El autismo que sufre Lionel Messi

El crack argentino, que está a punto de salir del mundial, nació con Síndrome de Asperger, una enfermedad que solo le permite concentrarse en una cosa: jugar a la pelota

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Junio 21, 2018
El autismo que sufre Lionel Messi

A Lionel Messi le diagnosticaron dos enfermedades cuando tenía nueve años. Primero, la deficiencia de la hormona de crecimiento  que se evidenciaba en sus 125 centímetros de estatura,  fragilidad para lesionarse y cansancio excesivo cuando se vestía de cortos negros e ingresaba a la cancha del Newells Old Boys de Rosario, equipo donde dio sus primeros pasos como jugador en 1994.

La segunda, el Síndrome de Arsperger, o síndrome de la genialidad, una extraña enfermedad  confirmada por algunos y cuestionada por otros– que solo le permitía concentrarse en un asunto y nada más: el fútbol.

Lionel Andrés tuvo una infancia tranquila en Rosario. Le hacía caso a sus padres, jodía como uno más, era un travieso sano y tanto hermanos como compañeros de Newells nunca vieron maldad en sus ojos fríos y dispersos. Sin embargo, cuando Diego Schwarzstein –el médico que descubrió su problema de crecimiento– le dijo a Lio y sus padres que debía someterse a un tratamiento hormonal para ser igual de alto a los demás chicos con los que jugaba,  no dudó en usar esa habilidad que tenía para enfocarse solo en la pelota, y decidió aplicarse, como si fuera un diabético, la inyección en sus piernas durante cuatro años para ser el mejor de la historia. Sería un tratamiento que lo acompañaría por toda su adolescencia.

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Messi en 1997 cuando cursaba quinto grado en la Escuela General Las Heras.

Algunos lo tildaban de autómata, otros de tímido, otros de autista. Silvana Suárez, una de sus profesoras, decía que ese nene, el menor de los Messi, tenía problemas para relacionarse con los adultos; que no prestaba atención en clase de matemáticas porque siempre quería salir por las calles de su barrio Las Heras, para coger un balón, así fuera de trapo o de plástico, driblar, quebrar cinturas y romperle las manos al pibe que estuviera fungiendo en el arco.

A sus 13 años, Messi llegó al Barcelona, equipo que no lo despreció y se la jugó para pagarle su costoso tratamiento hormonal. No era un tipo dicharachero ni amiguero, por eso, en sus primeros años en el Barça Junior, se apartaba de la multitud y se iba solito a una esquina con su pelota cuando se terminaban los entrenos. También se ponía sus audífonos y se ensimismaba  con el reggae de Los Cafres, la banda que más le gusta escuchar.

Aunque le costó adaptarse a una nueva vida alejada de su Rosario natal, ese pibe, esa maquinita de goles y jugadas, ese tipito que se enojaba si lo sacaban en la mitad de un partido, debutaba – de la mano de Frank Rijkaard– a los 16 años en el primer equipo del Barca contra el Porto de Mourinho en un partido amistoso. Fue ahí en 2003 que comenzaba su carrera como crack internacional.

Lionel Messi le marcó su primer gol como profesional al Albacete en 2004 con complicidad del entonces crack del Barcelona, Ronaldinho Gaucho

El talento de Lio se pondría en los ojos de la opinión pública en agosto de 2005, cuando el Barça disputaba un encuentro amistoso contra la Juventus en el torneo Joan Gamper. Fue allí que se confirmaría la teoría que ese pibe argentino, que tenía la 30 en su espalda, venía de otro planeta y marcaría una época. Además de salir ovacionado del Camp Nou, el propio Ronaldinho y Rijkaard comienzan a darle vía libre para liderar al equipo. Y Lio, con su único enfoque, lo confirma un año más tarde, cuando con huevos, personalidad, y la pelota en sus pies, humilla al Chelsea de Mourinho en Londres, por la Champions League.

El síndrome de Asperger de Messi, confirmado por tres periodistas y cuestionado por una decena de psicólogos, psiquiatras y la opinión pública en general, fue, en palabras del periodista argentino Ernesto Morales, la enfermedad que lo catapultó como una bestia capaz de marcar 453 goles en 531 partidos con el Barca y ser el goleador histórico del club catalán y de la Liga Española en tan solo 12 años.  Según Morales, un rasgo distintivo de las personas que padecen esta patología es su noble capacidad para obedecer. Lio solo obedecía a su padre, quien le decía “jugá a la pelota, tipito, que yo me encargo del resto”. Y Messi, aprovechando su genialidad,  no ha hecho nada más.

 

Publicado originalmente el: 06/06/2016

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