De las amenazas a periodistas a la carrera por el poder: por qué la figura de De la Espriella representa un síntoma de la crisis ética que sacude a la derecha

 - Mientras el país necesita abordar sus problemas de seguridad y corrupción, De la Espriella presume sus genitales
Texto escrito por: Nerio Luis Mejia

¿Cómo explicar que en una sociedad que premia el carisma de quienes aspiran a representar a los ciudadanos en las corporaciones públicas, a través del voto popular, se termine escogiendo al más arrogante de los aspirantes? Abelardo de la Espriella, abogado de renombre, es de esos pocos colombianos que no oculta su soberbia ni su patanería cuando se trata de imponer su postura.

El mismo que atropella y amenaza con demandas desde su bufete de abogados, que responde a los cuestionamientos con golpes de puño, y que trata de “iletradas” e “ignorantes” a las mujeres periodistas cuando le preguntan por ética, pretende convertirse en presidente de Colombia. Su figura es la muestra más clara de la decadencia política de un sistema corrupto que ha agotado hasta el último alfil en su afán de volver al trono del poder. Los sectores tradicionales, cansados y sin empatía, ven en él su última tabla de salvación.

Una nación que, pese a los problemas que la sacuden, siempre ha mostrado lo más representativo de cualquier sociedad —su recurso humano— se ve hoy obligada a contemplar en el selvático mundo político a un tigre que muchos afirman es de papel. En los medios, sin embargo, él promete “destrozar” a la oposición, amenaza con judicializar la protesta social y se atreve a despreciar a comunidades indígenas y afrodescendientes, poblaciones reconocidas constitucionalmente como sujetos de especial protección.

Sus salidas en falso han generado repudio, aunque también ha ganado adeptos. Son seguidores que, lejos de compartir sus gustos refinados y estrambóticos, lo apoyan quizá por odio o por ignorancia. Pero ese respaldo no representa a la mayoría de los colombianos, caracterizados por su decencia y dignidad.

De la Espriella podría ser el gobernante que merecen los pueblos bárbaros como castigo por quebrantar el respeto al derecho ajeno. Pero ese no debería ser el destino de Colombia: hogar de gente humilde, trabajadora y simpática, que enfrenta el día a día con una sonrisa.

La democracia latinoamericana se mueve en una transición constante entre izquierda, centro y derecha, aunque en algunos casos deriva en extremos: dictaduras comunistas o liderazgos autoritarios de derecha que no dudan en lastimar a su propio pueblo. En un hipotético triunfo de De la Espriella, no solo se evidenciaría la decadencia política de la derecha, sino el resultado de la acción de los grupos violentos que hoy amenazan al país. Tantas desgracias juntas parecen un destino demasiado cruel.

Si en Argentina, principal consumidor de carne de res del mundo, eligieron a un “león” como presidente y hoy los tiene comiendo carne de burro, ¿qué nos esperaría a los colombianos si elegimos a un simple tigre? En un país donde la carne de ganado ha sido cara pero aún asequible, la metáfora de lo que nos tocaría comer refleja la decadencia de un sistema político corroído por la corrupción.

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Por Nota Ciudadana

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