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María Lorena, la imprescindible de Santos

Bachiller del Iragua, colegio del Opus Dei, pero terminó en los Andes. Buscó a Santos para entrar al gobierno al que se entregó 7 X 24. Claves para entender el megapoder que acumuló

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Octubre 08, 2017
María Lorena, la imprescindible de Santos

La ministra de Comercio, Industria y Turismo es la mujer más influyente del país, maneja los hilos del poder desde la Casa de Nariño, es la escudera del presidente, y no tiene agenda política. Estas son las claves para saber ¿quién es María Lorena Gutiérrez?

De dónde viene

Sus ancestros están en Medellín y Rionegro, aunque sus padres provienen de una familia raizal de Manizales. Ella nació en Bogotá hace 49 años, el 1 de septiembre de 1968. Al estilo de las tradicionales familias antioqueñas, la de su abuelo podía llenar, apretados, las enormes mesas a la vieja usanza. Porque Fidel Gutiérrez Botero, su padre ya fallecido, fue el cuarto de los trece hijos de Guillermo Gutiérrez Jaramillo y María Botero Ángel — Fabio, Fabiola, Silvio, Fernando, Lilí, Arturo, Beatriz, Ruby, Gloria, Luz Stella, Alfredo y Marta Cecilia—. Su madre, Clara Inés Botero Jaramillo, al decir de quienes la conocen, es una emprendedora que hasta hace dos años se puso al frente de Fidel Gutiérrez Botero e hijos y Cía. Lda., la empresa que fundaron en Bogotá el 19 de abril de 1975 como distribuidora de “prendas de vestir y accesorios”, según reza el acta de constitución.

Con ella son cuatro los hijos de Fidel y Clara Inés. Su hermano Álvaro es actualmente ministro Plenipotenciario en los Países Bajos, María Fernanda, ingeniera de Los Andes, ha trabajado por quince años en IBM y hoy es directora del Programa de Talento Global del área de Negocios Digitales;  Juan Carlos, ingeniero javeriano ha ejercido durante veinte años en tecnología y se desempeña como Storage director para Latinoamérica en IBM. Ella es la ministra, la mano derecha de Juan Manuel Santos, la trabajadora 24 horas al día siete días de la semana, la frentera, la que odia que le digan doctora, la fumadora sin pausa.

Dónde estudió

En el Gimnasio Iragua, del Opus Dei, hizo el bachillerato cuando era rectora María Eugenia Merizalde de Bermúdez. Y en Los Andes, Ingeniería Industrial. Pero fue en la Facultad de Administración donde se consolidó en el mundo académico. Siendo decano Jorge Hernán Cárdenas, hermano del ministro de Hacienda,  viajó a la Universidad de Tulane para hacer la maestría en la Freeman School of Business y obtener el PhD en Administración con énfasis en Finanzas.

De regreso, y con Carlos Angulo como rector de Los Andes, fue directora del programa de pregrado y secretaria general de Administración, antes de llegar en el 2003 a la decanatura como sucesora de Cárdenas. Allí compartió con colegas como los decanos de Economía Alejandro Gaviria y Juan Carlos Echeverry, quienes luego serían ministros de Salud y Hacienda del gobierno Santos. En el ámbito universitario se reconoce que logró para la facultad tres acreditaciones internacionales: la EQUIS, de European Foundation for Management Development, la AMBA de la Association of MBA y la AACSB de la Association to Advance Collegiate Schools of Business, que forman la Triple Corona, máximo galardón de una escuela de negocios que solo tiene el 1 % en el mundo.

Incursionó en la consultoría privada con Jorge Hernán Cárdenas, como socio; constituyeron la sociedad Oportunidad Estratégica Ltda el 20 de agosto de 2002. La consultora adquirió presitigio y logró muchos contratos para asesorar entidades del gobierno. Maria Lorena se retiró en el 2010 cuando Juan Manuel Santos la llamó a formar parte de sus colaboradores.

Abandonó la academia para llegar al Palacio de Nariño. Y quienes con sorna decían que debido a su excesiva formación técnica los uniandinos están “de frente a Monserrate y de espaldas al país”, quizá ahora comprueben que están en el corazón del poder. Al lado de ella, en este gobierno han sido o son ministros María Ángela Holguín, Mauricio Cárdenas, María Fernanda Campo, Mariana Garcés, o embajadores como Gabriel Silva Luján, entre otros, todos egresados de Los Andes.

