La experiencia de más de 25 años en el Éxito con especial brillo durante los años en que fue el CEO que lideró su crecimiento y su expansión internacional le dieron a Gonzalo Restrepo López todas las credenciales para regresar a la empresa familiar y poner a volar a Almacenes Flamingo, fundada en Medellín en 1949 por su padre Juan Gonzalo Restrepo Londoño y su hermano Jorge Humberto, quienes detectaron la necesidad de facilitar el consumo a personas que no tenían capacidad de ahorro para comprar de contado y se inventaron la modalidad del club para poder pagar a cuotas. Se apoyaron en una cultura de pago por cuotas que funcionaba bien en la ciudad, conocida como compras “por club”, en la que los clientes conseguían crédito solo con la cédula para pagar a través de cuotas periódicas artículos como zapatos, joyería, etc. además como gancho para estar al día en los pagos, si el número del club coincidía con el número ganador de la Lotería de Medellín, el saldo pendiente del crédito quedaba cancelado.
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Fue allí su primer empleo recién graduado de administrador de empresas y donde orientó su profesión en el área comercial que lo llevaría luego a trabajar en Caribú hasta aterrizar en los años 90 en Almacenes Éxito, cuando aún era el negocio familiar de la familia Toro que vendían solo en cinco locales. Allí escaló distintas posiciones, testigo de fusiones, entrada a la bolsa, compra y venta de acciones hasta que los franceses del Grupo Casino tomaron control en el 2007. Logró de ellos todo su respaldo para desde su posición directiva seguir creciendo la compañía y consolidar su expansión internacional hasta su renuncia después de casi 25 años al frente de la cadena de almacenes en 2012. Tomó entonces las riendas Carlos Mario Giraldo a quien le tocó la venta a la familia salvadoreña Callejas en 2024.
En 2013, Gonzalo Restrepo encontró un Flamingo consolidado como el almacén que durante muchos años fue la mejor alternativa que tenían los estratos uno, dos y tres para acceder a ropa, electrodomésticos y artículos de hogar gracias al crédito que daban directamente a sus clientes. Su estrategia fue innovadora en su momento y un gran diferencial con respecto a almacenes similares en los años cincuenta y sesenta. Empezaron como distribuidores de vestuario masculino de marca Everfit en la calle Colombia de Medellín y pronto le apostaron a la cultura del pago en cuotas. Veinticinco años después, la compañía había consolidado su propio sistema de créditos y el 90 % de las ventas totales era a crédito. La marca se convirtió en un ícono del comercio popular y la confianza con su logo de “los colombianos si somos de fiar”.
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Durante sus más de 75 años de existencia, Almacenes Flamingo solo ha tenido solo cinco gerentes, al retiro de Jorge Humberto Restrepo en 1987, lo sucedió Fabio Cadavid González hasta 2009, año en que José Alejandro Restrepo, hijo de Jorge Humberto tomó las riendas, a él se le debe la expansión regional de compañía con una mayor oferta de productos de moda, tecnología y hogar.
Gonzalo Restrepo López, quien junto a sus hermanos tienen peso como socios, ha sido desde el 2013 un director de orquesta tras bambalinas y su influencia se empezó a sentir desde 2020 cuando Carlos Mario Diez asumió la presidencia de la compañía. Fue a él a quien le tocó lidiar con la crisis generada en el comercio por la pandemia de Covid-19 en plena expansión de nuevos mercados con tiendas físicas en Antioquia, C.C. Mayorca, C.C. Puerta del Norte, el Eje Cafetero, Bogotá, Soacha, Ibagué, Soledad, Sincelejo, Villavicencio y Montería, siguiendo el ambicioso plan trazado por Gonzalo Restrepo. Llegaron a tener 40 locales en el país. Pesaron también otros factores para agudizar la crisis.
Los factores de la crisis
El modelo no evolucionó con los tiempos. Flamingo no logró una transformación digital a la misma velocidad que sus competidores. Su ecosistema de crédito se quedó rezagado y aparecieron nuevas alternativas más atractivas para los clientes. El acceso a la banca creció, en la actualidad, el 96,3 % de los adultos colombianos está bancarizado y el 23,3 % posee al menos una tarjeta de crédito, lo que permitió al consumidor alternativas financieras más ágiles, seguras y con menores tasas de interés. El crédito propio del almacén dejó de ser atractivo pues la empresa no tenía un respaldo financiero que le permitiera ventas más livianas y debía financiar sus operaciones de crédito a través de bancos y proveedores, cargando unas tasas superiores de interés que se trasladaron al precio final. El sistema de crédito, que había sido su principal fortaleza, se convirtió en una fuente de riesgo financiero y morosidad para la empresa.
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El almacén mantuvo una estructura de costos fija elevada, dependiente de tiendas físicas, y una limitada inversión en tecnología y marketing digital. Las nuevas generaciones más digitales fueron conquistadas por la competencia que creció con más alternativas, conveniencia y experiencia de compra personalizada. Esto generó una reducción del tráfico en sus tiendas que trajo el desplome en los ingresos. La caída en ventas que obligó a Flamingo a cerrar varios establecimientos no rentables y emblemáticos en distintas en Medellín, Bogotá y Cali que afectaron su imagen, y dañaron la percepción de estabilidad de la marca ante empleados, proveedores y clientes.
La complicada situación financiera llevó a la Superintendencia de Sociedades a mantener a Flamingo bajo un nivel de alerta “muy alto”, con vigilancia especial por riesgo de insolvencia. En paralelo, la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) inició una investigación por presuntas irregularidades en el servicio de ventas con financiación.
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Para 2024, la estructura de costos erosionó los márgenes y generó pérdidas operativas por más de $ 61.000 millones. Los pasivos sumaban $ 249.493 millones, frente a activos por valor de $ 316.477. La empresa le debía no solo a entidades financieras, sino también a arrendadores, proveedores y consumidores. Varias de sus cuentas bancarias y propiedades fueron embargadas limitando aún más la operatividad. Finalmente, en octubre de 2025, la compañía presentó ante la Cámara de Comercio de Medellín la solicitud de acogerse a un proceso de Recuperación Empresarial, un mecanismo voluntario que le otorgó tres meses para renegociar con los acreedores y garantizar la continuidad de sus operaciones. Las dificultades las debió enfrentar el gerente Carlos Mario Diez pero fue también Carlos Mario Diez el encargado de dar la buena nueva de la recuperación empresarial con el pago a proveedores. La negra noche había cesado y Almacenes Flamingo empieza una nueva historia.
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