Los “Sietes” del conflicto palestino-israelí

"Medio siglo ha trascurrido desde aquel junio de 1967 cuando estalló la guerra de los seis días"

Por: Marcos Peckel
febrero 22, 2017
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Los “Sietes” del conflicto palestino-israelí

La primera que vez que se planteó la partición  de Palestina/Israel fue en 1937 en pleno mandato británico cuando se hizo obvio que había dos pueblos, el judío y el árabe-palestino persiguiendo  la realización de su sueño nacional en un  pequeño territorio de 20 mil kilómetros cuadrados.  En momentos que  arreciaba la violencia comunal, la corona británica despachó  una Comisión  Real  a la zona encabezada por Lord Peel  la cual propuso  la división del territorio en dos autonomías, judía y árabe,  conducentes posteriormente  a  dos Estados independientes.   El estallido de la segunda guerra mundial dos años después impidió  que las recomendaciones de la comisión Peel fueran  consideradas  por la autoridad mandataría,  sin embargo  nacía  el concepto de dos Estados para dos pueblos como única solución justa al  conflicto israelí-palestino, de eso hace ya  80 años.

40 años antes, en 1897 sesionó  en la ciudad suiza de Basilea el primer congreso sionista convocado por el periodista judío  vienés Teodoro Herzl   quien tres años antes había escrito en alemán  el libro,  “El  Estado Judío”,  en el cual planteaba que los judíos serían libres únicamente si construían  su propio Estado en  su tierra ancestral.  La revolución francesa,  la ilustración europea, los decretos de tolerancia religiosa y la modernidad no habían logrado extirpar el antisemitismo prevaleciente en amplios sectores de las sociedades europeas  y el caso Dreyfus en Francia y la elección como alcalde de Viena de  Karl Luger   exponente del más  rabioso  racismo y odio a los judíos,  convenció a Herzl que sólo la autodeterminación nacional rompería las cadenas de  las persecuciones y marginación del pueblo judío.  El Holocausto en la segunda guerra mundial  probaría de manera trágica la certeza de sus palabras.  En 1897 nacía el movimiento sionista cuyo objetivo era la creación de un Estado Judío en la tierra de Israel.

Hace cien años,  en 1917, el sionismo obtendría  su mayor victoria diplomática con la promulgación  por parte del gobierno británico de la declaración Balfour en la cual se  manifestaba  el apoyo de la Corona Británica a la “creación de un hogar nacional judío en Palestina”.   Al ser incorporada por la Liga de las Naciones  en el preámbulo del texto del mandato británico en  palestina, la declaración Balfour  constituye  un documento  de derecho internacional al igual que el reconocimiento del “innegable vínculo histórico del pueblo judío con la tierra de Israel”  incorporado igualmente en el texto del mandato.

En un otoñal  día de noviembre de 1947, hace 70 años,  La Asamblea General de  Naciones Unidas adoptaba una de  las  más trascendentales resoluciones en su historia.  Por 33 votos a favor, 13 en contra y 11 abstenciones  aprobaba la recomendación mayoritaria  de la  UNSCOP  - Comisión de Naciones Unidas para Palestina-,  formada meses antes por el Consejo de Seguridad del ONU de dividir el territorio.  La resolución  181, conocida como la Resolución de Partición establecía la creación en Palestina de  dos  Estados: Un Estado judío y un Estado árabe. Ratificaba de esta forma  la solución de dos Estados  al conflicto palestino-israelí.  Lamentablemente la guerra que los países árabes le declararon a Israel el mismo día de su independencia, 14 de Mayo de 1948 y  la negativa de los árabes  a aceptar la resolución 181, evitaron la creación del Estado árabe- palestino.  Cisjordania, que debía ser parte del Estado árabe-palestino  fue anexada por el Reino de Jordania mientras que Gaza quedaba bajo administración militar egipcia.  No existe  resolución alguna de  Naciones Unidas de esos días exigiendo que Cisjordania y Gaza fueran revertidas a los palestinos  tal como lo estipulaba la resolución de partición.

Medio siglo ha trascurrido desde aquel junio de 1967 cuando estalló la guerra de los seis  días. Frente a  la retórica belicista  y amenazas  del  presidente  egipcio Gamal  Abdel  Nasser, su incumplimiento  con los acuerdos de separación  de tropas  en el Sinaí, la expulsión de los cascos azules, el cierre de los estrechos a la navegación israelí por el mar rojo, el avance de sus tropas  por el   desierto hacia  la frontera con Israel y  el  emplazamiento   de los ejércitos de  Siria y  Jordania  bajo  mando  unificado egipcio,  Israel lanzó  un demoledor ataque aéreo  en la madrugada del 5 de junio  que daría comienzo a la conflagración  la cual   concluiría  seis días después con la ocupación por parte de Israel de la península del Sinaí, las alturas del Golán, Gaza y Cisjordania.  1967  fue  además el escenario de dos significativos  eventos diplomáticos: la cumbre de la Liga Árabe  en Jartum, Sudán   tras la guerra de los seis días en la que los países árabes emitieron sus famosos “tres no”:  no al reconocimiento a Israel, no a la negociación, no  a la  paz y  la adopción por parte del Consejo de Seguridad de la Resolución 242, la más importante desde entonces  respecto al conflicto palestino-israelí en la que se establece el principio de “Tierras  por  Paz”, es decir las tierras que Israel ocupó en la guerra de los seis días por paz completa con sus vecinos.

