Los jóvenes no ponen presidente

"Quizás perdieron la esperanza de cambio, quizás perdieron su espíritu transformador, quizás perdieron su noción de poder"

Por: Diana Pérez
abril 10, 2018
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Los jóvenes no ponen presidente
Foto: EFE

Una de las formas de mostrar el descontento con la clase política y la corrupción que ha acechado durante décadas las elecciones en Colombia ha sido la abstención. Ya casi nadie le cree ni a los partidos ni a los políticos, pero menos del 50 por ciento de los colombianos sigue eligiendo presidentes y congresistas.

No votar es no aprender de los errores del pasado. No votar es sumir al país en el escabroso mar de la indiferencia. No votar es apagar la esperanza de un rumbo distinto. No votar es ceder un derecho por el que miles mataron y murieron.

Los índices de abstención han superado todos los límites. Quienes no votan se olvidan de que las mayorías se eligen simplemente sobre el total de votos. No es que no importe si votan o no, pero dejar de hacerlo no marca gran diferencia, de hecho le da mayores posibilidades de que sean los mismos los que eligen y que sean los mismos a los que hay que convencer.

La apatía no puede ser más una excusa para evadir la responsabilidad de asumir las riendas de lo que viene: un país que se ahoga en la corrupción de sus instituciones, la guerrilla más antigua del continente desarmada y a la espera de ser escuchados en el Congreso y una mesa incierta en Quito.

Antes de primera vuelta los partidos políticos se están acomodando al mejor pastor. Todos suman, restan y multiplican con un caudal electoral que creen asegurado. No cuentan con el voto de los jóvenes, que no es tan fácil de comprar con sus sucias maquinarias. Los candidatos equilibran la balanza haciendo escenarios prospectivos en caso de recibir el apoyo de aquellos que venden su alma a quien más les ofrezca. Los datos parten muy seguramente de las pasadas elecciones legislativas: más dos millones de un lado por los 300 mil que me aporta este o aquello...

Los jóvenes no ponen presidente porque históricamente no han sido ellos los que acuden masivamente a las urnas. Quizás perdieron la esperanza de cambio, quizás perdieron su espíritu transformador, quizás perdieron su noción de poder. Los jóvenes no ponen presidente porque se han creído el cuento de que nada va a cambiar con su voto.

Los jóvenes podrían poner presidente siempre y cuando se den cuenta de que Colombia los necesita despiertos, atentos, conscientes de en qué país viven, del poder de la suma de voluntades, de la suma de votos. Son ellos los que pueden ‘equilibren la balanza’ y definan el rumbo del país en el próximo cuatrienio.

¿Qué tal si los jóvenes vuelven a las urnas?, ¿qué tal si demuestran qué tan empoderados se sienten en esta coyuntura? La llama que se encendió luego del plebiscito del 2 de octubre no se puede extinguir ahora. El país los necesita para enderezar el rumbo. Ojalá los jóvenes vuelvan a las urnas, ojalá pongan al primer presidente del posconflicto, pues en sus manos está el futuro de la ‘balanza’... y de la nación.

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