Lucas Hill: la nueva promesa de música indie

El primer género musical que lo enamoró fue el rock, luego se fascinó por el jazz y hoy es un artista que le apuesta al indie y la producción de música para cine

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Julio 12, 2019
Lucas Hill: la nueva promesa de música indie

Mientras suena de fondo All the thins you are de Charlie Parker, se forma la silueta y voz de Lorenzo Márquez, un joven rolo, músico y compositor de 28 años. Su música está firmada con el nombre Lucas Hill: su seudónimo y nombre artístico. Tiene dos sencillos y ha hecho proyectos con Pipe Bravo y Pedro Rovetto, los artistas de Superlitio. La llegada al lugar artístico en el que se encuentra ha estado acompañada por dos grandes amores: el rock y el jazz. A los 12 años empezó a tocar guitarra obsesionado con Pink Floyd y Red hot chili peppers, no había otro género musical que representara el artista que quería ser. Hasta que, a los 16, el jazz se tropezó en su camino. No solo era el ritmo y el saxofón. Eran los músicos que parecían hermanos de los poetas malditos: sus vidas agonizaban y la música era lo único que respiraba sus heridas. No era solo una obsesión, había una fascinación que se despertaba cada vez que le ponía play a Charlie Parker y se dejaba hipnotizar sin premura.

Decidió entrar a la Pontificia Universidad Javeriana a estudiar música con énfasis en guitarra de jazz, pero al cuarto semestre el jazz puro y de la cultura negra volvió a tocarle el hombro y se retiró de la universidad. Tomó la decisión de entrar al conservatorio más importante de jazz, el New England Conservatory en Boston, y su primera determinación fue prepararse solo“Ponía mis discos favoritos, como Lester Young y Billie Holiday, y me los aprendía. Esa era mi práctica día a día, y entonces logré ganarme una beca en el conservatorio”. Lo había logrado, su preparación más grande había sido su compromiso, constancia y amor por el jazz. Al llegar a Estados Unidos comprendió las diferencias académicas que tenía ese país con Colombia: los músicos, los grandes músicos, se venían preparando para estar en el conservatorio desde que eran muy jóvenes. Tenía compañeros 5 años menores que él y descubrió que tenía que parar la guitarra. “No leo partitura tan bien. Mi aprendizaje ha sido de escucha”, y decidió coger el enfoque inicial en su entrada al conservatorio: la composición. Así fue como la guitarra se guardó por 2 años. Tuvo la vanidad y fortuna de tener maestros de talla mundial para revisar sus construcciones artísticas, “es como si tú fueras futbolista y una vez a la semana entrenaras con el Barcelona. Es algo así, ¿sí sabes?”, me decía mientras se sonreía al otro lado del teléfono.

La composición se convirtió en una estrategia de construcción y representación indentitaria de latinoamérica. Los paisajes se convirtieron en su musa, sobre todo los colombianos. “Por ejemplo: no se trata de hacer vallenatos, sino de mostrar el paisaje”, una apuesta diferente. Pero fue cuando volvió a Colombia que, viviendo en una casa en la Calera, lejos de todo el mundo, descubrió que la composición de canciones lo llamaba y le palpitaba en el pecho. “Dejé el jazz por tres razones. En Colombia es muy difícil hacerlo, no quería dirigirme a un público tan pequeño, a ese “nicho”, que le dicen, y además lo que siempre me cautivó del jazz fue su origen y esencia que responde específicamente a una cultura estadounidense negra… yo como latinoamericano viviría esa experiencia de una manera completamente diferente, y eso no era lo que yo quería”, y así fue como Bob Dylan se convirtió en uno de los referentes más fuertes para su composición. Esta imagen de cantautor de los años 60 se fortaleció y se convirtió en un hecho cuando la música en inglés fue su primera decisión. “Siempre hay una máscara con el idioma… en inglés se refuerza, pero en español todo es más cercano, la máscara parece caerse porque es tu idioma. Y me atreví”, y así empezó a dar conciertos musicales, y descubrió una nueva forma de grabar y vivir la experiencia de la música única: el jazz se graba con toda la banda, la demás es por capas, primero un instrumento y luego el siguiente. “Me encantó… era una nueva forma y me cautivó”, me cuenta mientras se ríe sabiendo que sus decisiones han sido una apuesta a descubrir quién es, pero también a la música.

En septiembre del 2018 sacó el sencillo sin nadie, en compañía de Santiago Periné, el guitarrista de Monsieur Periné. Un canción con matices de boleros que habla del amor, de cómo se vive y de todo aquello que queda tras la partida del mismo amor.
Su más reciente producción es Ceguera, la cual se lanzó en marzo de este año y ha sido de las canciones más escuchadas en Chile y Argentina. Además, Hill también le apuesta a la producción de música para cine.
Lucas Hill es un gran artista de la voz, como él mismo se denomina, pues en su trayecto musical no estuvo pensada la técnica vocal. Tal vez, sin saberlo, Hill es un artista del mundo y que vibra y se transforma con él.

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