“Liberté, Égalité, Fraternité”

Macron “no cedió a lo largo de la campaña, ni un milímetro en sus creencias, ni contemporizó con medidas populistas, ni urdió concesiones ídem”

Por: Mario arias gómez
Mayo 10, 2017
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“Liberté, Égalité, Fraternité”
Foto: Crhoy.com

Las elecciones del pasado domingo le dieron un respiro no solo a Francia, sino a la Unión Europea y al orden económico mundial, lo que agiganta el peso de quien además de ser la primera potencia militar de Europa, es la única con un arsenal nuclear. De los 45,7 millones de electores habilitados para votar, Macron obtuvo el 66,1 % (20’753.704 papeletas), contra 33,9 % (10’643.937) de Le Pen. De cada 100 votantes, 44 votaron por el ganador, 22 por la rival, 9 en blanco o nulos, 25 se abstuvieron. La asunción será este domingo 14 de mayo. Hollande dijo de Macron: “Se emancipó y presentó un proyecto. Hizo lo que pensaba tenía que hacer, primero a mi lado y luego él solo. Los franceses lo han elegido y mi deseo es que tenga éxito”. “No lo considero mi heredero político”.

Proeuropeo incondicional. Nunca ocupó cargo de elección popular. Convencido centrista independiente, quien al conocer el resultado expresó: “Se ha abierto una nueva página de nuestra historia”. Representa una opción de seriedad frente a la improvisación. Hincha decidido de la globalización, de una sociedad abierta sin fronteras. Aliado de los mercados internacionales. Liberal por concepción en temas económicos, progresista en lo social. Su sobresaliente credencial, el europeísmo. Ambicioso proyecto que ha traído tangibles beneficios a los 28 integrantes de la UE. Se propone consolidar las instituciones transnacionales, se muestra opuesto al proteccionismo económico, lo cual despeja el futuro del insumiso país que especulaban iba rumbo al abismo. El mundo democrático espera que el 11 y 18 de junio, elija una bancada afín, comprometida con su codicioso programa, de amplio espectro ideológico.

En el ámbito de la globalización son inevitables la apertura y cooperación. La campaña revivió la lucha de clases, en pie desde 1789. Conformada la Asamblea Nacional, aprobó en forma solemne el credo de los “Derechos naturales, inalienables y sagrados del Hombre”, lo que dio origen, el 22 de septiembre de 1792 a la Primera República. La Quinta se formó el 5 de octubre de 1958. El Presidente era escogido por la AN y el Senado hasta el referéndum de 1962, que estipuló se hiciera por sufragio universal directo, en dos vueltas. De no superar ningún candidato el 50 % de los votos, se va a una segunda vuelta, entre las más votados, dentro de los 15 días siguientes. Balotaje vigente desde 1965. La reforma constitucional de 2000, implantó un régimen semi-presidencial y rebajó de siete a cinco años el período del Presidente.  

Precepto en que nombra un Primer Ministro, que debe obtener un “Voto de confianza” del Congreso. Si es negado por segunda vez, se activa —ipso facto— la facultad del Presidente, de disolverlo y llamar a una nueva votación. De ahí nacen los gobiernos de unidad, ‘cohabitación’, o ‘coparticipación’ —que no coalición—, en la que el mandatario gobierna con un legislativo hostil.

Comicios que despejaron el espectro político francés, gracias a fuerzas políticas cansadas con los partidos tradicionales, que se alinearon en torno a Macron (1977), el presidente más joven (39 años), después del mítico genio del arte militar, Napoleón (1769-1821), indiscutible estratega —sin par— qué a los 27 años, transformó un ejército de andrajosos, hambrientos y desmoralizados “tuntunientos”, en una máquina bélica, imparable, con la que dio el 9 de noviembre de 1799 el golpe de Estado, que instauró un gobierno autocrático provisional, compartido —en teoría— por tres titulares. legitimado por los electores, que canjearon su voto por libertad, en entusiastas plebiscitos. Entre los varios millones de papeletas, arrojó menos de dos mil en contra. Ascensión del Primer Cónsul, ratificado por la Constitución napoleónica del 1800.

