Mitos y verdades sobre los fondos privados de pensiones

A partir de la propuesta de Petro sobre las pensiones, se ha desatado una polémica. Algunos mitos en los que se basa la economía para justificar a los privados

Por: Fernando García Ortega
marzo 18, 2022
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Mitos y verdades sobre los fondos privados de pensiones
Foto: Pxhere

Los fondos privados de pensiones (FPP) se enriquecen insaciablemente. Sus pensiones son indignas, no cubren las necesidades de la población mayor, al contrario de los regímenes de prima media. Y sus bondades son mitos creados, entre otros, por Ludwig Von Mises, Friedrich Hayek y Milton Friedman, que cuestionaban el sistema de prima media y aplauden la privatización de todo, incluido el sistema pensional.

La insolvencia financiera, la falta de transparencia, el impacto negativo sobre las finanzas públicas e inequidad del sistema público, argumentos recurrentes por la privatización, giraban en torno a fortalecer el mercado, dinamizar la inversión, ampliar la relación salarial y el incremento de la cobertura de afiliación en pensiones.

César Gaviria y colaboradores repitieron como loras el discurso de Ulpiano Ayala, chileno que destacaba las virtudes del sistema instaurado por Pinochet, que solo lo aceptó porque se exceptuaron las fuerzas armadas de tamaño despojo (“se allana aprobación expedita del proyecto por la Junta de Gobierno” ) y decían entonces que “en el modelo de reparto las pensiones eran miserables mientras con FPP incrementarían significativamente”. Se sabía que si lo hubiesen mantenido, las pensiones serían el doble de las liquidadas por FPP (Matus, 2017). Aun así, privatizamos en Colombia basados en mitos más que demostrados:

MITO 1. Que los fondos privados aumentan el ahorro nacional, el crecimiento económico y generan más rentabilidad 

1-Sucede que el ahorro pensional se sustituye con el ahorro corriente y el Estado recurre al crédito público para financiar las cotizaciones. Así, el ahorro nacional se mantendría constante, no aumenta la inversión ni hay crecimiento económico. 2- Los altos costos administrativos disminuyen rentabilidad de lo ahorrado en FPP; de una cotización del 16 %, a la cuenta del afiliado ingresa el 11,5 %, es decir, solo el 71 % del aporte. A esto súmese la alta volatilidad y la globalización financiera que afectan sensiblemente la rentabilidad de las cuentas individuales.

MITO 2. Que los estímulos en el mercado laboral son mejores en FPP y dan más incentivos para el retiro anticipado

Falso como una moneda de cuero. La precariedad del empleo y el trabajo informal inducen a la gente a no cotizar a la seguridad social. Lo fundamental es el aumento del trabajo decente, que el empleador asuma responsabilidades con su empleado, que crezcan las cotizaciones (es “posible acentuar incentivos del mercado laboral que reducen el bienestar social” (Orzag & Stiglitz, 1999)

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señalaba que en un sistema de reparto “la existencia de prestaciones de seguro social puede inducir a integrar la fuerza de trabajo formal a fin de adquirir derechos a futuros beneficios, y las salvaguardias inherentes a tales regímenes pueden alentar a elegir carreras de mayor riesgo” (Beattie y Mcgillivray, 1995, p. 9).

Los rendimientos en regímenes de cotización definida son más sensibles a los cambios en los valores paramétricos, en comparación con regímenes de prestación definidas; la disminución de la rentabilidad afecta la masa de ahorros y, en consecuencia, la tasa de reemplazo.

MITO 3. Que la corrupción pública hace ineficaz cualquier manejo 

Es difícil conocer la razón por la cual un gobierno ineficiente y corrupto administrando el sistema público de prestaciones se torna eficiente y honesto al regular uno privado. OIT y la Asociación Internacional de Seguridad Social sostienen que las cotizaciones definidas generan prestaciones inseguras, pues los aportantes asumen los riesgos de las inversiones y los beneficios futuros no han sido especificados en parte alguna, pues la rentabilidad es la determinante en el monto de la pensión y sobre ella no se tiene certeza.

Orzag y Stiglitz (1999): “Los Regímenes de Prima Media asignan riesgo acumulado al gobierno, al estado, mientras en los FPP el riesgo es para el trabajador”.

Singh A. (1996): El plan de pensiones del gusto del Banco Mundial no solo adolece de fallas en cuanto a política social, dista mucho de aumentar el crecimiento económico.

Aglietta, Ould-Ahmed y Ponsot (2016): la economía y “la teoría de la eficiencia fuerte no son más que dogmas. […] Ella se mantiene y se consolida por el monopolio de las instituciones académicas sobre programas de investigación ‘aceptables’.

