Mantener a siete hijos sola y dando clases de piano: la tragedia de Clara Schumann

Dentro del Festival de Música Clásica de Bogotá hay un homenaje a la primera profesora de piano de la historia y un símbolo de la lucha feminista

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abril 16, 2019
Mantener a siete hijos sola y dando clases de piano: la tragedia de Clara Schumann

Pensar que alguna vez creyeron de ella que era una retardada. Mientras sus hermanos jugaban en los bosques de Leipzig Clara Wiek se quedaba mirando el piano de la casa. La música le salía de los dedos. Además, estaba la amargura. En la Europa del siglo XIX un divorcio era un escándalo para la sociedad y un trauma para los hijos. Clara era la más sensible, la más atormentada y era tanto el dolor que no le alcanzaban las lágrimas y era tanto el dolor que lo único que le servía para desahogarse era el piano.

Después de un tire afloje en el que ella fue solo una muñeca de trapo su papá, el profesor de piano Friedrick Wiek se quedó con ella. Entonces a los 7 años dio un recital en un hospital infantil, a las 9 ya estaba encima del escenario del conservatorio de Leipzig, a los 13 conoció a un guapo y talentoso joven alumno de su padre. Robert Schumann se llamaba. Años de amoríos clandestinos hasta que se casaron en 1840 cuando ella tenía 21 años. Robert quería ser un gran concertista pero un accidente en su mano derecha lo obligó a dejar el piano. Desde entonces se tuvo que conformar con componer música.

Nunca disfrutó de la fama y prestigio. Robert murió 16 años después y a ella le tocó salir a dar clases por la ciudad. A Robert la melancolía lo acorralaba e intentó suicidarse tres veces hasta que la consiguió. A Clara Schumann le tocó a la fuerza ser la primera profesora de piano de la historia.

Quedó desamparada con siete hijos. Perderlo fue una tragedia pero también representó una liberación. Ahora por fin podría plasmar en un papel toda esa música que llevaba en su cabeza. Nadie sabe cuántas horas dormía Clara Schumann pero lo hacía todo. Mantener a siete hijos era una labor imposible a mediados del siglo XIX. A veces no podía costiar un médico, alimentarlos como era debido. Por eso, en los duros inviernos tuvo que enterrar a dos de sus hijos.

Si hubo un amigo que la ayudó fue Johannes Brahms con quien no hubo ningún tipo de contacto sexual. Brahms le abrió las puertas del jet set y la intelectualidad de su época. A sus conciertos, que se espaciaron cuando ya era una mujer madura, asistían Goethe y músicos que eran sus admiradores como Felix Mendelssohn, Frederic Chopin y Niccolò Paganini.

No escribió demasiadas obras. Según su diario personal no se creía una gran música. Incluso, después de ver tocar a Liszt empezó a dudar de su talento como pianista. “Alguna vez creí que tenía talento creativo, pero he renunciado a esta idea; una mujer no debe desear componer. Ninguna ha sido capaz de hacerlo, así que ¿por qué podría esperarlo yo?” escribió en alguna de sus tardes de angustia. Hasta poco antes de su muerte en 1890 realizó cuarenta giras por toda Europa. Siempre en escenarios esplendorosos, repletos de gente.

Doscientos treinta años después de su muerte Bogotá se viste de gala para homenajearla.

 

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