Mateo Gutiérrez, un falso positivo judicial

"Colombia es un Estado tan ridículo que su Fiscalía puede inculpar a un joven estudiante simplemente diciendo que es estudiante de la Nacional "

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros
febrero 28, 2017
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Mateo Gutiérrez, un falso positivo judicial
Foto: Archivo contagioradio.com

 

Un sociólogo alemán llamado Max Weber nos dice que de todos los tipos de dominación que existen, el más exitoso es ese que asumimos como propio o natural. Ese tipo de dominación que está tan interiorizado en nosotros que ya lo asumimos como nuestro, como el deber ser de las cosas, como algo incuestionable. Algo así como pensar que los policías son los buenos y que los subversivos son los malos y que los primeros deben asesinar a los segundos y que eso es justicia.

Un sociólogo estadounidense de origen austriaco llamado Peter Berger dijo que el “Nomos” es esa matriz del pensamiento que se forma en nuestra mente desde muy temprana edad y que nos lleva a ver el mundo tal y como lo vemos. Claramente este marco de pensamiento se forma a partir de la cultura que nos rige. De esta manera el nomos es mucho más poderoso que cualquier idea que se nos siembre en la cabeza, ya que el nomos es el cincel que dará forma a cualquier idea que surja espontáneamente o se nos siembre. Es esa manera de pensar que nos lleva a ver bello todo lo que concebimos como bello y como desagradable u horroroso, todo lo que vemos como horroroso.

En el caso de Colombia el nomos que rige preponderantemente a nuestra sociedad lleva a ver a los banqueros, oficinistas y gerentes de todo tipo, y en general a toda persona que se concentre en seguir las reglas establecidas por el sistema y a hacer dinero a cualquier precio, como gente de bien, gente respetable. Así como a percibir como una amenaza y como alguien muy incomodo y hasta fastidioso a todo aquel que en verdad piensa, a ese que cuestiona todo, que se pregunta por qué el deber ser es el deber ser. Alguien así, por ejemplo, es muy molesto en nuestra cultura por el nomos que nos rige. En la antigua Grecia era como una especie de Maluma o Bill Gates, es decir, alguien que ahora consideramos respetable.

Un sociólogo polaco que nos acompañó en este mundo hasta este año, Zygmunt Bauman nos cuenta en varios de sus libros cómo las personas que piensan y cuestionan el sistema regente se vuelven prescindibles. Esas personas que se preguntan por qué deben hacer dinero a toda costa y pasar por encima del que sea con tal de triunfar en esta vida, tal y como nos enseña el establishment prácticamente desde que nacemos; o si lo que se nos enseña como “la verdad” en realidad lo es o simplemente es una construcción más de algunos pocos que nos dominan y les conviene que veamos las cosas así, esa personas que se suelen preguntar este tipo de cosas rápidamente son consideradas por ese establishment como vidas desperdiciadas, es decir personas que se pueden echar a la hoguera como un trozo más de leña para avivar el fuego del confort de los poderosos.

Un sociólogo estadounidense llamado Noham Chomsky nos demuestra con investigaciones científicas de gran rigor que las clases dominantes se valen de los medios de comunicación y de educación para construir consenso entre las clases dominadas para que éstas terminen pensando y viendo las cosas como a los ricos y poderosos les convienen. De esta manera, no es coincidencia que en este país veamos a los comunistas, homosexuales y, en general, a todo aquel que se salga del canon establecido, de la normatividad aceptada como una especie de demonios que se deben perseguir y destruir a toda costa.

Hoy, tristemente un sociólogo colombiano, Mateo Gutiérrez, comprueba que todo esto es cierto. Que en un país godo en el que Álvaro Uribe es un mesías más amado que Jesucristo y en el que cualquier persona que piense diferente a la mayoría, rápidamente es tildado de “narcoterrorista”, “castrochavista” o cualquier otro adjetivo descalificador, basta para hundirlo y convertirlo en el demonio de esta santa patria religiosa que idolatra nobles figuras como Maluma o John Jairo Velásquez alias “Popeye”.

Colombia es un Estado tan ridículo que su Fiscalía puede inculpar a un joven estudiante simplemente diciendo que es estudiante de la Nacional (la universidad de los tirapiedra), que viajó a Cuba (tierra del demonio) con su mamá, y que durante su adolescencia ha cambiado muchas veces de look (¿qué adolescente no lo hace?). Pero en cambio, frente al centenar de asesinatos de líderes sociales en las regiones apartadas del país, tiene la osadía de decir que son hechos inconexos, que no hay ningún común denominador en los asesinatos… Ah claro, salvo el pequeño detalle que todos eran líderes sociales en regiones de alta incidencia paramilitar. Pero no, la justa, imparcial e ilustre Fiscalía prefiere decir que eso deben ser homicidios de delincuencia común, atracos o venganzas personales, y que todos los que pensamos que tal vez esos asesinatos se deban a que todas las víctimas defendían causas sociales, somos loquitos de las conspiración, paranoicos obsesionados con el coco que vemos fantasmas donde no hay.

Qué coincidencia que justo cuando el presidente Juan Manuel Santos y el alcalde Enrique Peñalosa presionan a sus esbirros de la policía y la fiscalía para conseguir resultados sobre la explosión del petardo en la Macarena, estos cuerpos policiales aparezcan con un “responsable” no solo de ésta, sino de otras detonaciones en la ciudad que ya se encontraban archivadas.

Pero ¿eso qué importa? Si Mateo, a quien hasta su propio nombre ya se lo volvieron un alias, es o no culpable no interesa. Lo importante es que en este país asesino de figuras como Jaime Garzón, lo que cuenta no es demostrar nada, sino que parezca el demonio que nuestro nomos ya ve automáticamente como demonio. Y mientras tanto los Nule con casa por cárcel, los ricos con media ciudad cerrada para que disfruten de las corridas de toros, “Popeye” con telenovelas que lo exaltan como a su antiguo patrón o como a los hermanos Castaño que también ya fueron legitimados en la pantalla chica de un país televidiota que cree que lo que les dice RCN es “la verdad”. Pero ¿a quién le importa todo esto en un país donde lo que interesa es saber si Amparo Grisales y Pipe Bueno ya se acostaron?

En este país como bien lo explica la banda sonora de Tango Feroz: “pueden guardarte en una jaula por nada” porque ya te han “lavado la cabeza por nada”.

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