Margarita Londoño Vélez, una pluma divertida y cáustica

Una mujer admirable que supo combinar la academia, la escritura, el periodismo y la política con sus otras pasiones: las actividades agropecuarias y la naturaleza

Por: Alfonso Luna Geller
febrero 01, 2019
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Margarita Londoño Vélez, una pluma divertida y cáustica

Una de las personas a quien desde niño aprendí a apreciar mucho fue a don Luciano Echeverry, un hacendado de origen paisa pero quilichagueño como ninguno, que con sus compras para dotar de herramientas e insumos sus propiedades, cultivos y ganadería casi que desocupaba regularmente el inventario de mi padre, dueño de una de las primeras ferreterías de este pueblo nuestro. Obvia razón para estimarlo, respetarlo y admirarlo porque, además, su emprendedor espíritu impulsó el comercio y la agroindustria de esta región, en las décadas de los años 60 y 70, manifestando siempre especial cordialidad con todo el mundo sin importar condiciones sociales, invariablemente conectado con los demás, con sus necesidades, con sus ámbitos.

Don Luciano fue el padre de un personaje también muy estimado, con quien me precié de ser un buen amigo, don Luciano Echeverry Vélez, alcalde de Santander de Quilichao en dos ocasiones. Igualmente, de Luis Fernando y de Humberto, quienes infortunadamente fallecieron. Pero también de Edgar, Evert y Ligia, que gracias a Dios disfrutan de la vida, de sus familiares y amigos. La madre de ellos fue doña Ligia Vélez Marulanda.

Ligia, la hija, vive con su familia en la que fuera la famosa hacienda La Corona, uno de los lugares más hermosos de Santander de Quilichao por su ambiente legendario, campestre, bucólico, en armonía con su preservada naturaleza, a orillas del río Quilichao, donde se siente la libertad que nos ofrece la vida sin las estructuras y los problemas típicos de la ciudad, pero al mismo tiempo, ubicada a pocas cuadras del parque principal, el Francisco de Paula Santander. Una heredad urbana.

Otra persona que desde que la oí nombrar comencé a seguirla a través de los medios de comunicación fue a Margarita Londoño Vélez, porque he sido periodista y me gusta garabatear, me atraía la política cuando no había perdido su objetivo de servicio público y siempre he sido un lector incansable. Margarita captaba mi atención, me arrebataba su intrepidez y su talento (léase también en presente y futuro). Como ahora se dice, una admiración “virtual” por ella, pues supo combinar en su vida la academia, la escritura, el periodismo y la política, con otras de sus pasiones: las actividades agropecuarias y la naturaleza.

Una vez, ya hace varios años, me dijeron que Margarita, hija de Olmedo Londoño Vélez y Ester Vélez Marulanda, la hermana de doña Ligia, estaba viviendo en Santander de Quilichao. Me puse en la tarea de amistarme con ella. ¡Oh sorpresa! (¿todavía se dice así?) Resultó que es prima hermana de Ligia Echeverry Vélez y llegó para radicarse en predios de la hacienda La Corona. Mandrágora, es el nombre de su finca. Tenía unas ganas locas, como dice ella, de conocerla, saludarla y ser su amigo.

De Margarita han dicho que es caleña nacida en Bogotá, con un profundo ancestro paisa y un nostálgico cariño por Boyacá. Yo agregaría que notablemente caucana y en especial, quilichagüeña sensitiva.

Margarita es comunicadora social de la Universidad del Valle, cuenta con maestría en Periodismo de la Universidad Sao Paulo en Brasil y especialización en Administración de Comunicaciones en Estados Unidos. Fue directora del Diario Occidente; colaboró en la creación del canal regional Telepacífico; fue elegida senadora de la República para el período 1998-2002; y en dos ocasiones, candidata a la Alcaldía de Cali.

