Lo que se esconde tras la expresión "no heterosexual"

De acuerdo con esta mirada la frase implica "una práctica ofensiva, que objetiva a las personas en busca de un beneficio privado"

Por: Martin Zamudio Espinel
junio 05, 2018
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Lo que se esconde tras la expresión
Foto: Captura de pantalla Twitter @AlvaroUribeVel

La autora feminista Judith Butler no se equivocaba al afirmar que la heterosexualidad opera en la sociedad como un régimen político, y qué mejor manera de verlo que escuchando las declaraciones del expresidente Álvaro Uribe, quien hace pocos días creyó que la mejor manera de referirse a las personas pertenecientes a la comunidad LGBTI era a través de la expresión “no heterosexuales”.

Su discurso, el cual pretende instrumentalizar a estas personas en aras de ganar votantes para la candidatura de Iván Duque, ha recibido fuertes críticas tanto en redes sociales como en el escenario público. Al parecer, la estrategia política que buscaba ampliar el caudal electoral del Centro Democrático —sin perder a aquellos votantes que persiguen la diversidad sexual— le salió por la culata. No solo porque ahora tiene a toda una parte de la ciudadanía en contra, por su manera homófoba de hablar de estos temas, sino también porque muchos exponentes del uribismo debieron quedar todavía más sorprendidos con dicho comunicado. Basta con imaginarse la reacción de personajes abiertamente homófobos y transfóbicos como el youtuber Oswaldo Ortíz o el exprocurador, quemador de libros, Alejandro Ordóñez, al escuchar que el uribismo, corriente política que hoy en día los dos abandera, “respeta” las diferencias sexuales.

Afortunadamente para ellos esto no es cierto. El uribismo —y en general un gran sector de la derecha colombiana— no respeta la diversidad sexual. Según el discurso de Uribe lo que se respeta es la “intimidad” y aquello que se rechaza son las “amenazas contra cualquier colombiano”, dos afirmaciones que nada tienen que ver con las personas a las cuales pretende hacer alusión. Lo que demuestra esto es su poco interés frente a las problemáticas que rodean a estas poblaciones y, además, un desconocimiento profundo de la actuación que debe tomar el Estado frente a la protección de sus derechos.

Cuando Uribe se refiere a que “las diferencias que existan en tema de adopción, matrimonio, aborto deben respetar la ley y la jurisprudencia” se refiere directamente a que su proyecto político no acepta, en ningún escenario posible, que estas personas puedan tener los mismos derechos que una persona heterosexual. La persona hetero es aquella que debe guardar sus privilegios y solo así se podrá mantener un país sano, alejado de las posturas impuras que los “buenos muchachos” no deben hacer. Porque Uribe y su partido ven así la homosexualidad, como una aberración y como algo “no natural”.

Si algo queda claro es que el gobierno de Iván Duque no tendrá ningún tipo de acercamiento real a esta población, y continuarán siendo excluidos y perseguidos por los órdenes institucionales que no hemos sabido cambiar como sociedad. Sin duda alguna el apoyo de Viviane Morales y Alejandro Ordóñez a este candidato cobrarán, tarde o temprano, la cuota política, y esta va a ser en gran parte a través de la creación de medidas que atenten contra la diversidad y la igualdad. La propuesta de país duquista está lejos de ser incluyente. El eslogan político que propone un “futuro para todos” seguramente no contempla dentro de sus letras a esta comunidad y se refiere, en particular, a las personas blancas, heterosexuales, cristianas y de estrato 4 para arriba.

Esta es la manera rebuscada de ganar votantes que promueve la derecha. La instrumentalización de sectores olvidados por el uribismo por parte del mismo uribismo es una práctica ofensiva, que objetiva a las personas en busca de un beneficio privado, lo triste es que estas técnicas seguramente seguirá durante los próximos quince días. Ya lo vimos con los gais, lesbianas y trans y ahora, al parecer, lo vemos también con los indígenas del Amazonas; personas a las cuales durante 8 años, Uribe, no determinó. Esta es una clara muestra del oportunismo político al cual pueden llegar ciertos sectores de la política colombiana, en donde la “moral”, además de ser doble, solo sirve para perseguir y juzgar.

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