí es una verdadera contradicción.

Muchos espacios al aire libre en el mundo se destinan en algunas oportunidades para realizar conciertos. Tal vez las zonas verdes más bellas y más protegidas están ubicadas en Londres. En Hyde Park son famosos los conciertos de verano, al igual que en Central Park en Nueva York. En ellos la asistencia es verdaderamente masiva y los equipos de sonido a volúmenes considerables.

Los espacios públicos y los parques le pertenecen a toda la ciudadanía y están también para el disfrute de los seres humanos en sana convivencia con la fauna y la naturaleza, no para que sean unos cuantos vecinos los únicos con el derecho a decidir qué es lo que ahí sucede. Si los pájaros han sobrevivido a los carros, sobrevivirán a un concierto. Más sufren con la pólvora en navidad. No se trata de hacer de ese espacio un lugar de rumba nocturna, pero un concierto de jazz que culmina a tempranas horas no deteriora el espacio; en cambio, sí resulta vergonzoso el comportamiento de ese grupo de habitantes de San Antonio con los artistas, los organizadores y con quienes asistimos en calidad de público. Por el contrario, las actividades culturales de calidad, como ésta, lo enaltecen. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

 

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