María Cano y el grito de las luchas obreras en Medellín

Ella peleó por la igualdad y su voz se alzó por los menos favorecidos. Un texto en su memoria

Por: Sara Marín Valencia- Juliana Vergara Torres
noviembre 21, 2019
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María Cano y el grito de las luchas obreras en Medellín
Foto: Archivo Fotográfico Biblioteca Pública Piloto

Sus grandes y oscuros ojos estaban enmarcados por sus cejas negras, juntos resaltaban en su rostro de tez blanca. Su delicada cara encuadraba perfectamente con las ondas de su cabello.

Compañeros cercanos la describían como una mujer con fortaleza admirable, que tenía la capacidad de exaltar con su palabra ardiente multitudinarios grupos de personas y no se daba por vencida en la lucha por los derechos.

Se dice que tenía figura pequeña, delicada como una muñeca de porcelana, lo cual sin duda contrastaba con su fuerza para hacer escuchar a través de su voz las problemáticas sociales de las clases medias y bajas de Medellín y el país.

Esta mujer recibe el nombre de María de los Ángeles Cano Márquez, más conocida como María Cano. Nació en Medellín el 12 de agosto de 1887 y logró posicionarse como una gran figura política y sindical en Colombia, lo cual contrastaba irrisoriamente con su baja estatura.

La vida de María Cano estuvo marcada por altos y bajos que se manifestaron en sus mimetismos y apariciones en periódicos de la prensa local de la ciudad en la época, como El Colombiano y El Correo Liberal, así como su participación literaria en revistas culturales como Cyrano.

Su figura surge de forma fulminante en los años 20, los cuales representaron para la el país, momentos de convulsión, donde se presentaron transformaciones en la política y las formas de relación entre las diferentes clases sociales. Este contexto facilitó en gran forma el surgimiento de diferentes movimientos sociales que buscaban la reivindicación de sus derechos, derechos de los que María Cano se hizo vocera.

En el año 1925 es nombrada flor del trabajo y empieza a tener una mayor participación en la esfera pública y los movimientos obreros, así como en el 1° de mayo fiesta de trabajo: fecha conmemorativa en la que su figura era imprescindible.

Bajo un gobierno conservador, la figura de María Cano representaba un riesgo a las instituciones y normas ya establecidas en una sociedad acostumbrada al orden, bandera de la hegemonía conservadora.

En el año 1928, la imagen de María Cano adquiere una reputación que se esparce rápidamente en la prensa antioqueña y trasciende en la prensa nacional, su imagen revolucionaria y su activismo se acompañó con sus manifestaciones públicas, que dieron pie a la esparcimiento de rumores sobre una posible revolución impulsada por movimientos comunistas y socialistas, apoyados por diversos movimientos obreros en el país.

Por estos rumores en el país se esparce un miedo a la revolución que crece con los días. En El Colombiano se habla de una fiebre socialista, socialismo al que María Cano se uniría en años siguientes para fundar finalmente, con la ayuda de otros compañeros, el partido Socialista Revolucionario de Colombia.

La influencia internacional se ve plasmada en las páginas de varios periódicos donde se escribe sobre la lucha que habían emprendido diversos países de Europa como Francia, para controlar lo que denominaban como “amenaza comunista”.

En la ciudad de Medellín se murmura que los ánimos están levantados y se teme a un levantamiento socialista que estalle en una temida revolución, de la cual se dice ya había planes impulsados por varios líderes sindicales como María.

Alrededor de la revolución en marcha fue mucho lo que se dijo, las personas estaban a la espera, es por esto que entes oficiales dieron múltiples declaraciones informando que todo estaba bajo control y haciendo un llamado a la calma de los ciudadanos para evitar el pánico colectivo.

Se llegó a afirmar incluso que los socialistas estaban indignados con el gobierno y habían hecho una lista de personas ricas para exterminarlas cuando estallará la tan temida Revolución, porque “estaban cansados de recibir órdenes de sus patrones y los amenazaban con la pronta revolución” esto facilitó la difusión del terror, acompañado de una visión sujeta a la intemperie de las clases altas.

Antes de la fiesta del trabajo del primero de mayo son muchas las personas que hacen un llamado a la calma y a las manifestaciones en orden. Para el primero de mayo de 1928 se tenía una gran expectativa entre la población, muchos esperaban escuchas a tempranas horas de la mañana ruidos de armas o marchas de escuadrones, sin embargo nada de esto sucedió.

