Opinión

Los territorios mágicos de Ofelia Rodríguez

La obra de la artista barranquillera tiene la ambigüedad y la riqueza de la experiencia moderna y su perfil Pop de asociaciones libres nos habla también de Surrealismo

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diciembre 05, 2020
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Los territorios mágicos de Ofelia Rodríguez
Ofelia Rodríguez es sin duda una artista latinoamericana, su peculiar manejo del color, los objetos, los animales, las calaveras responde a un gusto por la exuberancia de lo popular

La última vez que la vi fue en una exposición en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, sus exóticos atuendos, su alegre carcajada, rodeada de sus obras. Eso fue en el 2010.  Hoy en día vive en su mansión de Cartagena, camina sola, canta, baila, ausente, perdida dentro de sí misma en el mundo cruel del Alzheimer, lejos de los mundos que solía crear con su arte.

La obra de Ofelia Rodríguez tiene la ambigüedad y la riqueza de la experiencia moderna. Su perfil Pop de asociaciones libres nos habla también de compañías cercanas al Surrealismo. Se trata de un mundo de pinturas y objetos que se complementan. Los títulos son anotaciones de pie de página que nos retienen entre dos mundos. Como anotó alguna vez Robert Venturi en un dogma arquitectónico: “Prefiero los híbridos a los puros, los comprometidos a los limpios, los ambiguos a los articulados… ” preferencias que nos atañen porque siempre en la obra de Ofelia Rodríguez está  tanto lo híbrido de los objetos  como lo limpio en su manera de utilizar el acrílico, lo ambiguo nos lo deja en sus títulos, lo articulado en sus obras.  Cada una representa un mundo de sueño y realidad. Son mundos paralelos que se juntan en un bello equívoco.

 

Paisaje flotando con cuernos, 1993

Como siempre el primer rincón del mundo está en la infancia. Barranquilla, en donde nació en 1946, marcó definitivamente sus recuerdos que se asoman al jardín familiar donde había palmeras, habitaban iguanas, y escuchaba sentada en una mecedora de sus mayores las historias que hacen parte de su relato.  Asociaciones que nos muestran la libertad de poder reinventar un mundo mágico.

Tuvo como profesor a Alejandro Obregón cuando era apenas una adolescente, después vino Bella Artes en los Andes donde la marcó la cercanía con Santiago Cárdenas. Se graduó en maestría en Bellas Artes en la universidad de Yale en donde conoció a su marido sueco, Rurik Ingram. Estuvo muy cerca del desarrollo del movimiento Pop en los Estados Unidos y en Londres, pero sus instintos fueron más fuertes, sus raíces más sedimentada, y fue creando su propio universo.

Ofelia Rodríguez conoce contrastes exóticos, representa su cuerpo con fotocopias que distorsiona y los pega en su otro mundo, el collage, estando ella presente en la relectura de su cuerpo. Sus trabajos son fragmentos de distintas realidades que se unen de una manera específica y que son imposibles de disociar de un subconsciente que tiene una geografía pictórica propia. La utilización del color fuerte o el objeto aislado de cualquier contexto crean choques que vienen a ser las coordinadas de su arte hermético donde casi siempre hay un silencio.

 

Sueño herido pero no vencido, 1991

Aunque Ofelia Rodríguez vivió la mayor parte de su vida en Londres es, sin duda, una artista latinoamericana. Su peculiar manejo del color, de los objetos, de los animales, de las calaveras responde a un gusto por la exuberancia de lo popular, por el camino atrevido de las cosas inusuales, por los significados múltiples donde cada cual tiene su propio espacio para observar y soñar. Sus cuados son geografías inhóspitas donde se mueven imágenes crípticas.

Sobre su obra el escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez dice: “En la estética de Ofelia Rodríguez hay otras marcas profundas, además del desbordamiento fantástico, que hacen únicas sus piezas. Su colorido tiene un eco del arte popular de varios países latinoamericanos, pero Ofelia Rodríguez introduce en esa gama vibrante un juego sutil de combinaciones que es capaz de convertir cualquier grito colorido en modulación y por lo tanto fuerza. Sus colores mismos seducen y se nos ofrecen como sutileza en una gama alta… De las obras de Ofelia Rodríguez emana una gran sonrisa que es sin duda pasión vital, una mirada irónica ante la presente estabilidad del mundo, y la alegría de estar en medio de una creación sin fin de desbordamientos fantásticos. Si el humor es reírse llanamente de las cosas y la ironía es reírse con ellas, lo de Ofelia Rodríguez es ironía plena. Y cuando se trata de resquebrajar las sombras estiradas de la sociedad, la ironía entra más a fondo que el humor, con dardos más certeros y dulcemente envenenados.”

 

Paisaje con chupos volando, 1995

La gran ironía de su vida es que ahora deambula por un mundo para nosotros desconocido, pero en el que seguramente habitará toda la magia que hace grande su obra.

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