Los violines sonaban mientras el Titanic se hundía en el Atlántico Norte

Hace 109 años el mundo registraba el accidente del famoso barco. Hoy recordamos la curiosa leyenda de los músicos que continuaron tocando durante la tragedia

Por: Jorge Eric Palacino Zamora
abril 16, 2021
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Los violines sonaban mientras el Titanic se hundía en el Atlántico Norte

Las aguas, natas espesas y gélidas, devoran cuerpos vivos mientras un rumor de violines y violonchelos es una señal, apenas audible, de la presencia de Dios en medio de aquel infierno en las profundidades del Atlántico.

El hundimiento del Titanic (14 y 15 de abril de 1912) ha agotado tintas y metros de película como uno de los temas que mayor atención ha merecido por parte de investigadores, historiadores, analistas, documentalistas y productores de televisión.

Sin embargo y para el tema que nos ocupa, que puede definirse como la banda sonora del hundimiento del Titanic, fue la laureada cinta del director James Cameron la que, en el pasado reciente, destacó en una celebrada escena la presencia de los músicos provistos de violines y chelos, acompañando el estrépito de pasajeros que intentan ocupar un lugar en los botes de emergencia. Una paradoja extrema que mientras las aguas lo cubrían todo se escuchara una música de sobrecogedoras notas y maravillosos acordes.

De acuerdo con el contexto histórico la versión según la cual fue el grupo de Wallace Hartley (director), Roger Bricoux, Theodore Brailey, Jock Hume, J.W. Woodward, Fred Clarke, P.C. Taylor y G. Krins el encargado de interpretar en los momentos finales la pieza Nearer, my God, to Thee (Más cerca, mi Dios, a ti), es fiel a la descripción tomada de uno de los sobrevivientes quien se refirió a la música que habría acompañado esas interminables horas de horror.

Entre los textos que recrean o compilan los incidentes de aquella trágica noche es la obra de Walter Lord, A night to remember (Una noche para recordar, 1955), la fuente documental de mayor credibilidad para acoger la versión de que fue aquella tonada de origen cristiano y escrita por Sarah Flower Adams la música que sonaba en medio de aquel caos de frías aguas y voces agónicas que se apagaban en el Atlántico Norte (1).

La canción está inspirada el pasaje bíblico del Sueño de Jacob que se recoge en el Génesis, según acotaron las notas de prensa de la época que con una mirada tocada de heroísmo, especialmente del lado británico, registraron los detalles del incidente a manera de bálsamo entre los relatos dolorosos de lo acontecido en el final del legendario barco.

El autor Geoff Tibballs en la obra El Titanic: La extraordinaria historia del barco a prueba de naufragios, citado por José Fajardo en A bordo del Titanic, indica: “Poco después de medianoche el violinista británico Wallace Hartley, de 33 años, se aposentó en la entrada delantera de primera clase con sus siete músicos para calmar a los pasajeros que empezaban a inquietarse. Cuenta la leyenda que algunos perdieron un tiempo valioso para alcanzar alguno de los botes salvavidas, ensimismados ante las canciones de la banda. Lo que sí es cierto es que muchos encontraron allí el consuelo que otros buscaban en los religiosos que había en el barco” (2).

A su turno Eduardo Martín de Pozuelo en el reportaje Tocar hasta Morir- Vanguardia cita el testimonio que “(…) Mary Hilda Slater hizo al Worcester Evening Gazette de Massachusetts EE. UU. el viernes 19 de abril 1912; solo 24 horas después de pisar tierra. Este relato sería base de toda la historia legendaria sobre los inmortales músicos del Titanic.

En este contexto, es plausible que Wallace Hartley Harley haya tocado una melodía de corte religioso y Nearer, my God, to Thee popularmente se adoptó, especialmente por la difusión que de este relato realizó el autor Walter Lord en su libro, a partir del testimonio tomado al oficial de radio Harold Bride, uno de los sobrevivientes, de haber escuchado la referida canción en los momentos de mayor dificultad.(3)

La historia de esa última canción y el papel heroico del violinista británico Wallace Hartley derivó en episodios novelescos como la venta del que habría sido su violín en un millón de euros, según lo documentó la Deutshe Welle en nota del 19 de octubre de 2013.

Esta pertenencia había sido encontrada junto al cuerpo del músico por los rescatistas del Mackay-Bennett el barco contratado en 1912 para recuperar los cuerpos de las víctimas del hundimiento del denominado Buque de los sueños.

El año anterior, la canción volvió a ser noticia luego que las violinistas Bonnie von Duyke y Emer Kinsella, quiene usaron chalecos salvavidas, interpretaran el tema en un supermercado de Los Ángeles a manera de protesta por la situación de los artistas tras varios meses de la pandemia. Un mes más tarde 800 músicos de 55 países la tocaron en un video especial. Han pasado 109 años y la llamada canción del hundimiento del Titanic nos conmueve hasta lo indecible, quizá porque se advierte en sus acordes un sonido de esperanza.

Cita comentada (1) A nigtht to remember. Editorial Henry Hotl and Company. Estados Unidos. 1955.

Cita (2) Geoff Tibballs. El Titanic: La extraordinaria historia del barco a prueba de naufragios. Editores Club Internacional del Libro. Referido por José Fajardo en A bordo del Titanic, El Mundo de España especiales, abril de 2012. 

Cita comentada (3) Walter Lord A Nigtht to rememberg. Editorial Henry Hotl and Company. Estados Unidos. 1955.

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