Estos gobiernos nuestros de los últimos 30 años han propuesto marchitar el sistema de prima media (anif-Sergio Clavijo y Mauricio Santamaría, BID); aumento de edad e incremento de los años de cotización (Stefano Farné); igualar edad de pensión, elevar cotización; ingreso promedio de toda la vida laboral, o de los últimos 20 años, para calcular la pensión; bajar el tope máximo del nivel pensional, hasta reducir la pensión de sobrevivencia al 75 %. Sólo les ha faltado obligar al suicidio obligatorio desde los 70 años.

Fedesarrollo, en marzo de 2021 propuso suprimir el rpm por un sistema de pilares contributivo y flexible en “donde empresas y trabajadores pueden hacer negociaciones colectivas para un programa de ahorro para la vejez, abriendo la competencia hacia múltiples mecanismos de ahorro ofrecidos por AFP u otros intermediarios financieros regulados”. Y extender el IVA gradual: 2 % en 2022, 5 % en 2023 y 8 % en adelante a bienes y servicios hoy exentos, excluidos, o gravados al 5 %.

En años recientes, Asofondos, ocde, anif, Fedesarrollo y el Ministerio de Hacienda sueñan reducir el smmlv por ser muy elevado.Tal vez esta es la razón principal que indujo al Gobierno a presentar el Decreto 1174 de 2020 para que puedan cotizar a pensión los que ganan menos de un salario mínimo. Y fortalecerán y ampliarán el mecanismo beps de Colpensiones, desconociendo el mandato de universalizar el aseguramiento, para bajar el SM en la vejez.

Al 31 de diciembre del 2020 eran 1.480.630 personas vinculadas a este programa, de ellas el 24 % en sector rural y 67 % mujeres; sin embargo, los ahorradores eran 666.690, es decir, el 45 %, con un promedio anual del ahorro de $160.921. Las anualidades vitalicias otorgadas hasta esa fecha llegaron a 31.358 ciudadanos, incluidos los 7.535 vinculados del sector rural, con un valor mensual promedio de $141.573, suma inferior a la del ingreso necesario para que una persona se considere pobre ($272.000) y cercana a la de extrema pobreza ($125.000). El programa inició operaciones en 2015, instrumento financiero regulado por el Decreto 0604 del 2013, dirigido a población con puntaje 1, 2 y 3 de Sisben y afiliados al régimen subsidiado en salud. Junto al ahorro de los afiliados el Estado da un subsidio del 20% del aporte y no se liquida sobre rendimientos acumulados.

Por el covid-19, el Gobierno estipuló que el 73 % de quienes reciben rentas vitalicias tuvieran acceso al programa Colombia Mayor; al cierre del 2020 Colpensiones tenía 17.000 personas, cuya renta vitalicia mensual ascendió a $156.321. Así no dan pensión y el mínimo vital es de miseria.

El 80% de los recursos están en dos fondos y son destinados considerablemente a sus empresas asociadas; no hay regulación exclusiva para FPP, la integración vertical, altos costos administrativos, baja tasa de reemplazo (relación entre la primera mesada pensional y el último salario, que según el bid es 30 % ) y la discreta rentabilidad son innegables. Sorprendentemente, la Superintendencia Financiera, encargada de vigilar estos mercaderes, no informa del rendimiento real que obtienen las cuentas individuales, ni el rendimiento por año, sino el acumulado desde el comienzo del sistema y de los últimos tres, cuatro o cinco años. Ocultan la volatilidad de los rendimientos.

La rentabilidad real anualizada desde que se crearon los FPP a diciembre de 2017 fue solo 3,88 %, con clara tendencia descendente desde 2010, y seguramente estaremos a la baja cuando muestren -o maquillen más bien- sus resultados en fines de pandemia.

Eduardo Lora, propulsor de la reforma pensional de 1993 llega a la siguiente conclusión: “A ningún trabajador le convendría afiliarse voluntariamente a un FPP, sus rendimientos no son atractivos y la probabilidad de conseguir un subsidio a través del Fondo de Garantía de Pensión Mínima (gpm) es bastante baja. Y puesto que la afiliación al sistema de pensiones es obligatoria, todo trabajador estable debería preferir afiliarse a Colpensiones, ya que sus tasas de reemplazo superan las que pueden ofrecer los FPP”

Montenegro vocal de ASOFONDOS y el inminente ex sub presidente Duque insisten en dejar esa teta gigantesca del sistema pensional (de la cual hablaba 9KALMANOVITZ ayer) a los FPP, a lo cual se opone Petro con razón total en el debate del 14 de marzo, les explicó con bolitas de plastilina a sus contendores y ninguno entendió, no quieren o no pueden hacerlo.

 

 

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