Opinión

Martina Camargo, más que 30 años de vida artística

Un día de 1989 se subió a una tarima y ganó el Festival de San Martín de Loba, marcando el inicio de la cantadora enamorada de los aires de tambora

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Enero 10, 2018
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Martina Camargo, más que 30 años de vida artística
El mes entrante Martina Camargo presenta en la región su cuarta producción discográfica titulada “Paisaje en tambora”. Foto: David Lara Ramos

El próximo año (2019), la cantadora Martina Camargo cumplirá 30 años de vida artística. Una fecha que, como muchas, puede resultar tan engañosa como imprecisa.

 

Si pensamos que un día de 1989, Martina se subió a una tarima por primera vez; ganó el Festival de tambora de San Martín de Loba, fue acogida por el público y fija ahí el surgir de una nueva, estaríamos simplificando un complejo entramado de experiencias, que convirtieron a una mujer en cantadora.

 

Si pensamos en aquel lejano día y nos quedamos únicamente con sus movimientos y versos sobre la tarima, dejaríamos de lado sus vivencias de canoas frente al río Magdalena; borraríamos los días de las subiendas de bocachico gravadas en su mente, desconoceríamos los aportes de su padre Cayetano para que entonara con nuevos bríos temas como Las olas de la mar, Me robaste el sueño, La pluma, El mohán… entre otras.

 

Desecharíamos las rondas infantiles que ella iniciaba en las tardes, y terminaba al anochecer como una tradición que daba luz a esas noches sin electricidad, pero llena de  estribillos y movimientos que Martina conservó en su memoria y plasmó, incluso, en su trabajo discográfico Cantos y juegos a ritmos de tambora. Negaríamos también su lucha por la preservación de esos paisajes de garzas blancas, patos cuchara y yuyos que atraviesan libres la magnitud del cielo del Magdalena, que ella narró y sigue narrando en sus obras.

 

El nombre de Martina honra a San Martín de Loba, patrono del pueblo. Un santo milagroso con un poder sanador que sigue extendiéndose por todo el territorio. La misma Martina repite que ella es también un milagro, una narración que exige sus propias palabras: “Mi mamá tenía muchas dificultades en su embarazo y le hicieron la petición a San Martín para que ella no tuviera problemas. El médico del pueblo, el doctor Dolores Arzuza, viendo las dificultades, dijo que debían trasladarla al médico oficial, al del puesto de salud,  porque él no daba garantías y no se comprometía con el embarazo. Mi mamá fue remitida al Puesto de Salud, y el dictamen del doctor Marrugo era que a la criatura tenían que sacarla por parte, es decir desmembrada, eso quería decir matarme para salvar a mi mamá. Mi papá, Cayetano Camargo, inconforme con ese dictamen, consultó a un grupo de sacerdotes amigos de la familia. Ellos dijeron que no estaban de acuerdo con el dictamen, que tenían que hacer lo posible para darle vida a las dos, y se siguió con el embarazo. El día del parto a mi mamá le dan los dolores en la noche, se aproximaba una tempestad, mi papá, le solicitó los servicios al lanchero del pueblo para hacer un viaje expreso a El Banco, Magdalena, en esa época, no había ni carro, ni ambulancia, eran caminos reales, trochas. El señor de la lancha, le cobró cinco pesos, por el servicio expreso, y mi papá no los tenía. A pesar de que era familiar, le dijo que no le rebajaba ni un peso, que esos eran los momentos que él tenía que aprovechar”.

 

Martina Camargo cuenta que el dicho “Estos son los momentos que se aprovechan, dijo Nieves Márquez” (nombre de aquel lanchero), quedó como parte de la familia.

 

 

 “El dictamen del doctor Marrugo era que a la criatura
tenían que sacarla por parte, es decir desmembrada,
eso quería decir matarme para salvar a mi mamá”

 

 

“Entonces —continúa Martina—,  mi papá cogió una hamaca, organizaron a mi mamá, y se fueron por el camino del río, hasta llegar al puerto Come Miel, eso son como dos kilómetros, en medio de oscuridad y bajo tempestad. Por este suceso, mis abuelos y los de la cuadra me bautizaron como “Martina Carrera”. Y ahí esperaron, hasta que pasó una lancha y se embarcaron.

Quizá recordar hoy esa fecha lejana de 1989 en que Martina Camargo se subió a la tarima sea uno de esos momentos que hay que aprovechar para recordar que hace 30 años ella decidió seguir cantando los aires de tambora y transmitir toda esa fuerza del rio y las historias de la gente y la vida de su pueblo. Celebrar sus 30 años de vida artística es también reconocer su coherencia, su respeto por la tradición musical de la región y la alegría de su cuarta producción discográfica titulada Paisaje en tambora, que el próximo mes de febrero será presentada en la región.

Hay motivos para celebrar. Hay fechas para inventar también una celebración. Como sus 30 años de vida artística que se cumplirán en 2019, que recuerda la primera vez que ella triunfó en la tarima y marcó el inicio de una “Martina Carrera”, como aún siguen llamándola algunos de sus familiares, llena de amor por su río y por los aires tradicionales de tambora.

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