Carlos Simán tuvo que estrellarse una, dos y hasta tres veces antes de encontrar lo que muchos llaman “la fórmula del éxito”. Oriundo de Barranquilla, pero formado en Medellín, este economista egresado de la Universidad EAFIT siempre tuvo claro que lo suyo no era la estabilidad de una oficina, sino el riesgo de emprender, hasta que un día dio con el chiste de Mr Bono.

Tras graduarse, regresó a su ciudad natal y comenzó su vida laboral en una empresa del sector gas, pero la rutina no tardó en incomodarlo. A comienzos de 2000, cuando el noni se puso de moda en la Costa Caribe, vio una oportunidad y decidió lanzarse con la venta de jugos de esta fruta. Era 2001 y el negocio parecía prometedor, impulsado por la tendencia del momento. Sin embargo, como ocurre con muchas modas, el furor desapareció tan rápido como llegó y su primer intento terminó en fracaso.
Lejos de detenerse, lo volvió a intentar casi de inmediato. En 2002 apostó por un negocio de antipastos con aspiraciones de llegar incluso a mercados internacionales. Tampoco funcionó. En 2003 probó suerte con productos de aseo, luego con suministros de ferretería e incluso con un proyecto de lombricultura para producir abono orgánico. Todos, sin excepción, terminaron cayéndose. Más que fracasos aislados, era una seguidilla de intentos que no lograban consolidarse.
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Fue entonces cuando decidió cambiar el enfoque. Aferrado a su fe y a lo que tenía más cerca, apostó por una receta familiar: pandebonos y avena. En un pequeño espacio dentro de un centro comercial en Barranquilla comenzó a venderlos, sumando también una propuesta llamada “Churros N Chips”. Sin grandes pretensiones, pero con constancia, ese pequeño punto empezó a tomar forma.
El apoyo de su esposa, clave para que surgiera Mr Bono
En ese camino, su esposa jugó un papel clave. Mientras trabajaba en la empresa de su familia, se encargaba de las finanzas y ayudaba a sostener el proyecto en los momentos más difíciles. Ese respaldo silencioso fue determinante para que Carlos pudiera seguir insistiendo cuando los números no daban.
El verdadero punto de quiebre llegó en 2010, cuando nació formalmente Mr Bono en el Centro Comercial Americano de Barranquilla. Con un horno pequeño y una operación limitada, el negocio comenzó a crecer casi de manera inesperada. Los clientes empezaron a llegar, luego las filas, y pronto la demanda superó la capacidad de producción.

El pandebono, tradicionalmente asociado al Valle del Cauca, encontró en la Costa Caribe una nueva identidad. La marca empezó a posicionarse y ganó un lugar en el día a día de sus clientes. A ese éxito se sumaron productos de hojaldre que ampliaron el portafolio y ayudaron a consolidar el negocio.
El crecimiento trajo nuevos retos. En 2017, la empresa dio un salto importante con la construcción de su planta de producción y la creación de un canal institucional que le permitió distribuir productos congelados. Así, Mr Bono dejó de ser solo un punto de venta para convertirse en una marca con alcance nacional, llegando a grandes superficies y nuevos canales de comercialización.

Éxito rotundo en el Caribe y otras ciudades colombianas
La expansión tomó fuerza con Don Bono, su modelo de franquicias, con el que lograron llevar la marca a diferentes rincones del país. Hoy, la cadena supera los 160 puntos de venta, enfrentando el reto de mantener la calidad y la experiencia en cada uno de ellos.
Actualmente, Mr Bono tiene presencia en ciudades como Bogotá, Cartagena, Montería, Valledupar y Sincelejo, consolidándose como una de las cadenas más reconocidas en su segmento.
Lejos de quedarse quietos, siguen apostando por la innovación. Recientemente relanzaron productos como el pastelito cremoso y continúan abriendo nuevos puntos, especialmente en el Caribe, donde nació la marca.
Así, la historia de Carlos Simán es la de un emprendedor que entendió que el éxito no siempre llega a la primera. A veces, hay que fracasar varias veces, cambiar de rumbo y volver a empezar. Porque detrás de cada pandebono que hoy se vende en Mr Bono hay años de intentos fallidos, decisiones difíciles y una perseverancia que terminó dando frutos.
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