Líderes sociales: muerte y resurrección de las cigarras

“Aquí estamos y si caemos alguien más estará en nuestro lugar, brillando, contándole al resto del mundo la realidad que la política ha intentado minimizar”

Por: Paulo Augusto Cañón Clavijo
Julio 11, 2018
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Líderes sociales: muerte y resurrección de las cigarras
Foto: Pixabay

El cadáver de José Fernando Jaramillo, un líder social asesinado el pasado viernes 6 de julio, es ahora otro peso en la conciencia de un país que ha aprendido a mirar hacia otra parte cuando la verdad le incomoda.

Han pasado más de veinte meses desde la firma del acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y sin embargo la violencia en el país se ha convertido en una bestia insaciable que solo cambió su menú para contentarnos. Son más de 300 líderes sociales asesinados a ritmo de uno cada dos días desde la oficialización del acuerdo.

Las voces silenciadas de Temístocles Machado, Nicomedes Payán, Nixon Mutis, Yolanda Maturana y de varias decenas de víctimas adicionales le demuestran al mundo que, sin mayor esfuerzo, nuestra indiferencia es cada vez más apabullante.

Las múltiples declaraciones de diferentes organizaciones como las Naciones Unidas o el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) no han sido suficientes para despertarnos, llegando a ser tan infructuosas como los esfuerzos del Gobierno para detener la masacre que tantas veces hemos tratado de negar.

No son “líos de faldas” o “ajustes de cuentas”, como señaló el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas; son actores armados que portan el miedo y la violencia como sus estandartes, y con estos han sabido concederles a las minorías un silencio imperante con el asesinato de sus portavoces.

Elegimos el olvido selectivo, los nombres arden en la opinión pública un par de semanas y luego se extinguen; los indígenas, los campesinos, los sindicalistas, los maestros o los afrocolombianos marchan una y otra vez en un círculo vicioso, intentando captar la atención de los 46 millones de personas que, irónicamente, ahora están pendientes de los movimientos de su próximo líder y representante ante el resto del mundo. Decidimos que es mejor no mirar atrás si queremos dormir tranquilos.

El apoyo a la restitución de tierras o a la erradicación y sustitución de cultivos ilícitos, la defensa de los derechos humanos, el sindicalismo o la simpatía con movimientos políticos de oposición, cualquiera de estas acciones es suficiente argumento para que, sin mediar palabra alguna, las balas vuelen con dirección a un líder social que segundos después engrosará las cifras de crímenes en el país.

Pero la muerte solo es una parte de todo el fenómeno que involucra amenazas, desplazamientos, secuestros y torturas. O peor aún, la sensación de estar muerto en vida que ahora embarga a muchos de los líderes sometidos a la persecución, a los panfletos debajo de la puerta y al temor por la integridad de sus familiares y amigos. Es el daño a nuestro imaginario colectivo, donde se ha asentado la idea de que las amenazas son una consecuencia natural del ejercicio de la defensa de los derechos humanos o de la oposición política.

A pesar de todo, los colombianos seguimos sonriendo con el estómago tranquilo a la hora del almuerzo, mientras la televisión muestra el asesinato de otro líder social. Quizá dentro de tanta violencia e indiferencia, y después de tanta sangre derramada, una de las pocas cosas reconfortantes para nuestro país es que, a pesar de ser silenciada tantas veces, la cigarra sigue aquí, resucitando.

Aún hay voces que quieren demostrarnos que no todo está tan bien como parece; que es necesario admitir que el paramilitarismo no es un fantasma sino una realidad; que el narcotráfico y su influencia en el campo colombiano no se curarán únicamente con drones y glifosato; que no es normal que en departamentos como el Cauca, Chocó y Putumayo se asesine a quienes pretenden curar las negligencias del estado y mostrarle al resto del mundo nuestros problemas.

Lo necesario será no dejarnos silenciar más. La censura se acaba cuando tomamos acción y le demostramos a quién nos calla que no tenemos miedo, que nuestras convicciones de tener un país mejor son más fuertes que el sonido de sus fusiles, que aquí estamos y si caemos alguien más estará en nuestro lugar, brillando, contándole al resto del mundo la realidad que la política ha intentado minimizar.

Si encuentras un error de sintaxis, redacción u ortográfico en el artículo, selecciónalo y presiona Shift + Enter o haz clic acá para informarnos. ¡Muchas gracias!

Publicidad
0
358

Si encuentras un error de sintaxis, redacción u ortográfico en el artículo, selecciónalo y presiona Shift + Enter o haz clic acá para informarnos. ¡Muchas gracias!

Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus
Caricatura: basta de asesinatos

Caricatura: basta de asesinatos

“Estamos volviendo a la masacre histórica del país”

“Estamos volviendo a la masacre histórica del país”

Ser indiferentes ante los asesinatos de los líderes sociales nos convierte en cómplices

Ser indiferentes ante los asesinatos de los líderes sociales nos convierte en cómplices

Seamos Hidra de Lerna para mantener las voces de los líderes sociales

Seamos Hidra de Lerna para mantener las voces de los líderes sociales