'Monos', el recordatorio de que la guerra es una pesadilla de la que hay que despertar

Una mirada a la más reciente película de Alejandro Landes, la cual representará a Colombia en los Oscar y en los Goya

Por: John Jairo León Muñoz
septiembre 02, 2019
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'Monos', el recordatorio de que la guerra es una pesadilla de la que hay que despertar

El Lobo, El Perro, Rambo y La Sueca son personajes de Monos, la película de Alejandro Landes. No se llaman por su nombre de pila, así se acostumbra en la milicia colombiana. Como en Monos, Colombia tiene y ha tenido a Guacho, Fritanga, Sangre Negra, Mono Jojoy, Tirofijo, El paisa y muchos otros. Tener un alias y no ser reconocido por su nombre nos evidencia una manera de denominar al que existe como un peligro social al que hay que perseguir hasta encerrar y matar y, después, mostrar ese rostro abatido o encarcelado y hacerlo en una gran noticia en los medios de comunicación. Un alias es decirle al joven guerrillero y el que alguna vez fue campesino y que se fue desencantado del campo a la guerra, a pelear por posibilidades dignas de vida, esas que el estado nunca le dio; es decirle que no es el campesino sin tierra, sino que es el terrorista; es decirle que no es la falta de garantías y de compromisos políticos para vivir del campo, sino que es un secuestrador y aliado del narcotráfico. Un alias es el significado que esconde todo lo que el estado no ha hecho para transformar sociedades que centren su atención en el bienestar humano.

Monos logra rápidamente un diálogo atento con el espectador —un tilt up donde aparecen los jóvenes y detrás de ellos las nubes que quieren pintar de niebla la selva—, la conversación se vuelve amena, fluida, se carga de tensión y de sentido. Una fotografía impecable, viajes por paisajes tupidos, abundantes en ríos que invitan a zambullirse en ellos: caudalosos, furiosos, vibrantes. Montañas que son testigo de cómo un país como Colombia mata las luciérnagas, que son los jóvenes, y son los que deberían guiar un progreso cuando hay oscuridad, con su luz, con sus ganas de tomarse el mundo. Actuaciones memorables que le imprimen realismo a esa subversión.

Monos es esa charla reflexiva con Colombia que nos deja en el aire preguntas: ¿qué estamos haciendo con los jóvenes para que integren grupos al margen de la ley?, ¿hasta cuándo soportamos vivir en un país que no mira a todos de una manera comprometida?, ¿Colombia es masoquista?, ¿prefiere ser el país de los azotes, el mal trato y el regreso a épocas de violencia?, ¿le gusta vivir de la zozobra, esperando que los carros bomba instalen el miedo en la cotidianidad?, ¿cómo permite que los jóvenes encuentren el fusil y amedranten y maten su tiempo, ese que tienen para encontrar qué es lo que les gusta crear? Preguntas sobre la guerra que llevan más de 60 años. La guerra es una pesadilla de la que hay que despertar y, es al final de la misma película donde se logra hacer énfasis en una reflexión sobre esa pesadilla: la niñez huérfana, la juventud desamparada, la muerte de todo aquel que diga y piense lo contrario. El nacimiento de los totalitarismos nos desangra como especie y las preguntas entonces quedan en el aire: ¿cuál es la revolución que sigue?, ¿cuáles son las luchas y las formas de resistencia que hay que comenzar?

Un grupo de jóvenes se encuentra en la selva, cuidan de una extranjera a la que tienen secuestrada. Allí descubren sus miedos, la soledad y el demonio que puede llegar a ser el ser humano. Se cuestionan el aparente orden del mundo y construyen otro con otras normas, otros ideales, igual de terribles y mezquinos como la realidad actual colombiana, pues la vida del otro no es importante, importa el imaginario de una posible nación por la que pelean y desean algún día alcanzar y mientras eso llega: matan, torturan, violan. Pueden ser un frente del ELN o las Farc, o puede ser Ejército colombiano o un grupo paramilitar. Todas estas formas de lucha en Colombia actúan con sangre a borbotones en la mente y con mierda en el cerebro. Este grupo de jóvenes recibe de vez en cuando la visita de un jefe militar quien los entrena y los prepara para seguir peleando y luchando por una causa. Una vez llega con una vaca y esta desencadena el primer giro dramático de la película.

Monos es la película que representará a Colombia en los Oscar y en los premios Goya, elegida por la Academia Colombiana de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. Una película para mirarla con atención, para interpretar esta nación que somos, para ponernos en alerta frente a los que quieren que los jóvenes sigan inventando futuro con las armas. Una película para hablar sobre el conflicto y no olvidar todo lo que nos ha hecho. El paisaje de la guerra sobre los campos de flores, nos acostumbramos a él. Sin darnos cuenta seguimos aceptando que los soldados caminen sobre los ríos y las balas iluminen la noche, así mismo como sucede en el comienzo de la novela Adiós a las armas de Hemingway: “En el lecho del río había pedrezuelas y guijarros, blancos bajo el sol, y el agua era blanca y fluía, rápida y azul, por la corriente. Las tropas pasaban por delante de la casa y se alejaban por el camino, y el polvo que levantaban cubría las hojas de los árboles. Los troncos también estaban polvorientos y, aquel año en que las hojas habían caído tempranamente, veíamos como las tropas pasaban por el camino, el polvo que levantaban; la caída de las hojas, arrancadas por el viento; los soldados que pasaban, y de nuevo, bajo las hojas, el camino solitario y blanco”. Y si es así, hay que revisarnos como sociedad, pues nuestra psiquis está enferma, muy enferma.

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