Opinión

A mí me gusta Duque, por Duque

De Iván Duque no me asusta su ascendiente, el expresidente Uribe

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Junio 13, 2018
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A mí me gusta Duque, por Duque
Como María Isabel Rueda, de Duque admiro su vocación al equilibrio y la temperanza

Jamás en la historia de Colombia -por lo menos durante mi no tan corta existencia- había visto a tanta gente atemorizada pensando en irse del país si gana un candidato a la Presidencia de la República; tampoco a un mentiroso de ese tamaño con tanta opción; igual, a nadie que por cuya aparente cercanía al triunfo no solo paralizara económicamente el país de inversionistas extranjeros para abajo, sino que se creara una cláusula que -por ese triunfo- permite deshacer negocios sin penalidades; y menos una partida de ególatras, egoístas encumbrados que pueden vivir fuera fácilmente, dándole su respaldo a un comprador de carros de basura chatarra en Miami con el erario distrital, a costa de “joder a Colombia”, como dijo Alfonso Cuéllar en su fantástica columna de  Semana.

Las elecciones del domingo están marcadas como las primeras de la era digital y las redes sociales. Gracias a ellas, un charlatán pudo tener la influencia en persuasión al votante que antes era imposible para un candidato antiestablecimiento. “Sin embargo, la retórica del discurso no es suficiente.  La demagogia fundamentada en propuestas que tienen debilidades en su realización, los anclajes de percepción sobre su cuestionada gestión en Bogotá (miren las cifras de incumplimiento que entrega el exministro Luis Carvajal) y en especial los miedos que se asociaron a su cercanía indiscutible con las posiciones marcadas por el que fuera chavismo impedirán en esta oportunidad su llegada”, considera el analista y politólogo del Externado Carlos Arias.

 

 

Qué tal el anuncio que acabo de oir en radio:
que ahora Ingrid Betancourt está postulada como posible Canciller;
parece un chiste

 

 

Agrega Arias que, por otro lado, la esperanza que suscitó en las últimas dos semanas la campaña que logró motivar líderes de movimientos sociales y políticos que vienen empujando fuertemente a las estructuras partidistas de siempre, también recibirían con esa dosis de incoherencia de la que tanto se quejaron los de la Colombia Humana con la segura llegada de Roy Barreras, considerado “la sal” de la campaña que toca, a excepción de la suya al Congreso en el Valle del Cauca y las posiciones de Claudia López que se sumó a la campaña por su antiuribismo, más que por su coincidencia con el candidato que hoy apoya, dejan entrever que no se traga el sapo, como muchos de los votantes. Y qué tal el anuncio que acabo de oir en radio: que ahora Ingrid Betancourt está postulada como posible Canciller; parece un chiste. Ellos mismos se están tumbando. Como dijo Nicolás Uribe, panelista de Mañanas Blu, en sus redes: ¿No será que no dieron todo el gabinete porque no muchos se le apuntan? Como Guillermo López Ulloa, el coordinador de Cinevisión (el primer noticiero de televisión que presenté): no nos decía “al aire”, sino “que el Señor nos coja confesados”.

Dicho esto, destino mis renglones a Iván Duque, de quien tampoco me asusta su ascendiente, el expresidente Uribe, tal como lo dice María Isabel Rueda en su más reciente columna. Coincido totalmente con ella cuando dice: “No soy fanática del expresidente. Y es obvio que la figura de Uribe no va a desaparecer de la vida de Duque como presidente, pero es más factible que su influencia sea más la de un consejero que la de un cogobernante. Y eso se manifestó con mucha claridad durante la campaña y especialmente en los debates, en los que Duque pareció muy capaz de abordar los temas con la ecuanimidad que no constituye propiamente una de las virtudes del expresidente”. Como ella, pienso que “es una figura fresca, incontaminada, versátil en el mundo contemporáneo, con una visión de porvenir exenta de los lastres del pretérito nacional en el cual prácticamente no fue protagonista. Admiro su vocación al equilibrio y la temperanza. Me gusta su lealtad a las instituciones, que lo convierte en la síntesis feliz de lo que somos o de lo que aspiramos a ser como comunidad”.

En conclusión: ¡mi voto es por Iván Duque!

¡Hasta el próximo miércoles!

 

Como María Isabel Rueda, de Duque admiro su vocación al equilibrio y la temperanza

 

 

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