Opinión

¿Más a la derecha aún? Sí, es posible

Trump podría, sin duda, ser reelecto hasta el 2025, con lo cual la derecha ganaría más empoderamiento en el mundo

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Junio 17, 2019
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¿Más a la derecha aún? Sí, es posible
A menos que la economía de los EE. UU. se frene, que el señor se meta en un conflicto armado con Irán, o que haya nuevas revelaciones para una revocatoria, Trump gobernará hasta el 2025

¿Se puede girar aún más a la derecha en el mundo? Cuando se pudiera creer que ya ha sido suficiente, se conocieron los resultados, ya hace tres semanas, de las elecciones para el parlamento europeo, y sí:  a pesar de los éxitos de los socialdemócratas españoles y portugueses, la derecha ganó en el Reino Unido, Francia, Italia, Hungría, Polonia… Los partidos clasificables como liberales se encogieron, así los verdes hayan aumentado moderadamente.

En su reciente visita al Reino Unido, sin ya sorprender a nadie, Trump se dedicó a torpedear la Unión Europea, el esfuerzo de colaboración europea de casi siete décadas y a alentar el populismo de la derecha:  le dio nuevo ímpetu al Brexit, elogió al posible futuro primer ministro, Boris Johnson, un mediocre dirigente sin proyecto distinto al de “hay que salirse”, y no ahorró loas a Nigel Farage, el extremista triunfador que fundó el Partido del Brexit en enero de este año y que ganó, sobrado, las elecciones al parlamento europeo… para socavar la Unión aún más desde adentro.

Sí, por supuesto que es posible girar más a la derecha y deshacer las políticas que han promovido la colaboración política y económica entre naciones, regresar a las tesis de “mi país primero”, exaltar la xenofobia y la homofobia, y el desprecio por el medio ambiente.

Para las aspiraciones de los partidos políticos que buscan consolidarse en el extremo derecho del espectro, el futuro político de Trump será determinante. No solo es el presidente del país más poderoso; es el líder de un estilo que se consolida: el del gobierno para su base política, sin agüero para irrespetar a sus contradictores, sean los partidos políticos o los medios de comunicación liberales.

Trump podría, sin duda, ser reelecto. La economía, pese a los líos de distribución del ingreso en los Estados Unidos y al deterioro de millones de empleos, registra los índices más bajos de desempleo en cinco décadas. Que el proceso haya comenzado con Obama, poco importa: Trump se muestra, ante sus seguidores, como el autor legítimo de la reactivación.

Al menos 42 % de los potenciales votantes, una proporción envidiable, le perdonan todo: sus mentiras recurrentes, las contradicciones de su política exterior, la permisividad con la intromisión rusa durante el proceso electoral del 2016, su misoginia.

 

Al menos 42 % de los potenciales votantes,
una proporción envidiable,
 le perdonan todo

 

Agradecen su homofobia, la bronca contra los inmigrantes y decenas de millones creen en la ficción del “América primero” cuando casa peleas con China y México, como si las cadenas de suministros y de producción pudiesen aislarse y restringirse a la geografía gringa; que los medios de comunicación tipo NYT o CNN inventan noticias para desacreditarle. Y muchos empresarios aplauden su reforma tributaria, al menos por ahora.

Es amable con los líderes autoritarios, sea el tirano norcoreano o el brutal presidente filipino, promueve los populistas europeos de extrema derecha, denigra de los aliados y socava la Unión Europea; detesta y rompe los acuerdos contra el cambio climático. Es el adalid del llamado supremacismo blanco, la inspiración paradigmática de tipos como el que emprendió la masacre en Christchurch, Nueva Zelandia, en dos mezquitas, hace tres meses.

Podría ser electo en el 2020, de nuevo, también gracias a la probable ausencia de una poderosa candidatura demócrata. Los más notables precandidatos, a la fecha, no le dan un brinco a Obama. Biden, Sanders, Warren, Buttigieg, los de más empuje a la fecha, no parecen envolver una posible oleada política que le pueda hacer frente al presidente. Reeditar a Obama resultará difícil.

Las peleas internas entre los demócratas están a la luz del día, particularmente alrededor de si se le inicia o no el proceso de revocatoria del mandato. Una cosa piensa la brillante Sra. Pelosi y otra diferente numerosos colegas demócratas. Pelosi no cree que pretender revocarlo vaya a salir bien y que, al contrario, resultaría mejor someterlo a una guerra de desgaste a través de investigaciones adelantadas por el congreso y concentrarse en la agenda legislativa.

Sin embargo, más allá del apoyo que recibe Trump de parte de sus fieles bases, la institucionalidad es poderosa y puede resistir ocho años de Trump, aunque Stiglitz, el Nobel de economía del 2001, cree que su presidencia está deteriorando las bases de la democracia y que su política económica se devolverá como un bumerán.

Está la esperanza también, favor de las instituciones democráticas, del poder de una parte apreciable de la ciudadanía norteamericanas que es respetuosa de la ley, que comprende el valor que la diversidad racial, étnica y religiosa, una de las claves de la prosperidad de los EE. UU., y de la necesidad de hacer frente al cambio climático. Y, como potente faro en defensa de la democracia, están importantes medios de comunicación, distribuidos en todo el espectro de opinión, inmersos en una implacable competencia por la calidad de la información que transmiten.

Es probable, en conclusión, que, a menos que la economía de los EE. UU. se frene, o que el señor se meta en un conflicto armado con Irán, o que haya nuevas revelaciones que puedan implicar una revocatoria, el señor Trump gobierne hasta enero del 2025 y que la derecha mundial tenga, entonces, mayor empoderamiento que hoy. Por eso, hay que defender las instituciones democráticas y evitar las tentaciones de los estados de opinión.

 

 

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