Texto y fotos a cargo de: Julian Hurtado
Quien sube por los balcones del oriente bogotano se encuentra con una de las postales más privilegiadas de la capital. La arquitectura popular se mezcla con el verde de la montaña y una vista que abraza a toda la ciudad. Es un territorio de gente trabajadora, de fachadas coloridas y de una energía comunitaria que late en cada esquina.

Sin embargo, al bajar la mirada del horizonte, la estampa cambia. Las calles que deberían ser senderos de orgullo se ven interrumpidas por focos de residuos que parecen haberse vuelto parte del mobiliario urbano. ¿En qué momento nos acostumbramos a que la belleza de nuestro entorno conviva con la cultura de lo desechado?

Esta galería no busca señalar barrios, sino hacernos una pregunta como ciudadanos: ¿Por qué permitimos que el descuido empañe lo que por naturaleza es hermoso? Los invitamos a recorrer este contraste a través de mi lente.

La ciudad a tus pies: una vista que pocos tienen el provilegio de difrutar a diario.


Territorios de vida y color que resisten a pesar del abandono insititucional y ciudadano.

El contraste inevitable: cuando el camino se llena de lo que ya no queremos ver.

Pequeñas huellas de una crisis sanitaria que escala en silencio por las lomas de Bogotá

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