En los últimos años ha comenzado a aparecer en redes sociales y espacios juveniles un fenómeno que llama la atención y genera debate: el de los llamados therian, personas que afirman identificarse espiritual o psicológicamente con un animal.
Aunque no se trata de un movimiento masivo, el tema ha despertado preocupación entre padres, educadores y especialistas, particularmente porque parece presentarse con mayor frecuencia entre adolescentes y jóvenes que se encuentran en una etapa de construcción de su identidad.
El fenómeno therian consiste, en términos generales, en que una persona siente una profunda identificación con un animal específico —como gatos, lobos o perros— y, en algunos casos, llega a comportarse como tal. En redes sociales circulan videos de jóvenes que caminan en cuatro patas, usan accesorios como colas o máscaras, o dicen experimentar una conexión interna con ese animal.
Para muchos observadores, el punto central de preocupación surge cuando la persona expresa rechazo o incomodidad con su propia identidad humana. Desde esta perspectiva, el problema no sería simplemente que a alguien le gusten los animales —algo completamente normal—, sino que la identificación llegue al punto de querer “ser” uno.
Padres y adultos suelen preguntarse cómo reaccionar si un hijo expresa este tipo de sentimientos. Algunos especialistas consideran que lo primero es escuchar y comprender el contexto emocional del joven, pero también establecer límites claros cuando ciertas conductas puedan afectar su bienestar físico o psicológico. Por ejemplo, adoptar conductas que impliquen caminar constantemente en cuatro patas o exponerse a situaciones que puedan causar daño físico.
Además, este tipo de manifestaciones puede tener distintos significados. En algunos casos podría tratarse simplemente de una forma de expresión o de juego dentro de comunidades de internet. En otros, podría estar relacionado con procesos emocionales más profundos, como ansiedad, búsqueda de pertenencia o dificultades en la construcción de la identidad.
Algo para tener muy presente es que también puede ocurrir que el entorno social del joven no reaccione de manera comprensiva. Algunos compañeros podrían rechazarlo o incluso burlarse, tratándolo como si fuera una mascota. Estas situaciones pueden aumentar la confusión emocional y reforzar una conducta que, en el fondo, puede ser una forma de evasión de la realidad.
Por esa razón, cuando la identificación con un animal se vuelve persistente y comienza a interferir con la vida cotidiana, algunos especialistas recomiendan buscar orientación psicológica. El objetivo no es juzgar al joven, sino comprender qué está ocurriendo y acompañarlo en el desarrollo de una identidad saludable y estable.
En este proceso es fundamental que los padres establezcan límites claros y serenos
En este proceso también es fundamental que los padres establezcan límites claros y serenos. Comprender al hijo no significa validar todas las conductas; es importante recordarle que es un ser humano y que se debe comportar como tal, y ayudarlo a entender que este tipo de fenómenos puede ser una forma de evasión frente a dificultades emocionales.
Es importante señalar que el fenómeno therian sigue siendo minoritario y no representa a la mayoría de los jóvenes. Sin embargo, el hecho de que circule ampliamente en redes sociales hace que genere inquietud entre muchos adultos, quienes temen que se convierta en una tendencia que influya en adolescentes particularmente vulnerables.
En última instancia, el desafío para familias y educadores es encontrar un equilibrio entre comprender las nuevas formas de expresión de las generaciones jóvenes y, al mismo tiempo, orientar y acompañar su desarrollo personal. La conversación abierta, el acompañamiento y, cuando sea necesario, el apoyo profesional, pueden ser claves para abordar este tipo de situaciones.
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