En la literatura infantil encontró una forma de hacer pedagogía, pues es invitada a los colegios a hablar de su extensa obra, que ha tenido gran acogida en toda América Latina. También es autora de literatura para adultos, poesía, ensayos, libretos y columnas de opinión. Actualmente es columnista en el diario El Espectador y en el portal Las2Orillas. Complementa todo su fértil ingenio con la caricatura y disfruta del trabajo en el campo; por eso, en La Corona, donde construyó su casa, también divina, puede estar en contacto con las cosas esenciales y simples de la vida y obtener la mayor parte de su inspiración para todo lo que le motiva su evidente talento.

Margarita, como todos los seres humanos, también ha tenido que superar situaciones difíciles. Hace unos 28 años su esposo Pedro José Supelano Sánchez y su hijo Pablo, de 10 años, fallecieron en un accidente automovilístico. Le quedó su hija Gabriela como principal apoyo y estímulo espiritual permanente. Años después formó un nuevo hogar con Rodrigo Garcés, pero no tuvo mayor trascendencia. También se sintió totalmente frustrada de la política por su paulatina degradación. Ahora enfrenta una enfermedad seria en una silla de ruedas autónoma, de última tecnología.

A pesar de ello, Margarita demuestra gran capacidad para recuperarse de estas situaciones traumáticas exhibiendo una personalidad optimista, que le permite convertir los problemas en retos, en oportunidades, siempre adobados con gran sentido del humor.

Al finalizar nuestra reunión, me obsequió su primera novela Esas ganas locas de matarlo, publicada en 2010, con dedicatoria a mi esposa y que el editor presenta así: Elisa empezó a sentir un día cualquiera unas tremendas ganas de matar a Fabio, su marido. Ella una psicoterapeuta, joven e independiente, había caído en las redes de un viudo rico y dominante, que convirtió poco a poco su vida en un encierro de lujos y condicionamientos sociales, donde no cabía más que el descontento y la frustración. Esas ganas locas de matarlo es una novela que nos hace reflexionar sobre la muerte, la verdad, la justicia, la libertad y la psiquis de ciertas mentes asesinas; una combinación de misterio, humor, romance y crítica al quehacer de las mujeres y al machismo masculino. Me adelanté a mi esposa y le dije que primero iba a leerla yo. Ella… a regañadientes me lo permitió.

Además, cuando le comenté a Margarita que tengo tres nietos que se llaman Juan Nicolás, Juan Ángel y Juan Sebastián, dijo: llévales a los Juanes esta obra de literatura infantil que la hice con mucho cariño: “Los goles de Juancho”. A propósito, esta es la presentación que hace de la obra la Editorial Norma: “Juancho es un niño que cosecha café con su madre en la zona cafetera de Colombia. Juntos emprenderán una aventura en busca del padre de Juancho, que los llevará por algunos de los más llamativos territorios de nuestro país. Ésta es una preciosa y conmovedora novela que no solo nos habla del viaje como descubrimiento de distintos lugares geográficos, sino también de la transformación interior de un niño y la manera en que alcanza sus sueños. Los lectores podrán ver en su viaje de búsqueda por Colombia la expresión de la constancia, el trabajo, la solidaridad y la amistad; y en las aventuras, los inconvenientes y las transformaciones de Juancho, la prueba de que cada uno es el autor de su propia vida y cómo es posible obtener fortaleza de las dificultades”. Los Juanes definitivamente me dijeron que tenía que aplazar mi lectura de este texto hasta cuando ellos lo hicieran ordenadamente.

Margarita no tenía en su biblioteca, el día de mi visita, un ejemplar de su segunda novela El día que llegó la ópera a Rosas, basada en las peripecias de la construcción de la carretera Popayán-Pasto. Esta obra, cuyo lanzamiento se realizó en noviembre de 2018, según la presentadora, es una “narración de la realidad y picaresca colombiana, aquella que ya nadie recuerda pero que refleja ese país donde se abrían carreteras a pico y pala y mula. Además unir Popayán con Pasto era urgente por las guerras continuas con el Perú. Ya todo es historia. Pero volverla presente en esa pluma divertida y cáustica de Margarita se convierte en una delicia”. Me quedó la tarea de adquirirla en cualquier librería del país. Así lo haré.

 

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