El ascenso al poder

Cuando Juan Manuel Santos fue elegido presidente decidió cambiar el chip. Dejar siete años de decanatura y otros tantos de consultoría para lanzarse a la política-gerencia. El último empujón se dio después del viaje a Caño Cristales con Sergio Jaramillo y Rubén Darío Lizarralde – quienes después serían comisionado de Paz y ministro de Agricultura- para estudiar proyectos agrícolas que servirían para llevar la empresa privada a la consolidación territorial, cuya estructuración podría hacer la universidad. Quedó convencida de querer entrar al gobierno y empezó a dejar caer la idea en reuniones sociales, hasta que se le despejó el camino. El mensaje le llegó a Santos a través de su amiga de Los Andes, la secretaria general María Teresa Tobón Rubio, cuyo hermano Santiago estaba casado con María Clara Rodríguez, la hermana de Tutina, esposa del presidente electo. Lo demás fue más sencillo. Entró al empalme aprovechando la cercanía con Fernando Carrillo, quien lo lideraba en el Palacio de Nariño.

El 11 de agosto de 2010, después de los dos días de reunión en Anapoima con los colaboradores más cercanos, el recién posesionado presidente la nombró alta consejera presidencial para el Buen Gobierno y la Eficiencia Administrativa. No había hecho parte de su campaña, no había trabajado en su Fundación Buen Gobierno, pero su palmarés en gestión atrajo a Santos que había hecho del buen gobierno una impronta y quería dar alguna señal de que eso no era solo una pose.

El bajo perfil que la hacía invisible a los medios, la eficiencia que le reconocen amigos y enemigos, y un sistema de semáforos para evaluar ministros fueron claves en la construcción del poder. “Escuelero” llamaban en voz baja al método de valoración, pero todos le tenían pánico a la luz roja. Y aunque algunos sostienen que esta es prácticamente la evaluación de una ejecución presupuestal que tiene tanto de largo como de ancho porque los recursos dependen de los desembolsos de Minhacienda, lo cierto es que, con el rojo, amarillo, verde, empezó el ascenso al poder y la confianza de Santos.

El gran poder

Un rosario de calificativos han inventado los medios para definir su poder. Desde “superministra”, hasta “la mujer del presidente”, pasando por el consabido “poder detrás del trono” o “la que manda en la Casa de Nariño”. Ese poder se manifestó en la carta blanca para recortar y pegar ministerios y dependencias en la reforma del Estado del 2011, en el bolígrafo —o el teclado porque no imprime una sola hoja— para elegir funcionarios AAA, en darle trámite a los asuntos más delicados, —coloquialmente, “lidiar chicharrones” — en el manejo del computador de Palacio (aunque ella dice que solo conoce el suyo).

Con Catalina Crane, pasó la cuchilla a trámites y dependencias como el DAS. Desde su despacho y en ocho meses, convirtió en seis tres ministerios, creó 22 entidades y reorganizó diez, por arte de magia nacieron siete agencias nacionales, diez unidades administrativas especiales, tres departamentos, una entidad industrial y comercial, y un instituto. Recomendó y prácticamente nombró las cabezas de esas entidades, con una prima técnica de 50 %, redondeando sueldos entre $20 millones y $30 millones que en seis años han costado lo que dos reformas tributarias de Minhacienda, de esas de $6,5 billones.  Con el gobierno en las manos ¿el poder para qué?, se parafraseaba a Echandía.

En la Casa de Nariño, por ejemplo, siguió acumulando poder, cuando por efecto de la reestructuración, redujo a cuatro las doce consejerías que alcanzó a tener el gobierno de Santos, y ella asumió esas funciones con un staff grande de gente sin kilometraje político. Manejaba también la relación con el Congreso, la agenda del presidente, y mientras Santos hizo la campaña de reelección, en Palacio la llamaban soto voce “La presidente”, por razones obvias. Su computador podría dar cuanta de los recomendados para el primer remezón ministerial y los descabezados de los políticos a quienes sacaba de taquito con dos preguntas técnicas en la entrevista.

Era también quien apagaba los incendios y asumía lo más conflictivo. Apagó el incendio de Minminas, y se hizo cargo transitoriamente del ministerio cuando Tomás González renunció dejando un racionamiento en ciernes por el fenómeno del Niño. Apagó el incendio de los licores cuando Santos fue duramente increpado en su viaje a Europa por los dueños de las marcas extranjeras en pugna con los gobernadores y las marcas departamentales. Apagó el incendio de los baldíos —que ya había costado la embajada en Washington a Carlos Urrutia— para armonizar las inversiones de los “cacaos” en la altillanura con los primeros puntos de la negociación en La Habana. Hizo parte del equipo con Juan Carlos Esguerra y Jorge Hernán Cárdenas para apagar el incendio de la Policía tras el escándalo de la Comunidad del Anillo.

