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Metrocable une a los barrios que separan los combos en Medellín

La Línea M, muy cerca al centro de la ciudad, es la nueva protagonista de la movilidad en la ciudad al atender a 350.000 personas de la comuna 8

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julio 26, 2019
Metrocable une a los barrios que separan los combos en Medellín

La mujer y los dos hombres que atienden en la panadería del punto más alto de la comuna de Villa Hermosa, en Medellín, se ríen a carcajadas mientras improvisan unos “hello”, “welcome” y “goodbye”.

Entre risas dicen que han tenido que aprender inglés porque desde enero, cuando se inauguró la línea M del Metrocable, el río de visitantes extranjeros que no hablan español es tal que tuvieron que apresurarse a aprender inglés para mantener arriba las ventas.

Algo similar ocurre a unos 30 metros de esa panadería. En una esquina hay un enorme supermercado, de paredes amarillas y techo de zinc que ocupa el mismo espacio de un salón de clases de unos 50 estudiantes.

Los vecinos cuentan que el aumento de visitas permitió que el dueño comprara un lote, hiciera la ampliación del supermercado y surtiera más productos. Y así, muchas historias se repiten: asaderos de pollo, peluquerías, ferreterías.

Pero los beneficios de la línea M del Metrocable, que es la quinta línea que inauguró Medellín desde 2004, no solo se ven en la parte comercial de las comunas: lo que antes eran callejones oscuros donde pululaban los ladrones, ahora son vías iluminadas, con coloridos murales de hasta tres metros de alto, hechos por artistas paisas convocados por la Alcaldía, y espacios con jardines, diseñados para el disfrute de los peatones.

La línea M - su nombre completo es línea Miraflores - tiene una extensión de más de un kilómetro y junto con sus 49 cabinas que transportan cada hora 5000 personas, se ha convertido en una suerte de unificador en una comunidad que se ha caracterizado por las rivalidades entre los combos que las habitan y que en 2018 dejaron 20 personas muertas solo en la comuna 8.

Los vecinos cuentan historias de balaceras desatadas porque uno de los muchachos de uno de los barrios pasaba a otro a visitar a sus papás. Las fronteras invisibles son tomadas muy en serio en las laderas de Medellín.

Pero con la construcción de la Línea M, que tuvo una inversión por parte de la Alcaldía de 114.000 millones de pesos, se intervinieron los espacios comunes entre barrios para crear zonas de encuentro para las 350.000 personas que habitan ese sector y que se ven beneficiadas del Metrocable.

Por eso, mientras se hace el recorrido por las tres estaciones de Metrocable que hay desde la base de la ladera hasta la parte más alta de la comuna 8, se pueden ver canchas sintéticas, parques de juego infantiles y gimnasios comunitarios.

Los habitantes de estos barrios dicen que eso los ha unido. Un ejemplo son los partidos de fútbol que están jugando los fines de semana en esas nuevas canchas sintéticas, que reemplazaron a las viejas canchas de cemento o a los potreros polvorientos que se hacían piscinas de barro cada que llovía.

Los juegos de los sábados y domingos son para limar asperezas entre rivales por territorio. Como una manera de incentivar el deporte, empresas privadas facilitan que cazadores de talento vayan a estos puntos a ver qué jugadores de esos barrios pueden ir a ligas profesionales y, por qué no, hasta al Independiente Medellín o Atlético Nacional.

Y acortar distancias entre la comuna 8 y los 18 barrios que la componen y el centro de la ciudad también ha sido uno de los impactos del Metrocable. Los 1056 metros que hay entre el tranvía de Ayacucho, que está muy cerca al centro de Medellín, y la cima de la montaña se pueden hacer en 7 minutos.

Y la entrada al tranvía y al metro se puede hacer con el mismo tiquete que se usó el Metrocable, usando la tarjeta Cívica, una suerte de pase personalizado para todo el sistema. Y aunque es cierto que a veces las filas hacen que el recorrido sea más lento, especialmente en horas pico, es igual de verdad que la integración del sistema ha reducido la cantidad de trasbordos que había que hacerse para llegar al centro, en buses del sistema antiguo.

Varias rutas de bus dejaron de entrar al centro gracias al uso integrado de Metrocable, tranvía y metro. Eso ha significado un impacto positivo en la calidad del aire de esa zona de la capital antioqueña.

Solo en 2018, cuando la Línea M todavía no estaba en funcionamiento, hubo una reducción de 36.000 toneladas las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Y aunque todavía se puede mejorar mucho, lo cierto es que los habitantes de la parte alta de la comuna, esa que ahora está unida por la Línea M, ahora ya saben qué responder cuando llega alguien hasta arriba y les dice “hello, your city is beautiful”.

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