Los manizalitas insisten en la locura del aeropuerto y conducidos por un congresista pretenden sabotear la Autopista del Café de Manizales a Armenia y Cartago

 - Manizales cae por tercera vez

Por algún atavismo que ni sus más conspicuos historiadores han podido hallar, Manizales, la ciudad que se volvió orgullo nacional por su empuje a lo largo del siglo XX para reconstruirse luego de tres incendios mayúsculos ,ha caído en los últimos años en una atonía intelectual y empresarial que ya linda con la sinvergüencería. Enfrascados en una batalla por    seguir conservando unos símbolos de poder frente a Pereira y Armenia, insisten descaradamente en seguir botando plata de los impuestos de los colombianos en la locura inmarcesible de construir un aeropuerto de solo 1.500 metros de pista, donde quizás nunca lleguen aviones.

Acaban de adjudicar otra vez la misma obra ,en el mismo sitio  donde han fracasado dos intentos anteriores  

 Parapeteados  en ideas que podrían haber surgido como geniales   cuando se llegaba a Manizales en mula y se pensaba desde la incomodidad de una angarilla, o cuando se hacían cuentas con papel y lápiz, pero que ahora han sido revaluadas  cuando  en tiempos de la IA  se llega en autopistas de doble calzada  ,prefirieron volverse sinvergüenzas y convertir en renta eterna el deseo territorial de tener aeropuerto en Palestina. Acaban de adjudicar otra vez la misma obra ,en el mismo sitio  donde han fracasado dos intentos anteriores  y, por medio de una licitación pervertida a la única firma que hubo llenándola de alamares para que fuera legítima en su empeño.

Y como para volver necesario el aeropuerto necesitan retroceder en el tiempo y la única manera es sabotear la Autopista del Café que lleva de Manizales a Armenia y Cartago, se han dejado conducir por un personajillo  que más parece duende que congresista y quien se jacta de haber podido conseguir con Petro que le volvieran a dar 600.000  millones de nuestros impuestos para Aerocafé ( su fundo burocrático) y que ahora pretende convencerlo  que no renueve la concesión de la Autopista del Café, y  no se vuelvan a cobrar peajes porque el Invías puede  mantenerla en funcionamiento

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