Los tiempos de la guerra son ajenos al dolor de los ucranianos

Pareciera que el mal de ojo persigue a Ucrania por su posición geográfica que lo ubica como punto de intersección entre Rusia y Occidente...

Por: Franz Henao
mayo 26, 2022
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Los tiempos de la guerra son ajenos al dolor de los ucranianos

Pareciera que el mal de ojo persigue a Ucrania por su posición geográfica que lo ubica como punto de intersección entre Rusia y Occidente. Es una tierra en la que Moscú no ve con buenos ojos que tenga sus propios intereses o que desee hacer las cosas a su manera o que ponga en peligro su seguridad o que se abrace a su enemigo.

Para el ‘taller de relojería’ del Kremlin, que es muy poderoso, y está por encima del presidente Putin, y es una filosofía de vida que llevan en los tuétanos, Ucrania es “cabeza de puente” occidental en una lucha interminable contra Rusia.

En la Rusia postsoviética se engendró lo que Kissinger llamó un “dolor fantasma” que se incubó al ver que, “la carne de la carne”, se había escindido de la matriz mediante la independencia de Ucrania y Bielorrusia, que nunca fue bien vista por las autoridades del Kremlin, al contrario, producían resentimiento, ira contenida, además, veían al hermano ucraniano, que era pequeño desde el punto de vista ruso, como arrogante, dispuesto a seguir su propio camino y, lo peor, arrojarse a los brazos del adversario.

Semejante rompecabezas aboca a Ucrania a un dilema insoluble: Si elijo a OTAN Moscú estalla, si elijo a Moscú Europa cruje de ira y me enemisto a Washington que es tan abrasivo como Moscú, ser yo misma ¿es una entelequia inalcanzable? ¿un deseo irrealizable? ¿una realidad zombi que anida solo en mi imaginación?

Una potencia en desmedro de su valía

A semejante panorama le sigue que Rusia siendo el país más grande del mundo por extensión y además rico, privilegiado en riquezas energéticas, en insumos, pero con una prosperidad desigual, se siente “acorralada y acosada”, desterrada del círculo de los grandes, según escribió Rüdiger von Fritsch, embajador alemán en Rusia de 2014 a 2019, en su libro “El camino de Rusia”. La potencia mundial desmantelada quiere reconquistar sus oropeles de gran potencia, como lo tuvo en Yalta.

Este podría ser un leitmotiv recurrente para explicar la guerra de Ucrania: La obsesión de Putin por recuperar la influencia de Rusia. El líder ruso “está claramente interesado en un lugar en los libros de historia”, cree Fritsch.

Esa megalomanía está solo al alcance de un autócrata, convencido de sí mismo, que quiere reafirmar su poder –de raíces hondamente zaristas- y posicionarse en su misión histórica basada en la creencia de que el adversario, Occidente, actúa por soberbia, por imponer su voluntad y por “contener el desarrollo de Rusia”, que es “la fuente de la política tradicional estadounidense hacia Rusia”, como dijo Putin en su discurso del 21 de febrero.

Otro leitmotiv no es otro que mirar a la figura de Stalin que simboliza el ascenso de la URSS como potencia mundial que los actuales dirigentes políticos de Moscú quieren poner de nuevo en vigencia. Dictador soviético. Medvédev y Putin. Se le estiliza como un importante modernizador “sin mencionar la brutalidad y los inmensos sacrificios que supuso su gran proyecto de industrialización en los años 30”, como dice el historiador Stefan Creuzberger en su libro ‘Stalin: político e ideólogo del poder’.

Los sonámbulos

Así, si seguimos el curso del acervo de las circunstancias mencionadas, la guerra era inevitable y puede seguir su marcha hasta donde quiera llegar, parece que le han extendido un cheque en blanco. La tragedia de Ucrania semeja un baile de sonámbulos, van, vienen, giran dos pasos adelante, uno atrás, sin exactamente saber cuál es el ritmo que siguen. Son movimientos de autómatas, que van al buen tuntún, à la diable.

Henri Guaino, exasesor de Nicolás Sarkozy, escribió en Le Figaro el 16 mayo que “caminamos hacia la guerra como sonámbulos”. Hace referencia a la guerra de 1914 que se inició sin querer queriendo. “En 1914, ningún líder europeo estaba loco, ninguno quería una guerra mundial que mataría a 20 millones de personas, pero juntos la iniciaron”, escribe Monsieur Guaino.

