Los milagros de Nuestra Señora de Chiquinquirá, el Milagroso de Buga y Nuestra Señora de Las Lajas siguen atrayendo a muchos devotos que viajan desde todo Colombia

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Cada año, la Basílica del Señor de los Milagros de Buga recibe aproximadamente 800.000 y 1.000.000 de peregrinos provenientes de todas las regiones de Colombia, de los vecinos ecuatorianos y de otros países de América Latina. En 2044 fueron 1.200.000 los que llegaron a la ciudad del Valle, que es conocida a nivel mundial por su turismo religioso. $183. 000 millones le dejaron peregrinos y turistas.

La cajita que llevó el río

La tradición del Señor de los Milagros de Buga se remonta hacia 1550, cuando la ciudad era apenas un pequeño caserío a orillas del río Guadalajara. Allí vivía una anciana indígena dedicada a lavar ropa. Su mayor deseo era tener un crucifijo, por lo que durante mucho tiempo reunió setenta reales para pedirle al párroco que le comprara una imagen de Cristo.

Un día se encontró con un hombre desesperado que lloraba porque debía exactamente esa suma y sería enviado a la cárcel si no la pagaba. Conmovida, la anciana le entregó todo el dinero, salvándolo de la prisión.

Poco después, mientras lavaba en el río, vio que la corriente arrastraba una cajita que en su interior llevaba un pequeño crucifijo. Lo llevó a su casa, improvisó un altar y lo guardó con devoción. Una noche escuchó golpes donde lo tenía guardado. Al revisarlo descubrió que tanto el crucifijo como la caja habían crecido y con el paso de los días la imagen llegó a alcanzar cerca de un metro.

La noticia llegó al párroco y a los vecinos, quienes comprobaron que la anciana no tenía dinero para adquirir un crucifijo de tal tamaño, por lo que consideraron el hecho como milagroso. Entonces comenzaron a desprender pequeños fragmentos de la imagen como reliquias. Debido al deterioro, un visitador enviado desde Popayán ordenó quemarla. Sin embargo, al arrojarla al fuego la imagen empezó a sudar abundantemente durante dos días. Los fieles recogían ese sudor con algodones que luego usaban como reliquias para curar enfermos.

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Cerca se un millón de peregrinos visitan cada año el el santuario del miilagroso de Buga

La devoción se extendió rápidamente y comenzaron a llegar peregrinos de muchas regiones. El rancho de la anciana se convirtió en lugar de oración y después se levantó allí un templo llamado La Ermita. Con los años el santuario creció y la imagen del Cristo de 1,70 metros de alto, el rostro atormentado y de majestad impresionantes, los ojos cerrados y los labios entreabiertos, se convirtió en uno de los símbolos religiosos más importantes de Colombia que dio origen al santuario del Señor de los Milagros. El 2 de agosto de 1934 entró el Señor a la basílica.

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El santuario está dirigido por el sacerdote Alcides de Jesús Orozco, que pertenece a la Congregación del Santísimo Redentor, comunidad que administra el santuario desde el siglo XIX, y depende del obispo diocesano de Buga, José Roberto Ospina Leongómez.

 El santuario suspendido entre dos rocas

El Santuario de Nuestra Señora de Lajas está literalmente construido entre dos enormes paredes de roca, en el cañón del río Guáitara, lo que da la impresión de que el templo está suspendido en el aire. La basílica se levanta sobre un puente de piedra de estilo neogótico que une los dos lados del cañón. Debajo pasa el río, a unos 100 metros de profundidad, por lo que cuando se observa desde abajo o desde lejos parece que el santuario estuviera colgado de la montaña.

