Muchas son las razones para una transformación política en Colombia

"Falta camino por recorrer, pero hay que aprovecharlo para madurar, efectuar el cambio y honrar la vida"

Por: Antonio Segundo Vargas Mendoza
junio 24, 2020
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Muchas son las razones para una transformación política en Colombia

En Colombia, la peste develó la precariedad de dos pilares fundamentales de una sociedad que se denomina democrática: salud y educación (ambas disputan el pódium de cuál es más miserable). También mostró hasta la saciedad que el gobierno actual y su coalición simbolizan una lógica de poder violenta y atenida, que nunca debió llegar a dirigir un país, sobre todo en un momento crucial de la historia. Ellos vienen demostrando que lo que menos les importa es la vida de la ciudadanía, además, lamentablemente carecen de una figura que marque la diferencia, más cuando se conoció que el presidente presuntamente se hizo elegir con la ayuda de dineros sucios... a eso hay que sumarle el disfraz de moderado del heterónomo Iván Duque y la ya perecedera fama del cada vez más agotado y abatido Álvaro Uribe.

Lo anterior refleja un país en el que cada semana presenciamos infamias de toda índole. Una las últimas tiene que ver con el día sin IVA, que, en aras de buscar dizque una reactivación económica, nos dejó las imágenes más tristes del país que somos: una mezcla de plutocracia e ignorancia. Tristemente, las personas mordieron el anzuelo que se les lanzó desde el gobierno y el sector financiero del pague tres y lleve cinco, y salieron en tumultos (como borregos al matadero) a comprar cosas que quizás no son esenciales en la vida, conduciéndonos esto a vivir un tiempo torturante y vergonzoso hoy en Colombia. Con eso en mente, nos surge la pregunta: ¿qué hacer?

Pues bien, lo mejor que podemos hacer como sociedad es siempre buscar nuestros propios errores y aprender de ellos, además de hacer una autocritica para poder cambiar, eso sí con la condición de mejorar, nunca es tarde. Para eso retomaré al filósofo y profesor austriaco Karl Popper, quien, refiriéndose a Alemania y al gran error que fue su participación y derrota en la primera y segunda guerra mundial, señaló que el país se vio envuelto en una encrucijada histórica y tuvo que decidir entre dos visiones. La primera, la paz y el intento de establecer la armonía social en un territorio (Immanuel Kant, La paz perpetua). La segunda, la lógica de la guerra, como una exigencia de la razón política y de la cultura (Friedrich Hegel). Alemania prefirió la segunda opción y se equivocó rotundamente, siendo la muerte, la ruina y la humillación el paisaje después de la guerra. Esta última lógica es la misma que viene eligiendo Colombia, pero para acabarnos entre nosotros mismos, arrastrándonos a lo que somos: plutócratas e ignorantes.

No obstante, el poeta Chileno Pablo Neruda nos alienta diciendo en uno de sus versos que “el hombre modifica lo que existe y si lleva al combate la pureza se abre en su honor la primavera insigne”. Con esas palabras simboliza que podemos transformar la historia y proporcionarle una meta a Colombia… y qué mejor que analizar bien el tránsito histórico en el que estamos colocados y prepararnos bien para forjar el cambio político que requiere la nación, dado que al gobierno y su coalición nos muestran un triste panorama a nivel nacional.

De ahí que se note un uribismo que pierde notoriedad, aunque no renuncie a la demagogia; un Partido Liberal en el que manda el impúdico neoliberal de Cesar Gaviria; un Partido Conservador que representa la perversión y el voltiarepismo político; un Cambio Radical que manda German Vargas Lleras, vocero de bancos y representante de la política del coscorrón; y un Partido de la U variopinto, aliado al gobierno con excepción de un par de congresistas. Esta es la coalición de régimen.

Por su parte, las fuerzas progresistas (hoy opositoras con un sector importante) colocaron ocho millones de votos en la pasada contienda electoral hacia la presidencia, lo cual es un hito histórico en Colombia, logrando una buena comunicación con la ciudadanía de a pie y pensando en cambios políticos que desde ya hay que ir canalizando. El ciudadano hastiado de tanta ignominia busca la transformación y ello dependerá de si en la oposición los dirigentes progresistas están a la altura del momento histórico y de si la ciudadanía robustece su coherencia política.

Dicho lo anterior, hay condiciones para el cambio político en el congreso y la presidencia, pensando en un futuro cercano. En consecuencia, hay que aprovechar el tiempo para comprender y analizar mejor (nada de fanatismo y violencia) lo que ocurre hoy en el país y entender que para sacar las mafias políticas del poder hay que empezar por el Congreso de la República. Ahí hay que ser congruentes como ciudadanos, es decir no se puede seguir votando por el congresista pícaro del partido que fuere apoyado por el politiquero de barrio y luego votar a la presidencia por el candidato progresista, como ocurrió en las pasadas elecciones de 2018.

Por último, Colombia necesita un presidente capaz de respetar y ejecutar un acuerdo o programa de gobierno en favor de la ciudadanía y no un presidente ambiguo que llegue a tapar las fechorías de la elite financiera y latifundista. Ojalá en ese programa de gobierno estén las ideas del liberalismo clásico y progresista (no neoliberalismo), las ideas avanzadas del conservadurismo y los postulados que realmente saquen a Colombia de la caverna política donde se encuentra. Falta camino por recorrer, pero hay que aprovecharlo para madurar políticamente, efectuar el cambio y honrar la vida.

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