Opinión

María Jimena Duzán, un error táctico de la W

Seria, solemne, sin conecte con la gente en la radio, lo valioso de María Jimena es su pluma, y debería aprender algunos secretos de Vicky para enganchar la audiencia

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noviembre 18, 2020
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María Jimena Duzán, un error táctico de la W
María Jimena sería el equilibrio editorial de María Isabel Rueda y la manera con la que Julio se sacudiría del absurdo rumor en redes de que él es uribista

Si existe un jefe de medios que tenga ojo ese es Julio Sánchez Cristo. Contra todo pronóstico hizo que Maria C. Díaz nos hiciera olvidar de Camila Zuluaga y mezcló como un alquimista dos temperamentos tan diferentes como el flemático Hernán Peláez y el volcánico De Francisco. La W es el pan con el que me levanto cada madrugada. Lo sigo con la devoción de un creyente. Por eso tenía tantas expectativas con María Jimena Duzán. Sería el equilibrio editorial y de peso a María Isabel Rueda. La manera con la que Julio se sacudiría de ese absurdo rumor en redes de que él es uribista. Debo decir que estoy frustrado.

Durante años pensé que odiaba a María Isabel Rueda. Viendo lo plana que es Duzán, su absoluta carencia de ritmo, de manejar los tiempos, uno percata la maestría de María Isabel y lo difícil que es hacer parecer fácil un oficio. Ella no hace columnas, hace cerbatanas radiales. Sus dardos incomodan, molestan, pero nunca aburren. En medio de su ideología, con lo cual no me identifico en lo más mínimo, subyace una señora absolutamente encantadora, agradable. María Jimena no es eso. Ella se parece a lo que era Semana antes de la desbandada: densa, sofocante, seria, solemne. Sin conecte con la gente. Con razón se lleva tan bien con Doris Salcedo. Ella es lo que piensan los rolos aristócratas debería ser el periodismo.

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Los incondicionales mamertines, los que creen que Petro es un santo como Ho Chi Min, están felices por la llegada de María Jimena a la W

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Lo valioso de María Jimena Duzán estriba en su pluma. Los que intentamos escribir somos un fracaso hablando. Gagueamos, tartamudeamos. Y desde Semana nos dimos cuenta que María Jimena comete un error al tratar de llenar con su imagen todo el espectro de la comunicación. Los incondicionales mamertines, los que creen que Petro es un santo como Ho Chi Min, están felices por su llegada a la W. Eso les fascinó la denuncia que mandó a las siete de la mañana de un martes después de puente contra los Char. No hubo contexto, dejó hablar a su entrevistado por pasajes de más de dos minutos, no interrumpió porque no escuchó, no supo llevar el tiempo, algo en lo que Julio es un maestro y no pensó en los que estábamos escuchando y no sabíamos nada del asunto. La entrevista con Petro fue otro ladrillo. Petro hasta habló del cambio climático. Imagínense lo sofocante que fue.

Estoy seguro de que María Jimena sabe que hay un problema. Hoy esbozó una excusa que no está mal: hay animales nocturnos y diurnos. La Duzán habrá tenido que cambiar todo su horario para sobrellevar un espacio a las siete de la mañana, hora en la que la mayoría de seres humanos somos unos zombis. Con ese maestro que tiene seguro va a mejorar. Y si no mejora que se vaya. La W Radio es el mejor lugar para informarse y pasar un momento agradable. Son los maestros mayores y Félix me parece el mejor periodista de este país. Al menos el más confiable. Si se va a enladrillar por María Jimena es mejor que pasen por la pena y chao. Por cierto, debería aprender un poco de los secretos que tiene Vicky para enganchar a la gente. En vez del desprecio que generó la llegada de Dávila entre las vacas sagradas de Semana, hubiera sido bueno que intentaran entender cuál es el secreto para crear audiencia. Porque el autodenominado periodismo serio del país hace rato perdió enganche, empatía. Los periodistas respetables, con su insoportable arribismo, le dieron la espalda a lo que está dictaminando que un medio pueda continuar o morir: la captación del Gran Público.

 

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