Opinión

Gais y héteros: tan capaces e incapaces

Por:
febrero 20, 2015
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Aunque estoy de acuerdo con la reivindicación de los derechos humanos y es comprensible la resistencia a través de la acción y del discurso de determinados grupos sociales —como las minorías, y recientemente la comunidad LGBTI— hay que pensar cuidadosamente las formas de solicitar y participar, teniendo en cuenta los contenidos del discurso. En el caso de adopción de niños y niñas por parte de personas gais, se ha se construido un discurso social (tanto desde personas homosexuales como heterosexuales) con una tendencia similar a este texto del autor que se hace llamar Cordobés Sensato:

Mientras tanto, ustedes, colombianos heterosexuales, defensores de la constitución y de la familia y fieles creyentes de su Omnipresente Dios, preocúpense por seguir teniendo hijos a diestra y siniestra, abandonándolos, maltratándolos, educándolos de la manera más indigna. Que mientras tanto nosotros, homosexuales, nos preocupamos por cuidar animales, poner lindas a sus mujeres, curándolos cuando estén enfermos, educando a sus hijos, construyendo sus casas, entre muchas otras cosas, porque nos los creo tan ignorantes para pensar que homosexuales solo hay en una salón de belleza.

El fragmento en mención, es un texto ejemplo, de la punta de lanza de los discursos sociales que dentro de su lucha por reivindicarse, solo profundizan y legitiman su segregación.

Por supuesto, todas las personas deberían tener derecho a adoptar a niños y niñas, casarse, etc., independientemente de la condición humana que tengan. Sin embargo, en este tipo de olas discursivas, se evidencia lo que en psicología social se conoce como "prejuicio benévolo" en la categoría de sesgos intergrupales. Los sesgos intergrupales, vienen siendo aquellas concepciones erróneas que tenemos sobre los grupos a los cuales pertenecemos, o sobre grupos ajenos a nosotros. Se suelen calificar a estos grupos por ser grupos, es decir, por estar en colectivo, y no por estar conformados por individuos, personas. Esto facilita que cuando pensemos sobre alguien, lo hagamos frecuentemente de manera generalizada, calificando a su grupo y no a la persona, tal y como ha sonado el discurso que aparece en el párrafo anterior, en el que el autor desde su posición individual, al pertenecer a una minoría social, piensa de manera prejuiciosa que todas las personas gais desean adoptar a niños y niñas; y que los gais son las únicas personas en el mundo que se preocupan por la naturaleza, los animales, etc.

El  texto de Cordobés Sensato, es similar a otro discurso muy común en ciertos escenarios sociales. Los psicólogos sociales Peter Glick y Susan Fiske, ejemplifican al respecto:

Algunas formas de sexismo son,  para el responsable, subjetivamente benevolentes, caracterizando a las mujeres como criaturas puras que deben ser protegidas, respaldadas y adoradas. Esta idealización de las mujeres implica simultáneamente que son débiles y  más apropiadas para los roles convencionales del género; ser puestas en un pedestal es limitarlas, pero el hombre que pone a una mujer en un pedestal lo interpreta como aprecio hacia ella, en vez de restricción, (y muchas mujeres están de acuerdo).

Concluye el profesor Scott Plous al respecto: “Todos estos estereotipos parecieran halagos, y todos tienen un granito de verdad en que el estereotipo describe con exactitud algunos miembros del grupo, pero son todas generalizaciones excesivas que reducen un grupo diverso de personas a un solo tipo: un estereotipo”.

El hecho de responderle a la lógica agresiva de los discursos sectarios de las diferentes formas de dominación social, con el mismo tipo de estructura pero desde el bando contrario sea cual sea, solo acrecienta el abismo de la violencia simbólica, que lamentablemente muchas veces ha pasado al plano material sin mucha dificultad.

Se puede evidenciar entonces cómo ese discurso de que solo las personas gais "son buenas" o adoptarían a los niños en condiciones favorables por encima de una familia heterosexual, cae por su propio peso en el mismo saco prejuicioso. Tal cual lo afirma la periodista Virginia Mayer en dos comentarios en su cuenta de Twitter (el primero): "Ese argumento de que se deben dejar adoptar a las parejas del mismo género a los niños abandonados por parejas heterosexuales es flojo”. Y el segundo: “No todos los niños que hay para adoptar fueron ‘abandonados’ por parejas heterosexuales. Eso es tan sesgado como es la homofobia".

Finalmente, lo último que le beneficiaría a un niño o niña para que fuese adoptado, sea cual sea la condición de sus progenitores, es creer que un tipo de persona es mejor que otra. Ni los estudios en mano de Viviane Morales, sirven para generalizar la individualidad y decir quiénes son más aptos o quiénes no para ser padres o madres; como también el hecho de trasladar el discurso de la competencia económica (mejor-peor) al plano emocional y afectivo como este, solo nos seguirán obstaculizando el camino para construir de verdad un nuevo país.

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