La batalla de Marengo, 14 de junio de 1800, sucedida cerca de Alessandria, en el Piamonte-Italia, trituró a las tropas austríacas y las ahuyentó más allá de los Alpes, lo que fortaleció a Napoleón y lo elevó a héroe legendario. A los 29 años fue el artífice, por quince años, del destino de Europa, bajo patrones franceses.  La ceremonia de coronación, se efectuó en Notre Dame, el 2 de diciembre de 1804, con la asistencia del papa Pío VII, en la que Napoleón se ciñó él mismo la corona y luego la impuso a Josefina Tascher de la Pagerie (nombre de soltera). Tola criolla, oriunda de la Martinica, cuya “porcelana azul” -el vizconde y general de Beauharnais- fue guillotinado por los jacobinos. El pontífice se limitó a solicitar a Napoleón, casarse por el rito religioso, lo que atendió en un acto privado y sencillo que se ocultó celosamente.

Ardorosa viuda, tan brillante como casquivana y equívoca, que colmó el vacío sentimental del cornudo emperador galo, Rey de Italia, quien contaba no haber sentido afecto por nada, ni por nadie. Al final consintió haber amado apasionada e intensamente a la célebre damisela, cinco años mayor. Analistas avisados concluyen que Francia jamás alcanzó mayor esplendor y grandeza. En cambio, los enemigos describen aquella excelsitud, como “la entronización del gato con botas”. Chateaubriand lo estimó como “encarnación del espíritu del mal”. Déspota sanguinario que articuló un Estado autócrata a su medida, traicionó la Revolución francesa y sacrificó la libertad del público, fruto de la desmedida ambición de poder, atestiguó.

Desde el inicio de la República, subyace la colisión entre dos concepciones del mundo, la liberal y universalista y la populista o soberanista, renovadas hoy por los desastres achacados a la globalización. Al anunciar Macron la renuncia en agosto, se le acusó de haberle propinado una puñalada por la espalda a Hollande. Recurrió a la esperanza y no al miedo del elector. Se apoyó en la agrupación ¡En Marche!, que fundó apenas en septiembre. Entonces exclamó: “He tocado con mi dedo los límites del sistema”. En su lucha, fue escoltado por los oponentes de Le Pen, quien se dedicó a halagar los más bajos instintos, el antieuropeismo, el chovinismo, la xenofobia, la antiinmigración.

Más allá de la romántica historia del adolescente Macron, quien a los 17 años obtuvo uno de los premios del Concurso de Bachilleres, que alcanzaron: Louis Pasteur, Víctor Hugo, Baudelaire, Rimbaud, época en la que se enamoró perdidamente de su profesora de secundaria, Brigitte Trogneux, 24 años mayor, a quien le aseguró: “Algún día me casaré con usted”. Amor que dejó de ser platónico, al divorciarse ella para unirse al exalumno, quien cumplió la promesa de hacerla esposa en 2007.

Colegial prodigio que estudió en los influyentes Liceo Enrique IV de París y el École nationale d’administration, (ENA), ancestral campo de formación de la “crema y nata” política y administrativa de Francia.  Banquero, economista, exministro y filósofo, secretario general de la Presidencia. Siendo un reconocido político profesional, se presentó en nombre de la ‘antipolítica’. A pesar de proceder del corazón del establecimiento, adelantó una campaña de ruptura con los partidos tradicionales, lo que comporta un liderazgo fresco, comprometido con la reforma de la adiposa, anquilosada, anticuada política, sacudida por la corrupción.

No cedió a lo largo de la campaña, ni un milímetro en sus creencias, ni contemporizó con medidas populistas, ni urdió concesiones ídem. Prometió sí renovar la política, reconciliar la sociedad, espantosa y lamentablemente polarizada. Como presidente elegido reiteró: “Combatiré las divisiones que nos lastran”. “Procuraré la recuperación, esperanza y confianza”. “Soy consciente de la ira, ansiedad y dudas de quienes votaron en mi contra”. “Haré que en adelante nadie vote por los extremismos”. Gestionaré, amparado en el orden, los cambios que la comunidad demanda. Buscaré restaurar el lema oficial: Liberté, Égalité, Fraternité; la seguridad civil, institucional y jurídica. Rescataré la identidad y personalidad ancestrales. Prometió recobrar el crecimiento y el fortalecimiento de la economía, a fin de desvanecer el omisivo, engañoso y viejo ‘peronismo a la francesa’, que la arrogante, exacerbada y deslegitimada ultraderecha vendió. Buen viento y buena mar presidente.

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