Minga del Cauca, entre bloqueos y protagonismos

Es un pulso de vanidades, arrogancias y resistencias, enardecido por partes que no están dispuestas a ceder. Quién sabe hasta dónde llegarán las consecuencias

Por: Alfonso José Luna Geller
marzo 29, 2019
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Minga del Cauca, entre bloqueos y protagonismos
Foto: Cric

Cuando las actitudes sociales, políticas y psicológicas de los comisionados para buscar el trámite y salidas a un conflicto se vuelven inflexibles y hasta intolerantes, y cada entidad discordante se resguarda en su propia esquina para concluir, luego del inevitable desgaste que causa un concierto de intransigencias, que la única solución es de vida o muerte, el sector que menos fuerza tenga resultará “derrotado” a costos sociales, políticos, económicos y psicológicos muchísimo más onerosos e irreversibles para todos, implicando a los pueblos polarizados en torno a cada uno de los contendientes, e inclusive, a quienes se suponían apáticos porque creían que en nada los afectaría el conflicto. Así, es mejor no ganar, porque todos estarían perdiendo.

Aunque la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, el comisionado para la paz, Miguel Ceballos y la directora del DNP, Gloria Alonso, y el mismo presidente Duque, digan que el gobierno siempre ha estado dispuesto al diálogo con los dirigentes de la minga social del suroccidente, y nieguen una radicalización en su actitud, la gente no les cree mucho porque no se ven avances en las soluciones de fondo. Lo mismo ocurre con la obsesión de los representantes de las comunidades indígenas y otros sectores sociales para un diálogo eficaz porque su enfoque también ha sido innegociable.

Entonces, estamos también frente a un bloqueo mental no solo de los negociadores, sino de sus propios entornos asesores, coincidente con el bloqueo físico de la Panamericana.

En estas circunstancias se deduce que la sociedad colombiana está asistiendo un pulso de vanidades, arrogancias y resistencias, enardecido por posturas políticas de extrema derecha y de izquierda, en un desafío mutuo en el que nadie cede y por lo mismo, nadie sabe aún hasta dónde llegarán sus consecuencias, obviamente con derivaciones cada vez más peligrosas hacia otros sectores, si no se cambian las actitudes de manera urgente, en beneficio de todos.

Observamos también unos protagonismos oportunistas con evidentes intereses electorales de algunos políticos y dirigentes gremiales que hacen presencia en medio de la confusión para criticar lo evidente y entretenerse juzgando los detalles, sin detenerse a pensar en lo realmente importante, en aportar a las soluciones. No han venido al Cauca o no se han pronunciado los propios para decidir nada, aunque podrían aportar perfectamente de otros modos; han venido para hacerse ver. Por eso, sus actitudes me parecen pirómanas.

Esto ocurrió tanto en el centro de convenciones en Popayán, con la intervención de los representantes de los gremios económicos, como en El Pital, sobre la Panamericana, epicentro de la Minga, con la presencia del senador Petro y el gobernador de Nariño, y en la entrada a la Casa de Nariño, en Bogotá, cuando nuevamente hubo oportunismos políticos que evitaron una reunión entre la bancada de congresistas del suroccidente colombiano y el presidente de la república. La bancada resultó infiltrada por aquellos que pescan en río revuelto.

En resumen, lo que está detrás, lo que realmente debe cambiar para que impacte positivamente en las comunidades, sin importar el sector político al que estén afiliadas, no se ha visto en esas gestiones. Semejante problema, lo han venido convirtiendo en un aciago “reality show” pues esos protagonismos, repito, son gasolina para el incendio.

No se puede negar que la comisión técnica del Gobierno Nacional ha avanzado en los diseños de un acuerdo posible, que el gobernador del Cauca, Óscar Rodrigo Campo Hurtado, ha jugado un papel definitivo en el sostenimiento de la vía humanitaria y en la gestión que busca soluciones prontas. Que hay dirigentes cívicos y congresistas que se la están jugando por examinar salidas lógicas y viables a esta problemática y proponen alternativas eventuales.

Sin embargo, faltan por descubrir otros ocultos intereses que en su cocimiento tienen bloqueada también la exploración de los acuerdos y que mantienen radicalizadas las posiciones.

Miren ustedes hasta dónde hemos llegado a nivel de opinión pública: alguien se preguntaba ayer por qué la guardia indígena detecta con tanta facilidad la infiltración de militares o policías en la minga y por qué no ha podido delatar la evidente infiltración de grupos armados ilegales. O la ocurrente manifestación de Antonio María Alarcón, quien, a través de las redes sociales se preguntaba, más o menos: “Si digo que el paro nos tiene jodidos en Popayán… dirán que soy paraco. Si le pido a Duque que venga a intentar resolver este despelote, me dirán que soy guerrillo. Y si no digo nada me dicen que soy una güeva… ¿Qué hago?” Es la pregunta que todos nos hacemos y que demuestra la polarización real a la que se acondicionó la sociedad. Evidencia también los extremos mentales que les gusta a los fanáticos y sectarios. La sociedad no puede seguir en esta tónica.

Hay que regresar al civismo, a la defensa consentida de la institucionalidad y con mucha imaginación y espíritu de servicio proponer y asumir actitudes proactivas para actuar antes de una situación futura, en lugar de sólo reaccionar. Retomar el control y hacer que las cosas sucedan en lugar de simplemente ajustarnos a lo que resulte, que generalmente es lo trágico, por lo imprevisto.

Hace unos días los alcaldes de Santander de Quilichao, Caloto, Corinto, Miranda, Toribío, Caldono, Villa Rica y Guachené se reunieron con la ministra, el comisionado de paz y la directora del DNP, siendo propositivos. Son factores positivos que se deben aprovechar. Les bosquejaron la posibilidad de intervenir en el proceso como amigables componedores, que se estudiara la viabilidad de una declaración de la urgencia manifiesta, debido a las afectaciones a todos los gremios y sobre todo en materia de salud, por el traslado de pacientes, desabastecimiento de combustibles y alimentos, y por el grave impacto económico.

Se esperan respuestas. Es más, hay necesidad de ampliar los diálogos con otros sectores que están pendientes de lo que suceda, por ejemplo, los consejos comunitarios afros, campesinos, empresarios y comerciantes independientes, entre otros.

Finalmente, la bancada parlamentaria del Cauca (senadores Feliciano Valencia, Luis Fernando Velasco, Temístocles Ortega, y los representantes a la Cámara John Jairo Cárdenas, Crisanto Pisso, Carlos Julio Bonilla, Faber Muñoz) le envió una misiva al presidente Iván Duque Márquez en la que reconocen la voluntad y la decisión del Gobierno Nacional de incluir en el Plan Nacional de Desarrollo recursos por más de 10 billones de pesos con destino a los pueblos indígenas del país, y mostraron su concordancia con las comunidades indígenas para que queden claramente incluidos en el articulado del Plan Nacional de Desarrollo y en el Plan Plurianual de Inversiones. Pero, igualmente le ruegan dar el anuncio de su visita al departamento del Cauca, previo al avance de las conversaciones, lo cual sería la noticia que permitiría la normalización de la vía Panamericana.

Dios nos ilumine.

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