Ministra Parody ¡por favor, una Semana Santa sin tareas!

Está demostrado que presionar a los niños con deberes les sirve a los papás pero a ellos les quita creatividad y el gusto por estar con los amigos

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Marzo 14, 2016
Ministra Parody ¡por favor, una Semana Santa sin tareas!

Para la mayoría de los estudiantes colombianos la Semana Santa se convierte en una verdadera semana de pasión, semejante o peor a la padecida por Cristo en la cruz.  Al regresa el lunes de pascua deberán entregar un sinnúmero de tareas inútiles que sus maestros consideran importantes para su formación y para pasar el año.

Los usos y abusos de las tareas escolares ha sido motivo de agudas polémicas entre pedagogos y maestros. El pedagogo  italiano, Francesco Tonucci es categórico  al afirmar que “los  deberes o las tareas  son una equivocación pedagógica y un abuso. Nunca consiguen el resultado que la escuela presume. Deberían ser una ayuda para los más débiles pero estos no son tan capaces de acometerlos, y además en casa a menudo no encuentran ayuda, pues pertenecen a familias de bajo nivel social y cultural. Así, quienes más aprovechan los deberes son los que menos los necesitan: aquellos que tienen familias que les pueden ayudar.” Para Tonucci  las tareas deberían realizarse en el tiempo escolar no en la casa.

El investigador  norteamericano Alfie Kohn, en su  libro El Mito de los Deberes: ¿Por qué son perjudiciales para el aprendizaje y la convivencia?, afirma: “Tras pasarse la mayor parte del día en la escuela, a los niños se les mandan —por norma general— tareas adicionales para realizar en casa. Merece la pena preguntarse no solo si existen buenas razones para apoyar la práctica casi universal de mandar deberes para casa, sino también la razón por la que esta práctica tan a menudo se considera como algo natural —incluso por un considerable número de familias y de profesorado a quienes les preocupa su repercusión en la vida de los niños—.

“Creo que el efecto más perturbador es que la falta de interés de los niños por las tareas los lleve a adoptar una actitud negativa hacia el colegio y el aprendizaje en general. Diría que las tareas son el principal y mayor extinguidor de la curiosidad infantil. Queremos niños completos, que se desarrollen social, física y artísticamente, y que tengan también tiempo para relajarse y ser niños”

“Las extendidas creencias sobre los beneficios de los deberes —mayor rendimiento académico y promoción de valores como la autodisciplina y la responsabilidad— no vienen corroboradas por la evidencia científica disponible. Los datos en que se apoyan dichas creencias son débiles o inexistentes, dependiendo del componente específico que se esté investigando y de la edad de los estudiantes. Pero, de nuevo, esto rara vez ha provocado una discusión seria sobre la necesidad de los deberes, ni ha calmado las exigencias de que se manden todavía más.

Añade que las tareas se han convertido en una carga para las familias, un estrés para los niños, un conflicto familiar, significan menos tiempo para otras actividades y suscitan menos interés por el aprendizaje.

Las tareas no son solo una pesada e indeseada carga para los estudiantes, lo son también para padres y madres de familia. Muchos de ellos son víctimas  de su propio invento, pues consideran  que la cantidad de tareas que impongan a sus hijos son una muestra fehaciente de la calidad, seriedad y bondades del colegio. Para muchos hay que sospechar del colegio o del maestro que no ponga tareas.

Las tareas son un atentado y una violación al tiempo libre de los niños, especialmente al tiempo, dedicado al juego, consagrado como derecho universal en la declaración de Derechos del Niño  Afectan la vida familiar al colocar a padres y madres en la conflictiva y penosa labor de ayudar a resolver y hacer las tareas de sus hijos o conseguir los exóticos materiales  que de un día para otro les piden para realizar una tarea de ciencias o de geografía.

Muchos colegios se ufanan de la disciplina y el abultado número de tareas que dejan a sus estudiantes. Se consideran a sí mismos colegios de excelencia y gran exigencia, pero se les olvida que la excelencia no es solo capacidad de alumno de hacer las tareas que el colegio le impone, sino también capacidad de pensamiento crítico y creativo del niño, su capacidad de entusiasmarse con el conocimiento, de recorrer su propio camino, de estar “encarretado” aprendiendo.. “Cuanta más tarea mecánica tenga un niño, menos pensamiento autónomo desarrolla”.

El mayor problema es que las tareas no cumplen con un fin formativo ni atienden las necesidades educativas de los alumnos. Se han convertido en un quehacer tradicional de la escuela. Son una imposición, un ritual mecánico, una mala disciplina, que antes que despertar el interés del niño por la ciencia, la historia o la geografía, se convierten en una fuente de insatisfacción y rechazo a la actividad  escolar. Para los jóvenes las tareas no son una oportunidad para descubrir por sí mismo el conocimiento, sino un verdadera “mamera”, como  coloquialmente suelen expresarlo.

Las tareas no gustan a nadie, ni a los alumnos que las encuentran tediosas, monótonas y muchas veces no  son revisadas y calificadas, tampoco son fuente de valoración por parte de los maestros. Son sencillamente una tarea más, un deber de forzoso cumplimento. Tampoco a los padres quienes ven que su vida familiar en las noches gira alrededor de las tareas  y  su “deber” de revisarlas según sus precarios o muchos conocimientos. Los maestros se declaran agobiados por el sinnúmero de tareas que deben revisar y calificar.

No es extraño que la escuela esté llena de brillantes estudiantes que en clase se destacan, pero obtienen muy malas calificaciones por  la “indisciplina de no hacer las tareas”, o lo contrario, estudiantes mediocres que obtienen mejores resultados gracias  al cumplimiento estricto de las mismas.

Ahora que los profesores se aprestan a planear y dejar toda suerte de tareas irracionales como resumir en dos páginas la organización jurídico-político del Estado colombiano, o señalar en un breve ensayo las posibles causas directas e indirectas del racionamiento eléctrico, es una buena ocasión para para reflexionar sobre el sentido formativo y pedagógico de las tareas y una oportunidad para que los niños y jóvenes, maestros y padres de familia  tengan una Semana sinigual  y feliz: una Semana Santa sin tareas.

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