En Colombia existen varios castillos que vale la pena conocer. Durante un fin de semana, en vacaciones o en un día libre, estos lugares se convierten en destinos ideales para tomar fotos y descubrir espacios únicos en el país.
Aunque Colombia, por su historia, no desarrolló una tradición de construcción de castillos como en Europa —ya que los pueblos nativos tenían otros conceptos arquitectónicos—, sí cuenta con edificaciones emblemáticas como el Castillo Marroquín, el Castillo San Felipe de Barajas y el Castillo de San Antonio de Salgar.
Castillo Marroquín
Ubicado en Chía, Cundinamarca, fue construido en 1898 por encargo de Lorenzo Marroquín Osorio, quien le pidió al arquitecto francés Gaston Lelarge diseñar una casa familiar con un estilo único. El resultado fue este castillo, que años después fue vendido por la familia Marroquín.
Actualmente, el lugar funciona como museo y ofrece recorridos históricos de aproximadamente 30 minutos por sus salones de estilo medieval y túneles. Está abierto los fines de semana y festivos, cuando los visitantes pueden recorrer sus jardines, observar el lago, tomar fotografías y asistir a diferentes eventos.
Castillo San Felipe de Barajas
Ubicado en el cerro de San Lázaro, en Cartagena, su construcción culminó en 1657 con el propósito de defender las colonias españolas de invasiones del Reino Unido y otras potencias europeas. La fortaleza ganó fama de inexpugnable, ya que nunca fue tomada, lo que contribuyó a que Cartagena recibiera el apodo de “La Heroica”.
Hoy en día, lejos de ser una fortaleza militar activa, es uno de los principales atractivos turísticos del país. Ofrece un recorrido por túneles subterráneos, muros inclinados y cañones con varios siglos de historia. Es considerada la fortaleza más imponente construida por los españoles en América durante el siglo XVII.
Castillo de San Antonio de Salgar
Fue construido en 1848 en Puerto Colombia, Atlántico, específicamente en el corregimiento de Salgar, sobre una elevación cercana a las playas. Se levantó sobre las ruinas de un antiguo fortín español.
En su época, funcionó como fortaleza defensiva y punto de aduana para controlar el contrabando. Su ubicación estratégica permitía vigilar la entrada de embarcaciones, proteger la zona de piratas y gestionar mercancías. También sirvió como presidio y centro de suministros.
A lo largo de su historia ha tenido diversos usos: cárcel, colegio, instituto para personas con discapacidad e incluso sede de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico. Actualmente, es un destino turístico.
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