No deja de haber reflejos de esa terrible guerra hoy, 92° Día de Guerra en Ucrania, mayo 26. Los líderes políticos europeos actúan como sonámbulos sin medir las consecuencias y aunque se avizore el precipicio. Guaino hurga en la herida y la deja al descubierto: “la Alianza Atlántica se transformó en una alianza antirrusa”. Occidente, enajenado, rechaza esta razón simple y escueta. Evidente para un niño de 8 años, si se le cuenta la historia de forma ecuánime.

E insiste, Estados Unidos y la Unión Europea acercando sus fronteras a Rusia, “han despertado en los rusos el sentimiento de cerco que ha estado en la raíz de tantas guerras europeas”, señala Guaino. Remata desolado su visión porque no ve voluntad diplomática ni ánimo para desescalar la guerra, por parte de cada lado.

Los tiempos de la guerra parecen histéricos

Así la detestemos, la guerra ya está ahí, tangible en su locura infernal. Empezarla es fácil. Cuando se inicia, el soldado se transforma en un robot de disparar, al recibir la orden. Pero detener esa máquina infernal ya no es tan fácil. Es como si generara una adicción macabra. La razón pierde los vectores que permiten esperar decisiones moderadas, sensatas, cuerdas.

La pregunta que un alienígena recién aterrizado se plantearía al ver, con ojos saltones, el horrible espectáculo sería: Pero, díganme, ¿quién quiere esa guerra de Ucrania? “Mire Usted, esto es un enigma, porque, aquí en el Glóbulo Terráqueo, hay una fuerza centrípeta llamada ‘poder invisible’ que parece mover a las personas como si fueran piezas de ajedrez. Esta teoría la expuso hace más de 100 años un señor irlandés de apellido Wilde, que falleció precisamente víctima de esa fuerza misteriosa que él describió de manera ambigüa”, le responderían los gnomos del bosque.

Las élites militares ucranianas no saben exactamente hacia dónde se dirigen. Sus objetivos son dispersos. Y no hay una idea clara de cómo podría ser el final de la guerra [-¿acaso Putin lo sabe? Casi con certeza que no-]. Zelenski quiere concentrarse en las áreas controladas por Kiev antes del 24 febrero.

Pero para el jefe inteligencia militar ucrano, Kyrylo Budanov, la guerra solo terminará cuando Crimea esté bajo control ucraniano.

Budanov dijo a mediados de mayo en Sky News que Ucrania recuperaría el control de todas las áreas para fin de año, incluida la península de Crimea.

Pero Zelenski en videollamada el 24 mayo, con el portal de noticias norteamericano AXIOS, dijo que considera que los posibles costos de recuperar Crimea son demasiado altos: “Creo que eso significaría cientos de miles de bajas de nuestro lado”.

El general retirado alemán, Klaus Wittmann, de la Bundeswehr, en el diario WELT, 25 mayo, declara: “Hay que ser realista: la potencia de fuego de Rusia es muy superior”

“La guerra durará muchos años”

Tal es la opinión del historiador militar Sönke Neitzel, el 21 mayo en FAZ. Criticó que el Canciller alemán Olaf Scholz llame a un alto el fuego. “Comprensible pero ilusorio”. Neitzel ve que ninguna de las partes está tan debilitada militarmente como para necesitar negociar para evitar la derrota total.

Las tropas de Moscú se están atrincherando en el sur de Ucrania a lo largo del puente terrestre hacia Crimea y en el este de Ucrania se acercan a controlar y mantener las regiones del Donbass de Donetsk y Luhansk. Para desplazar el frente –dice Sönke- Ucrania tendría que establecer una superioridad de al menos 3 : 1 y ganar superioridad aérea para cortar las líneas de suministro rusos. “No confío en que los militares ucranios lo hagan”.

En opinión de Neitzel, lo que se ha conseguido podría ser suficiente para Putin por ahora. “Podría ser la estrategia de Putin para luego dejar que el enemigo corra hacia las posiciones rusas y desangrarlas lentamente”.

Por encima de todo, las mujeres de Ucrania quieren que la guerra continúe.

Un editorial 20 Mayo del diario NYT insistía en que “una victoria militar decisiva de Ucrania sobre Rusia, en la que Ucrania recupere todo el territorio que Rusia ha ocupado desde 2014, no es un objetivo realista”.

Pero en Ucrania esto es tabú. Nadie piensa en ceder terreno. El jueves 19 mayo, POLITICO, reunió un grupo de alto nivel de mujeres ucranias.

