Liberemos el Congreso: la estrategia del 55/86

Deberíamos preguntarnos si en realidad estamos condenados perpetuamente a soportar esta gavilla de canallas... Tal vez la respuesta sea que no. Acá una propuesta

Por: Juan David Roldán Álvarez
enero 19, 2021
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Liberemos el Congreso: la estrategia del 55/86

En nuestra historia como república no ha existido un momento en que el Congreso de la República represente lo intereses colectivos y, legisle para la gente del común y su bien común. La sociedad colombiana siempre ha percibido al Congreso como un “nido de ratas” (este ya es un calificativo que se repite año tras año, década tras década). Y en honor a la verdad debo decir que ese calificativo no dista mucho de la realidad (solo agregaría que estamos cargando con tremenda imagen negativa a los pobres roedores o ratones que apenas si sobreviven de nuestras migajas y desperdicios).

En realidad, el nido de corruptos y saqueadores que tiene invadido el congreso, no se conforma con migajas y desperdicios. Los políticos se apoderan de los recursos públicos a lo grande, ganan contratos millonarios trabajando de la mano con el presidente y sus ministros, gestionan otros milloncitos en las regiones direccionando contratos con familiares, empresarios, alcaldes y gobernadores amigos, obtienen beneficios legislativos (aprueban leyes) para sus empresas y actividades económicas privadas y, adicional a eso beben empedernidos de la teta del Estado con sus salarios de más de 30 millones, más otros 40 millones para contratar asesores, más esquema de seguridad y carro blindado, más celular de última generación, más dos tiquetes de avión semanales (todo eso pagado con nuestros impuestos). Ante esa desproporción de ingresos y privilegios es comprensible el porqué el colombiano del común no confía en los legisladores, ni siente que estos trabajen por el bien común de las mayorías empobrecidas.

Pero ya basta de lamentos. Deberíamos preguntarnos si en realidad estamos condenados perpetuamente a soportar esta gavilla de canallas. Lo cierto es que sí hay posibilidades de recuperar la confianza en nosotros/as; en nuestro poder como mayorías protagónicas en el ejercicio de la democracia, sí podemos unirnos y sacar del congreso a todos esos politiqueros, sí podemos comenzar a creer en que se garanticen nuestros derechos para una vida digna y la búsqueda del bien común para las mayorías del país. Sí podemos comenzar a legislar para la política de la vida y dejar atrás la política de la muerte de los últimos 60 años.

Tenemos una tarea enorme para este año 2021 (año preelectoral) y el próximo 2022 (año electoral; elecciones presidenciales y de Congreso). Debemos unirnos y renovar el Congreso de la República de Colombia, liberemos pues el Congreso. ¿Quiénes nos unimos? Todos/as las mayorías que aspiramos a derrotar al uribismo y sus afiliados políticos. Todas aquellas personas que queramos ejercer la política de manera decente; para los intereses del bien común y no para los beneficios particulares de sus círculos de amigos y familiares. Debemos dar ejemplo de decencia en la práctica política.

Si bien hoy existen algunos senadores y representantes decentes en el Congreso (Gustavo Bolívar, Aída Avella, Wilson Arias, Antonio Sanguino, David Racero, Germán Navas, María José Pizarro, Inti Asprilla, solo por mencionar algunos/as), pero lamentablemente son minoría en relación con las bancadas del partido gobierno y todos los sectores que se dedican a garantizar sus negocios personales en la política. Por eso es ahora cuando la unidad nos llama a liberar el Congreso. ¿Cuál es la metodología para hacerlo? El número ganador es el 55/86; necesitamos mínimo 55 senadores decentes y 86 representantes a la Cámara decentes.

Con esta cantidad y calidad de hombres y mujeres decentes le damos la vuelta a Colombia. No nos pararía nadie aprobando leyes para el bien común y la garantía de derechos sociales (renta básica, reforma al sistema de salud, educación gratuita y de calidad, salario digno, protección y mejoramiento del medio ambiente, economía solidaria y protección a la producción campesina, entre otros). Se vale la pena soñar, lo podemos lograr. Los/as colombianos tenemos derecho a dejar de sufrir para llegar a fin de mes. No podemos seguir comiendo sanguaza por toda la vida. Se vienen los tiempos de la dignidad, de la decencia en la política.

La decencia en la política implica modificar las condiciones laborales de los congresistas, dejar tanto privilegio. Además, quienes se comprometan por la decencia en su ejercicio político deben trabajar bajo la modalidad de pago por sesión. Hay que buscar, proponer y acompañar a todos esos hombres y mujeres que serán la punta de lanza del cambio, de la renovación del Congreso. Necesitamos un Congreso decente. Eso sí, sin dejar de lado que quien ocupe el cargo de presidencia debe ser una persona del mismo talante de decencia que buscamos para el Congreso.

Sé que hay desconfianzas —por cierto fundamentadas— sé que no creemos en los políticos y consideramos con todos/as son lo mismo, “son unas ratas”, sé que no creemos en el sistema electoral. Sin embargo, hemos llegado a un punto de quiebre en la historia de nuestro país, sino nos unimos para cambiar la política en los próximos dos años, de seguro las condiciones de vida serán muchísimo más precarias, casi la mayoría de nosotros/as entraría en quiebra, el país va camino a la quiebra más estruendosa de todos los tiempos. Por todas esas razones que amenazan nuestras vidas debemos cambiar el panorama de la democracia y la política en Colombia, debemos comenzar a pensar y actuar con la política de la decencia. ¿Cuál es el criterio para que alguien sea considerado como decente? Aspiro a aproximarme a esa pregunta, la metodología, o criterio para la selección de estas personas en una próxima columna que elaboraré.

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