En un día como estos, la participación de María Cano no podía faltar y fue así, pues se reportó la visita de la flor del trabajo en Girardot, visita en la que se le vigila de forma constante.

La figura de María Cano y sus acciones encaminadas a la configuración de la identidad de la clase obrera lograron causar grandes molestias, muchos sectores políticos tradicionales exigieron la detención de la flor del trabajo, justificándose con el argumento de defender la patria ante el socialismo revolucionario.

Sin duda alguna María Cano se encontró sumida en un contexto político y social con espacios de participación muy cerrados, donde se encontró con grandes limitaciones en su campo de acción: la protesta social. Limitaciones que se agudizaron mucho más por el hecho de ser mujer, pero a pesar de esto María logró identificarse y tomar como propias las problemáticas que sufrían los trabajadores, luchar por la reivindicación de los derechos y posicionarse como una gran oradora pública con la capacidad extraordinaria de mover masas.

María Cano y el rol de la mujer en la sociedad

María Cano nunca se definió como feminista, pero los actos que hizo la convirtieron en un referente para muchos. Ella luchaba por la igualdad y su voz se alzó por los menos favorecidos; su trabajo con los grupos obreros y sindicales la pusieron en el ojo público y fue blanco de persecuciones por sus ideas.

Para esta época, la mujer que podía escribir para la prensa y dirigir o participar en medios de comunicación como periódicos y revistas, se identificaba con los estándares establecidos por la sociedad.

Estándares que crearon una idea de mujer ligada a la delicadeza y la sumisión, un deber ser que se promovió en muchos artículos de la época donde se instruía la mujer para ser buena esposa y comportarse según los lineamientos ya establecidos.

A la mujer de la época se le aconsejaba vestir con sencillez pero de forma elegante, sin lujos que espantaran los bolsillos de los candidatos a matrimonios. La modestia y la tímida reserva eran cualidades de suma importancia que les enseñaba a las mujeres a evitar esa ansiedad de lucirse.

Todo en ellas, hasta la misma ciencia, debía ser natural y lleno de amenidad. Estas características no definían los escritos de María Cano. Sus primeros escritos rebosan conciencia de una voz de mujer que siente, piensa y expresa, que no se ve inferior a los hombres, pero ve en la mirada de ellos una ceguera, propia de las utopías y los afanes con los cuales, solo ven de la mujer su carne.

Sus relatos, con tonos macabros a veces, dejan de lado esas utopías y muestran la naturaleza de los personajes, descubriendo el alma llena de deseos, sueños, penas, tan reales como ella con una con voz propia.

En estos relatos, literarios y poéticos, salta el accionar de las personas, figuras capaces de expresar emociones positivas como negativas, que se encuentran en medio de situaciones en las que reflejan toda su humanidad.

María Cano ya hacía parte del periódico El Correo Liberal cuando fue nombrada Flor del Trabajo. El anuncio de su elección dominó la portada del primero de mayo de 1925, acompañado de una fotografía suya.

En una de sus últimas apariciones públicas dijo:

[...] mi voz de mujer estimuló a las multitudes. Porque fueron multitudes como ríos las que afluyeron [...] a oír el mensaje de lucha que les llevaba. Extraño, pero más interesante, el hecho de que fuera una mujer la que sembrara esa llama de inquietud revolucionaria por los caminos de la patria. Extraño, pero lógico porque ya la mujer no estaba solamente en la casa, en el pequeño taller y en el campo de cultivo, sino también en las grandes fábricas, en el amplio comercio, en oficinas e instituciones. ¿No es lógico igualmente que la mujer esté con los mismos derechos del hombre en todos los frentes de la actividad económica, social y política de la nación?

La flor revolucionaria sembró sus semillas de lucha, llevando como bandera la defensa de los derechos de las clases menos privilegiadas y de las mujeres que se habían sentido reprimidas por años, María Cano idealizaba una ciudad y un país más equitativo para todos, sueños que aún siguen vivos.

Fuentes: Colección general de prensa, archivo de prensa universidad de Antioquia. El Colombiano 1925-1928, periódico El Correo Liberal, Revista Cyrano.

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