Cuando renunció el 26 de septiembre de 2016 a raíz de la inclusión por parte de Santos del nombre de Nestor Humberto Martinez en la  terna para que el Congres escogiera el Fiscal, había sido secretaria general de la Presidencia —cuando Aurelio Iragorri pasó a Mininterior— , ministra Consejera —cuando Néstor Humberto Martínez llegó de superministro— , y ministra de la Presidencia —cuando Martínez dejó el cargo—, había tenido o tenía entre manos los Pines (macroproyectos estratégicos) de todos los sectores menos transporte y vivienda —de Vargas Lleras—, el cierre de la frontera con Venezuela, la crisis de La Guajira, la reforma del agro, el patrimonio sumergido, San Andrés posfallo de La Haya, los Tic, todo el sector de minas e hidrocarburos y el ingreso a la OCDE.

Era, en ese momento, la segunda persona más poderosa del gobierno, después del presidente. En eso, prácticamente, hay consenso. Tanto cuanto que Juan Manuel Santos prohijó ese poder delegado porque encontró alguien sin agenda distinta a la suya, con muy alta eficiencia, capaz de decir “no” cuando fuera necesario, y lealtad a toda prueba.

El combo y los rivales

El contrapeso de su poder es Germán Vargas Lleras y sus alfiles políticos. Entre ellos Néstor Humberto Martínez, fundador de Cambio Radical. Con ellos libró los más sonados pulsos de poder. A Néstor Humberto le ganó el primero. Cuando él llegó a la Casa de Nariño como ministro de la Presidencia hasta tuvo que dejarle su oficina contigua al presidente, pero finalmente ella se quedó con lo importante y él con lo urgente, él asignaba los cargos, ella era el filtro. Él regresó a su bufete. Perdió el segundo con Vargas Lleras y Martínez. Tras el “reality” con nombre de convocatoria y 150 aspirantes para elegir la terna para fiscal, el punto era si Santos ternaba a Martínez. Ella se opuso decididamente porque consideraba que Néstor Humberto jugaba en el equipo de Vargas Lleras y la Fiscalía del posconflicto necesitaba de alguien más comprometido con la paz. Perdió. Vargas Lleras dio una muestra de su inmenso poder. Ella se fue de inmediato. Desocupó su oficina a las tres de la mañana poco después de mandar la carta de renuncia a Santos que se encontraba en Nueva York.

La lista de los opositores sigue con Vicky Dávila quien renunció a la dirección de la FM, en el “caso de las 400 cajas de almendras de Palacio” y en medio de los rumores que la señalaban de haber pedido la cabeza de la periodista a los dueños. Sigue también con Mauricio Cárdenas porque, según los analistas políticos, ella no resiste los malos resultados económicos del Minhacienda que atentan contra la favorabilidad del gobierno, del que ha sido su escudera.

De su grupo hicieron parte “las mujeres de Palacio”, con el apoyo en la sombra de Tutina. Las más cercanas: las exministras Gina Parody y Cecilia Álvarez —hoy vinculadas al escándalo Odebrecht—. También Mariana Garcés, calificada por ella en una entrevista como una de las estrellas del gabinete —con María Ángela Holguín—, y la exdirectora de Bienestar Familiar, Cristina Plazas.

La indispensable

El portazo del 26 de abril de 2016 no impidió que Santos la nombrara su embajadora en Alemania. Un año después le estaba pidiendo que regresara. Casi diez puntos ha caído desde entonces la favorabilidad del gobierno y la imagen presidencial. En efecto, en diciembre anterior a la renuncia la encuesta Colombia Opina de Napoleón Franco le daba 34 % de imagen favorable, la de Pulso País 31 % en enero, y 34 % la del Centro Nacional de Consultoría en marzo de 2016. Aunque es imposible hacer alguna correlación entre esos resultados y la presencia de la “mano derecha e izquierda” del presidente, la evidencia indica que él sí lo cree.

Para este último año, en el ministerio de Comercio Exterior, tiene el ingreso a la OCDE, y  lo único que no tuvo en Palacio: el manejo del posconflicto. “María Lorena va a tener una gran responsabilidad en la construcción de la paz, en el posconflicto… Es un tema que debemos tener como prioritario y la persona en el gabinete que va a coordinar y va a asistir al comité de reincorporación va a ser la ministra recién posicionada”, dijo Santos. Lo que queda por saber es cómo no se enredarán los cables con Rafael Pardo, alto consejero de Posconflicto y el vicepresidente Óscar Naranjo, quien también trabaja en el mismo tema

“No me interesa la vida política. Si me interesara, el cargo que ocupo me serviría montones para proyectarme políticamente” (El Tiempo, Entrevista con María Isabel Rueda, 25 de agosto de 2014)

El lunar

Su poco olfato político,  sumado a su influencia sobre el Presidente y a la terquedad la llevan a armar bandos y divisiones en la Casa de Nariño que terminan agravando los conflictos y descabezando inocentes.

 

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