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Los jóvenes que no se quieren prestar para la guerra

Un grupo creciente de muchachos se ha convertido en objetores de conciencia porque “no quieren manchar sus manos con sangre, no quieren matar a nadie”. Es el caso del movimiento Quinto Mandamiento de Barrancabermeja.

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Junio 04, 2014
Los jóvenes que no se quieren prestar para la guerra

Cada 20 de julio, día de la Independencia en Colombia, las Fuerzas Armadas desfilan por las vías principales de ciudades y municipios, luciendo sus uniformes y sus equipos de combate. Son casi medio millón, 459.317, entre hombres y mujeres, los uniformados de Colombia cuyos salarios, por lo demás muy diferenciados –los profesionales ganan $800.000 y 280.000 los reclutas- representan el 90% de los 27 billones de pesos del gasto militar.

Barrancabermeja es una de las ciudades en las que durante el tradicional desfile, los niños se embelesan observando los tanques y las metralletas de última tecnología, y se identifican con los soldados que recorren las calles quienes los ven como héroes de la patria y saludan mientras agitan una bandera tricolor hecha en papel celofán. Este es el recuerdo que, John Davis Arias y David Alexander Cuesta guardaba de infancia cuando se les ocurrió utilizar la misma simbología de los desfiles del 20 de julio pero con un sentido contrario.

John Davis y David decidieron repartir también globos para saludar a los uniformados pero con mensajes como “Deja las armas ven a jugar”, “Ningún ejército defiende la paz” o “Con el gasto militar muchos se pueden alimentar”. Con esto buscaban pacíficamente oponerse al reclutamiento forzoso al que ellos y muchos de sus amigos se vieron amenazados.

Con esta iniciativa nació en el 2001 el Quinto Mandamiento (No matarás), un movimiento que buscaba ayudar a todos los jóvenes que no quieren prestar el servicio militar obligatorio porque están convencidos de que la guerra no es el camino hacia la realización de sus sueños. No quieren manchar sus manos con sangre, no quieren matar a nadie. Son los llamados objetores de conciencia que según ellos están amparados por la Constitución.

La publicidad del candidato-presidente puso sobre el tapete el servicio militar obligatorio.

La publicidad del candidato Presidente puso sobre el tapete el servicio militar obligatorio.

Durante diez años estuvieron junto a otros jóvenes que fueron sumándose al Movimiento, atendiendo los llamados de madres y padres a quienes los militares habían reclutado a sus hijos. La pelea no era fácil porque se trataba de enfrentar el estamento militar y el gobierno entonces de Álvaro Uribe Vélez cuando el apoyo a las Fuerzas Militares era la prioridad. Sin embargo se armaron de valor para defender la voluntad de las mamás de los muchachos que se les acercaban para tratar de sacar a sus hijos de los cuarteles. Recibieron más de 100 casos y aunque no lograron evitar que prestaran el servicio si consiguieron que no usaran fusiles y los localizaran en oficinas o como ayudantes de cocina.

“Nosotros como objetores de conciencia no solo nos preocupamos porque los muchachos no vayan a la guerra sino porque no caigan en la droga o por incentivar la educación que puedan tener. Nosotros no aceptamos casos de muchachos que por pereza, por ganas de quedar vagando en la calle no van a presta el servicio. No, las personas que se niegan tienen que estar estructuradas mentalmente, saber exactamente qué es lo que quieren hacer con sus vidas”, explica John Davis.

En Colombia existen grupos de objetores de conciencia en casi todos las capitales despartamentales y se han reunido en Barrancabermeja. “No estamos solos, si a los jóvenes los dejaran expresarse, en cada uno habría un objetor de conciencia”. Ellos cuentan con el apoyo voluntario de abogados y su mayor preocupación es que quienes no presten el servicio militar no terminen señalados de remisos.

“Nos oponemos no solo al servicio militar obligatorio sino a cualquier caso de reclutamiento forzoso, lo digo porque muchos piensan que tenemos algo que ver con la guerrilla pero ni más faltaba, despreciamos la guerra y punto”, dice el fundador de Quinto Mandamiento quien se convirtió en la esperanza para todos aquellos que se negaban a empuñar un fusil, empeñados en hacer el mandato divino: no matarás.

El reclutamiento militar se ha convertido en un amenaza que aterroriza a los jóvenes mayores de 18 años y a sus familias a lo largo de todo el territorio nacional. Todo aquel que no pueda pagar una libreta militar está en riesgo de ser enlistado y atrapado en una de las tres jornadas de reclutamiento que programa el Ejército cada año. El año pasado esta institución incorporó 81.249 nuevos soldados, entre bachilleres, regulares (quienes prestan seguridad en vías, hidroeléctricas, acueductos, campos petroleros y oleoductos) y campesinos, y cerca de 30.000 a las otras fuerzas.

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Las batidas o redadas son realizadas al menos tres veces al año en todo el país.

Muchos de estos jóvenes se presentan en los cuarteles para cumplir con la disposición constitucional pero otros son enlistados a la fuerza como cuenta la Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia de Bogotá que tiene documentadas al menos 46 batidas acompañadas de palabras agresivas y fuerza bruta por parte de los superiores uniformados. En cada una de éstas redadas logran llevarse forzadamente con la ayuda de la Policía, al menos doce muchachos, que pescan sin libreta militar. El primer paso es someterlos a exámenes físicos y psicológicos para evaluar su aptitud, pero en el caso de identificar remisos los transportan directamente a una guarnición militar.

Quienes se oponen al reclutamiento forzoso se apoyan en la sentencia de la Corte Constitucional C – 879 de 2011, que califica esta acción como una detención arbitraria. Tanto así que las familias han empezado a llevar sus quejas a la Defensoria del Pueblo a donde según el defensor Jorge Armando Otálora han recibido de 250 solicitudes de intervención en casos por alistamientos irregulares.

John Davis y David ya no están activos en su esfuerzo por ayudar a que, quienes no quieren ir a la guerra, no terminen obligados a disparar, pero dejaron sembrada una semilla que le ha permitido a unos cuantos jóvenes actuar según su conciencia y lo más importante tal vez, haber llevado el debate del servicio militar obligatoria a la agenda política del país.

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