Ellas tienen claro quién cree que es su problema en el gobierno Biden: no es el Pentágono o el Departamento de Estado, o el Congreso que presiona a la Casa Blanca para que negocie. Es Jack Sullivan, Consejero de Seguridad Nacional, lo que les preocupa. Para ellas es incomprensible y repudiable ver a Sullivan dispuesto a negociar con Moscú para permitir que Estados Unidos vuelva a preocuparse por China.

Sullivan es el hombre que puede firmar la paz. Estados Unidos, desde hace muchos años, sabe que el problema ahora no es Rusia sino China. La posibilidad –dependiendo del resultado de la guerra- de una entente ruso-china, sería un gran inconveniente para los americanos, un gran dolor de cabeza.

Ellas no entienden de realpolitik. Hanna Shelest, editora de Ucrania Analytica, dice “La represión es más fuerte en el territorio que Rusia ha ocupado (desde 2014). Calla que los neonazis del Batallón Azov han adelantado limpiezas étnicas contra los rusoparlantes.

Olena Davlykanova, de la fundación Friedrich Ebert Ucrania opina: “Si, por ejemplo, nuestro Gobierno dijera mañana: ‘entreguemos un poco de territorio’, el pueblo ucraniano los echaría y seguiría luchando a nivel local”.

Pero las armas nucleares, ¿no cuentan?

El Congreso y la Casa Blanca debaten, dudan, temen, si ofrecer a Ucrania armas de largo alcance. Duda razonable porque en Ucrania hay poderosos grupos neonazis. ¿Esas armas allí, en qué, dónde y contra quién se usarían exactamente? El riesgo existe y es un peligro inminente, incluso para someter a la misma población de Ucrania que no comulgue con el régimen de Volodimir Zelenski.

Para ellas las dudas son pretextos. Piden armas de largo alcance. Tetiana Shevchuk, del Centro de Acción Anticorrupción de Ucrania, llegó a calificar de “tonterías” las afirmaciones de que entregar armas pesadas a Ucrania aumentaría la posibilidad de un conflicto nuclear, como creen los principales estrategas militares.

¿Sabrán ellas el arsenal nuclear que posee la Federación Rusa? Y que Putin ya lo ha dejado claro: no está jugando a que te cojo ratón, a que no gato ladrón. Para ellas solo existe el nacionalismo a ultranza, de corte Stepan Bandera, por su actitud fundamentalista.

Es lícito preguntarse, ya que son mujeres que manejan la opinión pública: ¿No estarán ellas defendiendo sus parcelas de poder, bajo la pretendida bandera del amor a la patria? Son funcionarias de alto perfil, con sus necesidades resueltas, sin las angustias de los 6 642 659, según ACNUR, a 24 mayo, de ucranianos que huyeron de su país, o de los 8,5 millones de desplazados y desnutridos dentro del propio país. Son 20 millones de seres que vagan como almas en pena condenadas a vivir en el infierno, y a las que amputaron sus sueños y las despojaron de su voz.

¿La guerra se convirtió en un negocio redondo para Ucrania?

Paradójicamente un país que antes del 24 febrero –día del inicio de la operación militar especial de Putin- estaba al borde de hacer crash, debido a su mala gestión y a la corrupción interna, con la guerra se puso en la cresta de la ola de la opinión mundial y las sumas de dinero no dejan de ingresar en sus arcas.

Desde la anexión de Crimea en 2014 hasta febrero de 2022 Ucrania a pedido préstamos por 61.000 millones de dólares, a prestamistas externos.

Desde el inicio de la guerra, 24 febrero 2022, –en tres meses- ha recibido cerca de $60.000 millones de dólares por parte de Estados Unidos. $1.300 millones del Fondo Monetario Internacional. $350 millones del Banco Mundial.

El 20 de mayo en Berlín, el G7 prometió $19.800 millones de dólares para las finanzas de Ucrania y así “cubrir el déficit financiero y asegurar el suministro de los servicios básicos”.

Zelenski y su ministerio de Economía han pedido $7.000 millones de dólares mensuales, durante seis meses, para evitar el colapso total de país.

Y quedan por establecer las cifras finales de la reconstrucción, que la Unión Europea ya se ha comprometido a adelantar.

La guerra de los rusos le ha caído a Ucrania como agua de mayo. Entretanto, si cae Severodonestk, el óblast (provincia) de Lugansk pasará a manos de Vladimir Putin. Pero en la cumbre de DAVOS, Suiza, el canciller alemán, Olaf Scholz, dice el jueves 26 mayo, que está “convencido” que Rusia no ganará la guerra, ni Putin “dictará” cómo tiene que ser la paz. Es decir, que la diplomacia que invoca Henri Guaino, quedó empolvada en el desván, como cualquier trasto en desuso.

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