Los semáforos humanos en Cali, la alternativa después del paro

Hasta $120000 diarios pueden recolectar Fray y su familia por controlar, al sol y al agua, el tráfico vehicular en una de las tantas zonas que se quedó sin semáforos

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octubre 01, 2021
Los semáforos humanos en Cali, la alternativa después del paro

Los días de taxista de Fray quedaron atrás. Desde que se le venció su tarjeta de manejo se quedó desempleado y, habiendo cruzado el umbral de los 50 años, debió salir a rebuscarse el sustento para su familia mucho antes de que la ciudad estallara por el Paro Nacional. Su barrio, enclavado entre las comunas 13 y 14 del distrito popular de Aguablanca en el oriente de Cali, quedó fuertemente golpeado después de las protestas del 28 de abril.

El costo de haberse ganado el apodo de la capital de la resistencia le ha pasado factura a la ciudadanía caleña en términos económicos, políticos, pero sobre todo de infraestructura, malla vial y movilidad. Todas las cámaras de foto multas fueron tumbadas y un gran porcentaje de semáforos en Cali están dañados. La regulación de carros en transitados sectores como la Luna, la calle 5 con 100, el barrio Meléndez, la Avenida de los Cerros frente a Siloé, la entrada a Ciudad Jardín en el sur, entre otros, quedaron en manos de personas desempleadas de barrios aledaños a falta de las maquinas funcionando y de guardias de tránsito. Hoy, hacer la función de un semáforo en Cali es una fuente de trabajo informal que deja sustento económico para familias enteras como la de Fray, quien lleva meses trabajando como “regulador de transito” en una esquina donde ya no hay semáforo.

Exactamente en el sector conocido como cuatro esquinas, zona limítrofe entre los barrios José Manuel Marroquín I, Alfonso Bonilla Aragón, Omar Torrijos y Rodrigo Lara Bonilla, en Aguablanca, el tráfico es tan pesado que, cuando no funcionan los semáforos, un operador de transito no tiene tiempo para sentarse ni un minuto en las horas pico. Ahí, muchos ya conocen y distinguen a Fray, vistiendo siempre su chaleco naranja, un pito en su boca y un pare-siga en la mano derecha. En el lugar se encuentra con su esposa Sandra y dos de sus hijos: Michael de 24 y padre de dos niños y James de 27, también padre de un bebé.

En su equipo de trabajo – como él lo indica – también hace parte Edwin de 20 años y quien se estrena como papá; Alexis de 27 años y Yuli de 38 años madre de dos hijos. Todos trabajan como reguladores del caos vehicular en uno de los cuatro semáforos inoperantes del sector cuatro esquinas. El horario de trabajo tiene dos turnos de 7:00 am a 2:00 pm y de 2:00 pm a 9:00 pm aproximadamente. En los otros tres semáforos de la intersección se encuentran otras personas que no hacen parte de su equipo y con quienes no tiene ninguna relación distinta a regular los tiempos por medio de señas, silbatos y gritos. “Ellos lo que se hacen en el día se lo fuman bajo del puente” mientras mira a un grupo de jóvenes reguladores, como él, en la esquina opuesta a su semáforo.

Frente al cobro en el semáforo la dinámica es clara: Fray carga un vaso donde la gente deposita voluntariamente monedas por cada minuto de espera mientras coordina el pare de las otras tres esquinas y habilitar el paso de la suya, de manera segura. Las ganancias se establecen por cada turno y lo que cada uno recoge que, totalizado, puede variar entre 150 mil y 120 mil pesos diarios por un solo semáforo humano. “A veces nos hacemos menos, pero esto nos alcanza para vivir” dice.

Fray, sus hijos, su esposa y demás compañeros “de equipo”, todos, coinciden en que sólo quieren trabajar, aunque esta sea una labor de alto riesgo: han sido varias las veces que, por no respetar su orden de pare, les han tirado el carro. También está el estigma por su irregularidad al no ser reconocidos por las autoridades a quienes han solicitado aunar esfuerzos ante la complicada situación de movilidad y seguridad en ese sector. “Nosotros no somos ladrones, no cobramos a la brava, yo recibo la monedita de quien me la quiera dar por mi trabajo”.

A pesar del desgaste y el cansancio, Fray y su familia están convencido que lo que hacen es un trabajo justo, digno y que impacta positivamente: “nosotros no solo ayudamos al tráfico, evitamos los atracos que hay constantemente en el sector a causa de las trancas interminables”.

El pasado 15 de septiembre, el secretario de movilidad de Cali denuncio la vandalización de un semáforo recién arreglado en un sector de Aguablanca, muy cercano a donde trabajan Fray y su familia. El video del caso, que se volvió viral en la ciudad, muestra un grupo de jóvenes destruyendo la estructura del aparato, para después regular el tráfico provocado por la falta del mismo.

Dicho episodio dejó un joven capturado al que Fray dice no conocer y mucho menos hace parte de su equipo, “ese día no estábamos de turno”. Sin embargo, la actividad que ejerce Fray, su familia y quienes buscaban ejercer –presuntamente- aquellos implicados en la destrucción del semáforo en cuestión, se ha convertido en una fuente de economía para cientos de personas alrededor de la ciudad. Y hoy, casi 5 meses después del estallido social que dejó gran parte de la ciudad vandalizada, hay muchos sectores que se mantienen sin semáforos operativos y son varias las intersecciones viales reguladas por personas que encuentran en dicha calamidad, una forma de subsistir.

En sus propias palabras, mientras no se terminen de arreglar los semáforos o el gobierno local no de una solución de movilidad, seguridad y en atención a esta población pobre y desempleada, Fray, Sandra, Edwin y los muchachos del “equipo” seguirán siendo los semáforos humanos del conocido sector de cuatro esquinas en Cali.

 

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