Opinión

A más soberbia menos perdón

Por:
febrero 27, 2015
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 “Cabe recordar que de acuerdo con la sentencia C-370 de 2006369, la flexibilidad penal en pro del alcance del derecho fundamental y el valor supremo de la paz, sólo se justifica si se satisfacen de manera adecuada y efectiva los derechos de las víctimas a la verdad, justicia, reparación y  garantías de no repetición”.
Corte Constitucional Auto 009 de 2015

El perdón y la reconciliación son inversamente proporcionales a la soberbia de los victimarios y a su no arrepentimiento. A nadie se le ocurre que habría que haber perdonado a Hitler o a Goebbels por sus atrocidades, ellos nunca tuvieron un asomo de conmiseración con sus víctimas. Por el contrario, justificaban sus actos con principios equívocos y los proclamaban como propósitos nobles para engrandecer al pueblo alemán.

Lo mismo pasaría hoy con el Estado Islámico. ¿Alguna víctima habrá pensado perdonarlos con el cuento ese dizque el perdón es sanador?  No pueden, fueron degolladas, quemadas, apedreadas, en medio de la soberbia de sus asesinos y la reafirmación sobre una pretendida “causa justa”.

Pues en Colombia, y por supuesto guardadas las debidas diferencias, estamos frente a unos victimarios que no piden perdón, que no reconocen franca y categóricamente sus errores (salvo contadas excepciones) pero sí exigen al País perdón y olvido generalizado con una actitud cínica y llena de soberbia.

Aseguran, para evadir sus cargas, que son tan culpables como el Estado y que no pagaran ni un día de cárcel. Tal vez no se dan cuenta en medio de su autismo social que esto hace es mucho más difícil el camino de la paz y la reconciliación. Cada vez que Iván Márquez abre su boca para exigir impunidad, a la gente se le arruga el corazón y se cierran cada vez más al perdón.

Su actitud no ayuda, señor Márquez. No pretenda intimidarnos con el cuento de que no dejarán las armas y no pagarán cárcel porque tienen la alternativa de seguir en la guerra. Este “coco” del conflicto no es tan asustador como sí lo es el de la impunidad coronada con la  arrogancia de victimarios indolentes.

Hemos vivido en guerra toda la vida. Millones de personas nacieron y murieron en medio del conflicto y se nos convirtió en un modo de vida, especialmente en el campo. La peste de la violencia nos han acosado siempre, y de la insurrección política inicial se derivaron otros actores, narcos, paras, delincuencia común, corrupción, cada uno con sus lógicas delictivas.

Colombia, junto con otros pocos países, tiene el vergonzoso inri de vivir en violencia y para la violencia. Nuestras fuerzas armadas han crecido en esta lógica, no en la de la civilidad y tal vez por eso mismo ellas también se han convertido por momentos en victimarios de su propio pueblo.

De manera que lo que necesitamos para terminar este ciclo larguísimo de violencia, es un cambio de actitud. El país de los no combatientes ha dado señales muy claras de ese cambio. Las víctimas en su gran mayoría han acogido el proceso con entusiasmo y muchas ya están en la vía de conceder perdón a sus victimarios (guerrilla, paracos o fuerzas militares). La clase política, también casi en su mayoría, hace la tarea de construir las bases legales y constitucionales para un nuevo país que incorpore a la subversión, la comunidad internacional apoya entusiasta los diálogos de La Habana y, finalmente, la ciudadanía común sigue los diálogos en Cuba cruzando los dedos para que se llegue a un acuerdo final.

Sin embargo ustedes, señores guerrilleros, no son claros ni sinceros. Dicen que eso es parte de la negociación, pero parece una estrategia equivocada endurecer la posición para sacar más y más provecho. Eso, como los lazos, termina apretando tanto que puede ahorcar las posibilidades de paz y reconciliación.

 

www.margaritalondono.com

http://blogs.elespectador.com/sisifus/

 

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