La tradición del santuario situado cerca de Ipiales y de la frontera con Ecuador, se remonta al siglo XVIII. Dice que María Meneses de Quiñones, una indígena descendiente de antiguos caciques de la zona de Potosí, caminaba por el sendero que conduce al cañón del río Guáitara cuando fue sorprendida por una fuerte tormenta. Buscando refugio, se resguardó en una gruta formada por grandes lajas de piedra. Mientras invocaba a la Virgen del Rosario, sintió que alguien tocaba su espalda y la llamaba; al volverse, no vio a nadie.

Días después regresó por el mismo lugar acompañada de su hija Rosa, una niña sordomuda que llevaba a la espalda. Al detenerse en la cueva para descansar, la niña descendió, comenzó a trepar por las rocas y exclamó con asombro: “¡Mamá, mamá! ¡Mira, hay una señora blanca con un niño en sus brazos!”. En Ipiales nadie creyó lo sucedido. Tiempo después la pequeña murió y, desesperada, María llevó el cuerpo a la cueva donde la niña decía haber visto a la misteriosa señora. Según la tradición, allí ocurrió el milagro: la niña volvió a la vida.

Conmovida, María regresó a Ipiales para contar lo sucedido. Los habitantes acudieron al lugar y, según los relatos, observaron en la roca de la cueva una imagen de la Virgen con el Niño que parecía grabada de manera natural.

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En Semana Santa se concentran unos 120.000 peregrinos de Colombia y la vecina Ecuador

En ese sitio se levantó el majestuoso santuario. Cada año cerca de 800.000 peregrinos visitan al que es considerado una de las obras religiosas más impresionantes de América Latina. Es el cuarto, construido en 1916 por los arquitectos Lucindo Espinosa (nariñense) y Gualberto Pérez (ecuatoriano), tiene tres naves con bóvedas de crucería, torres rematadas en agujas, ventanales, rosetones, arbotantes y pináculos que conforman su imponente arquitectura.

En Semana Santa se concentran cerca de 100.000 a 120.000 peregrinos, cifra que desborda el 15 y 16 se septiembre por las fiestas patronales, presididas por Luis Carlos Gavilanes Robelo, párroco y rector de la Basílica que está bajo la jurisdicción de la Diócesis de Ipiales, cuyo obispo es el sonsoneño José Saúl Grisales Grisales, quien ocupa ese cargo desde el 3 de febrero de 2018,

La reina de Colombia

La Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia, coronada en 1919 por papa Bendicto XV, es una de las tradiciones religiosas más profundas del país. Está ligada al santuario que hoy custodia su imagen en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en Boyacá.

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La basílica de la Virgen de Chiquinquirá, regida por los dominicos, concentra 1,5 millones de peregrinos al año

El origen de esta devoción se remonta al siglo XVI. En 1562, el pintor español Alonso de Narváez realizó una pintura de la Virgen del Rosario sobre una tela rústica de algodón tejida por indígenas. La obra fue encargada por el encomendero Antonio de Santana para una pequeña capilla en su propiedad cercana a Chiquinquirá. Con el paso de los años, la pintura se deterioró por humedad y abandono, hasta quedar casi irreconocible.

Hacia 1586 la imagen fue trasladada a la casa de María Ramos, una mujer devota que vivía en la región. Según la tradición, el 26 de diciembre de ese año ocurrió el hecho considerado milagroso: mientras María Ramos rezaba en presencia de la indígena Isabel, la pintura deteriorada recuperó repentinamente sus colores y su figura original. La renovación milagrosa de la imagen dio origen a una devoción que pronto se extendió por el Nuevo Reino de Granada.

La Basílica está bajo la administración y custodia de la Orden de Predicadores (dominicos) y recibe de 1 a 1,5 millones de peregrinos al año, especialmente el  9 de julio, fiesta de la Virgen, que preside Fray Juan Ubaldo López Salamanca, desde abril de 2025 prior del convento y rector del santuario que pertenece a la Diócesis de Chiquinquirá, cuyo obispo actual es Monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa. Una muestra del turismo religioso de Colombia que hoy tiene reconocimiento internacional.

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