Los divinos y los humanos, antaño y hogaño

Las reglas de juego actuales, impuestas por y para los divinos, no permiten que los humanos asciendan ningún escaño económico...

Por: Pedro Pablo Herrera Sanchez
abril 16, 2021
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Los divinos y los humanos, antaño y hogaño
Foto: Pixabay

"Respeto mis ideas de entonces, mis pasiones de entonces, mi estilo de entonces. Son los mismos de hoy, los tiempos has pasado, no han cambiado. Las mismas orgías de la fuerza, vencedora; las mismas bacanales de sangre; la misma abyecta sumisión de los pueblos vencidos" (Porfirio Barba Jacob).

El escritor, como se ve, tiene plena vigencia. Dicho texto pareciera escrito para estos tiempos de pandemia y de disimulada reforma tributaria. Ayer, como hoy, existen en el universo humano dos fuerzas: la de los divinos oprobiosos y la de los humanos sometidos sin la razón, pero sí por el argumento de la fuerza de las armas en poder de los hijos del pueblo puestos en contra de sus afectos.

Entre los humanos que son multitudes están los desempleados o los subempleados, que tienen común denominador del día a día de trabajo sin pausa para solo sobrevivir.

Entre los divinos de hoy se arranca por alcaldes, concejales, contratistas y empleados de los pueblos para ir en ascenso, pasando por gobernaciones, congreso, ministerios, cúpulas de las fuerzas llamadas del orden y llegar a la presidencia. Todos a una, como en fuente ovejuna, hablando a boca llena, que se salen las palabras, del buen gobierno beneficioso del pueblo.

Entre los humanos, que son legión, conozco el caso de Juanita González, pero que su vida se replica en multitud, y que tiene hoy y desde siempre un rótulo: desempleada.

Juanita pertenece a una familia que en tres generaciones que conozco han hecho lo que han heredado: trabajar.

Desde sus tiernos doce años empezó a trabajar, llena de sueños y con la ilusión de que ella sí podría ahorrar para alojarse y a alojar a sus padres en un techo propio, así se le fuera la vida pagándolo; vana ilusión

Las reglas de juego actuales, impuestas por y para los divinos, no permiten que los humanos asciendan ningún escaño económico, en la creencia que desesperados vendan cada vez más barata su fuerza de trabajo.

Juanita, emprendedora y con ganas de triunfar, estudió su bachillerato en la noche, ingresó a la universidad y se le impuso por la razón de los hechos desertar.

Juanita, no empleada, estuvo trabajando en variados puestos con diferentes patrones y con un común denominador: a los dos meses se queda sin empleo, sin salario, sin aporte de cesantía, de pensión, ni de EPS. No tiene derecho a enfermar.

Su sueño de vivienda propia es un globo que hace rato, mucho rato se desinfló.

Los gobiernos incapaces de mostrar resultados acuden a la publicidad que llevan a extremos ridículos. No hace mucho el ejército mostraba a unos soldados ayudando a una dama a cambiar una llanta desinflada y los llamaba héroes, triste forma de denigrar al vocablo.

Ahora, como al inicio, cito a Barba Jacob:

Hoy como ayer soy la protesta

yo no he sido nunca la guerra

yo he sido la revolución; la guerra es el hecho

la revolución es la idea. La idea es inmortal.

Yo no estoy vencido.

Como he terminado antaño otro escrito, hogaño reflexiono: ¿será que amanece y ve el ciego?

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