El  19 de noviembre de 1977, hace 40 años  Israel se paralizaba, su población entera pegada a los televisores siendo testigo  de algo impensable días antes:  De  un avión de la fuerza aérea  egipcia  recién aterrizado en el  aeropuerto  internacional  Ben Gurión de Tel Aviv, descendía el presidente egipcio Anwar Sadat en  la primera visita oficial de un líder árabe al Estado Judío.   Con este gesto  se daría inicio al primer  proceso de paz árabe-israelí  el cual  concluiría con la firma  en 1978 de los acuerdos de paz de Camp  David entre Israel y Egipto.

10 años después en 1987  primero en Gaza y   luego  en Cisjordania estallaba la primera  intifada palestina contra la ocupación de Israel.  Ese año marcaba también el nacimiento del movimiento islamista palestino Hamás.  Si la intifada  fue uno de los eventos  que  condujo  a la firma de los acuerdos de  paz  de Oslo en 1993 entre Israel y los palestinos,  Hamas  con su ideología radical de no reconocer a Israel y  su praxis del terrorismo   causó el colapso de los mismos  al despuntar el nuevo milenio.  Los adolescentes,  niños y niñas enviados por Hamas a inmolarse en Israel, a matarse matando, dieron al traste con la mejor oportunidad que ha tenido la región de lograr la paz con base en la solución de dos Estados.

En un caluroso Julio de 2007 quedaría sellada la división palestina entre Hamas y Fatah,  cuando en  un golpe armado  el movimiento islamista expulsaba  a la Autoridad Palestina de Gaza tras asesinar a unos doscientos de sus efectivos y se hacía con el control de la franja,  la cual había sido evacuada en su totalidad por Israel en 2005 y entregada a la Autoridad Palestina. Con este hecho  quedaba una vez más en evidencia el fracaso del movimiento nacional palestino,  presa de sus divisiones y su retórica, carente de un proyecto realista de nación e incapaz de ofrecer un futuro a su pueblo.   Desde el 2007 Gaza ocupada por Hamas se convertiría en un trampolín de ataques con cohetes y túneles  a la población civil de Israel lo que ha provocado tres guerras, trágicas para Israel y  en la que la población palestina de Gaza  ha llevado  la peor parte. Esta división entre Hamás y Fatah  ha sido el principal impedimento para llegar a una paz definitiva con Israel.

Comenzando este 2017 con  la nueva administración  Trump en Washington,   quien  frente  al conflicto palestino-israelí  ha desplegado  la prudencia que le ha faltado en otros temas  y  ha declarado  repetidamente   que para él es “muy importante solucionar el conflicto”, podría estarse abriendo una nueva puerta de esperanza. En la rueda de prensa conjunta que mantuviera con el primer  ministro   de Israel Benjamín Netanyahu, Trump le recordó al premier israelí la necesidad de hacer concesiones en aras del a paz, le solicitó en términos muy diplomáticos que detenga la  construcción de asentamientos y contrario a lo que se ha informado no desechó la solución de dos Estados.  El mismo Netanyahu planteó de manera diáfana sus dos exigencias: reconocimiento de Israel como estado judío y  mantener la seguridad en la frontera con Jordania, ninguna de la cuales es incompatible con un  futuro Estado palestino.

El entorno regional creado desde  la irrupción de la  primavera árabe, la guerra en Siria,  el expansionismo iraní  en tierras árabes, la extensa cooperación en seguridad existente entre Israel y  países  de la región  y  la iniciativa de paz de la Liga Árabe,  podrían  estar creando una “tormenta perfecta” para un proceso de paz exitoso entre Israel y Palestina  el cual puede únicamente estar  sustentado sobre la solución de dos Estados.  Las  revelaciones del diario israelí Haaretz sobre recientes contactos secretos entre Estados Unidos, Israel y líderes  árabes demuestran que existe la voluntad regional de  lograr la  solución definitiva  al conflicto.  Falta únicamente que las partes  vean  esa “tormenta” como una  oportunidad que no debe ser desperdiciada.   Después de todo el  número siete  ha sido  de especial significancia en  numerosas culturas, incluidas la árabe y la judía.

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