Los empresarios que se le abrieron a Trump por su salida del Acuerdo de París

Los CEO de Walt Disney y Tesla se retiraron del Consejo Asesor creado por Trump. Cien compañías se unieron para seguir adelante y 5 estados también

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junio 05, 2017
Los empresarios que se le abrieron a Trump por su salida del Acuerdo de París

Leyendo un discurso que cumplía una de sus promesas más escandalosas de campaña, y con su cabeza torcida, Trump anunció lo impensable para muchos: que se retiraba de los Acuerdos de París. “Anuncio que me retiro…” y esperó una tenue oleada de aplausos, “de los Acuerdos Climáticos de París…” y espero casi 20 segundos mirando al público, esperando una reacción.

Sabía que el tema era sensible en el mundo, pero la recepción de la noticia en su propio gabinete asesor fue durísima: Elon Musk, director de Tesla, y Robert Iger, presidente de Disney, renunciaron del Foro Asesor para Políticas Estratégicas. Ambos anunciaron que no se volverían a sentar en las mesas de la administración Trump, pues creen que el cambio climático es real.

Este era un grupo que asesora al Presidente en temas centrales, pero sobre todo en temas de negocios, pues el grupo reúne a los más importantes dirigentes de las empresas privados: las cabezas de JP Morgan, General Motors, Walmart, y hasta el día del anuncio de Trump, los directores de Tesla y Disney.

Pero el mismo 1 de junio estos dos magnates americanos acudieron a Twitter, la misma arena de Trump, y renunciaron públicamente. Para ambos descuidar las políticas para mitigar el cambio climático es intolerable. No lo fueron las draconianas órdenes de deportación y migración, ni los inmensos recortes en el sistema de salud. Abandonar los Acuerdos Climáticos de París, que en su momento fueron criticados por parte de ONGs ambientales por blandos e inefectivos, fue el motivo de divorcio.

Por ahora son los únicos que han renunciado, pero fueron solo uno más de los magnates que arremetieron contra Trump. Tim Cook y Sundar Pichai, presidentes de Apple y Google, también criticaron la medida. Lloyd Blankfein, cabeza indiscutible de Goldman Sachs, creó ese mismo día una cuenta de Twitter y solo tiene dos pronunciamientos: uno contra la decisión de Trump, otro abogando por el cuidado del medio ambiente.

En cuestión de horas también circuló una carta dirigida a Trump, y firmada por algunas de las más grandes empresas norteamericanas, entre las que se encuentra Facebook, Microsoft y Morgan Stanley. En la carta los empresarios atacaron el principal argumento de Trump para salirse del pacto, que es crear empleos. Los firmantes argumentan que proteger el medio ambiente también beneficia la economía pues promueve la competitividad, crea nuevas áreas de mercado y reducen el riesgo empresarial.

Los argumentos de Trump fueron los mismo con los que consiguió la presidencia: que Estados Unidos era una víctima mundial, y que esto hacía que el desempleo cabalgara rampante. Según lo que leyó en la rueda de prensa, saliendo de los Acuerdos de París la empresa privada gringa retornaría a sus épocas de gloria. Luego de la promesa enumeró las cifras que demostraban que si se mantenían en el Acuerdo de París, el sector primario de la economía se vería afectado, sobre todo la producción del acero, el carbón, papel, cemento, acero y metal. Pero ni defendiendo este tipo de negocios logró el apoyo de la empresa privada: los presidentes de Exxon Mobile y Chevron, líderes mundiales en la explotación petrolera, manifestaron que intentarán cumplir ellos independientemente con los compromisos.

Musk, Iger, renunciaron a hacer parte de la mesa asesora de Trump, pues no estaban de acuerdo con su visión del cambio climática, y es lo mismo que piensan los 195 países que firmaron los acuerdos. Como si fuera una profecía autocumplida, Trump le está dejando el liderato mundial a China, los mismos que él dice son los que “se inventaron el cuento del cambio climático”. El coloso asiático, que le pisa los talones a los Estados Unidos en casi todos los indicadores de poder, está virando su política ambiental: en sus épocas de crecimiento de dos dígitos la regulaciones eran nulas, pero ahora parece que son un ítem importante en la visión China: acaban de inaugurar un gigantesco parque de energía solar.

En medio de la planicie tibetana, China tiene cuatro millones de páneles solares en una extensión de 27 kilómetros cuadrados. Es el mismo tamaño que tiene el casco urbano de Villavicencio. Esto lo han logrado construir en 4 años, y buscan cada vez más lograr la independencia de energías no renovables. En la entrada a esta región, a más de 3,000 metros de altura, hay un imagen gigante, tamaño normal en China, del Presidente Xi Jinping. A su derecha, del mismo tamaño, se lee “¡Promuevan del desarrollo verde! ¡Desarrollen energías limpias!”

Pero los empresarios norteamericanos no quieren que el mundo entero les coja ventaja, y están buscando alternativas para no depender de Trump y su escepticismo ambiental. Se siente un movimiento reaccionario de las empresas privadas que han anunciado que, por su cuenta, lucharán por mantener los estándares a los que el gobierno de Obama se había comprometido.

Ya el 10 de mayo, los grandes empresarios habían previsto, y como última apuesta habían enviado una carta para intentar persuadir a Trump. No sirvió para mucho, pero ya se veía la oposición que tendría el Presidente en este tema. Firmó hasta Richard Branson, el presidente de Virgin, y David W. MacLennan, de Cargill, la empresa privada más grande de Estados Unidos.

Pero el choque no es solo con el sector privado. Cinco gobernadores se rebelaron, y dos de ellos son del Partido Republicano. Los estados de California, Washington, New York, Massachusetts, Vermont, Connecticut y Rhode Island salieron a decir que ellos también se acogen a los que Obama se comprometió a cumplir. Este respaldo no es poco, pues representan el 15 por ciento de las emisiones de gas de todo el país.

Parece que la jugada de Trump está siendo impopular hasta en los que debía tener buena acogida. Tanto los políticos como los empresarios privados están en rebelión contra el Presidente de Estados Unidos, que tuvo que ver como Obama salió de sus cinco meses de vacaciones e hizo lo que hasta ahora no había hecho: pronunciarse en público desde su retiro. “Aunque este Gobierno se une un pequeño puñado de países que rechazan el futuro, confío en que nuestros Estados, empresas y ciudades darán un paso al frente y harán aún más para liderar el camino.”

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