Las toneladas de basura que amenazan el Bosque de Yotoco, en el Valle

El relleno sanitario del Guabal está acabando con la reserva forestal más importante de la región y ni las multas han logrado frenar los desperdicios que lanzan

Las toneladas de basura que amenazan el Bosque de Yotoco, en el Valle

A ambos lados de la quebrada El Espinal vuelan mariposas azules y deambulan garzas con plumajes de fantasía. Ambas especies parecen confundidas: junto al caudal no hay ni una flor y dentro del agua no hay un solo pez. El Espinal desemboca en el río Cauca y sirve de frontera entre el Relleno Sanitario Colomba – El Guabal y las fincas aledañas, dedicadas en gran parte a la ganadería, en el municipio de Yotoco.

Interaseo, operadora del Relleno, ha sido sancionada al menos tres veces por la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) debido a incumplimientos de los términos de la licencia ambiental con que se le permitió funcionar. Además, existen otros siete procesos sancionatorios en curso contra la empresa, investigaciones que estaban vigentes desde antes que el basurero, creado en 2008, completara siquiera una década de inaugurado.

El relleno sanitario Colomba – El Guabal —llamado así por los nombres de las dos haciendas sobre las que está ubicado— nació de la necesidad de clausurar a toda carrera el basurero de Navarro, donde se arrojaban los desechos de Cali, Candelaria, Yumbo y Jamundí desde principios de los años setenta, hasta que ocurrió una catástrofe ambiental que alertó al departamento sobre sus malas prácticas en la disposición final de residuos.

Registro tomado el 7 de septiembre durante una visita guiada por personal de Interaseo. Vaso A del Relleno Sanitario Colomba – El Guabal, actualmente en operación. Al fondo, la cadena montañosa que lo circunda. Según Fabio Salazar, la tierra de la zona “es una tierra árida en la que no se puede sembrar. Parece roca de cantera”. Foto: Angie Serna.

La gran montaña de basura acumulada se resquebrajó el 14 de septiembre de 2001, generando el derrumbe de los residuos putrefactos a un canal que desembocaba en el río Cauca, de donde gran parte de los caleños toman el agua para ducharse, cocinar y lavar. Desde ese día se ordenó la clausura definitiva de Navarro pero esta solo llegó hasta el 25 de junio de 2008 pues, sencillamente, no se había identificado un lugar adecuado para llevar las miles de toneladas que se generaban a diario.

En ese momento entró en funcionamiento el Relleno Sanitario Colomba – El Guabal que, si bien cumple los estándares técnicos que Navarro no cumplía, ahora recibe los residuos de muchos más municipios. Aparte de Cali, de donde proviene el 77 % de los desechos, allí se encuentran compactadas las basuras de Calima, Florida, Candelaria, Yumbo, Restrepo, Jamundí, La Cumbre, Dagua, Vijes y Yotoco, en el Valle del Cauca, y Villarrica, Caloto, Guachené, Padilla y Santander de Quilichao, en el departamento del Cauca. Según Fabio Salazar, gerente de Interaseo, han llegado a recibir desechos de más sitios debido a contingencias en el Relleno Presidente, ubicado en el municipio de San Pedro, en Valle del Cauca.

¿Una solución a medias?

A pesar de que se esperaba una reducción en el impacto ambiental de la disposición de residuos, pocos años después de su inauguración, en 2014, la CVC le impuso a Interaseo una multa de casi 71 millones de pesos (aproximadamente 19 000 dólares). La autoridad ambiental señalaba el daño que las obras de adecuación de una vía le causó a la quebrada El Espinal, que desemboca en el río Cauca. La corporación encontró que la vegetación de la orilla, conocida como margen forestal, fue talada para construir una carretera y, en el curso de la obra, un talud se desprendió sobre el afluente, bloqueándolo como si se tratara de una pared de tierra.

Todavía en agosto de 2021, al caminar cerca de la quebrada, junto al acceso de entrada al Relleno, se ven flotar los sedimentos y la arena en el débil cuerpo de agua. En la superficie brillan las vetas de aceite o grasa, pero por falta de pruebas de laboratorio que comprobaran afectaciones en la composición bioquímica del agua, esto no fue sancionado en 2014.

Una película de grasa recubre la superficie de la quebrada El Espinal en inmediaciones del Relleno Sanitario Colomba – El Guabal. Registro fotográfico del 19 de agosto de 2021.

El 12 de febrero de 2016 llegó una nueva multa tasada en más de 229 millones de pesos (alrededor de 61 000 dólares). La CVC sancionó el vertimiento de lixiviados sin tratar —líquidos tóxicos emanados por las basuras acumuladas— directamente al río Cauca.

Según explica Luz Mery Gutiérrez, directora de la Dirección Ambiental Regional Sur de la CVC, Interaseo recibió permiso para realizar vertimiento de lixiviados previamente el 11 de abril de 2013 pero estos tenían que haber sido tratados previamente.

Fabio Salazar, gerente de Interaseo, dice que la sanción fue injusta. Según explica, la empresa actúa conforme a las necesidades que van surgiendo y eso fue lo que ocurrió con el desagüe, el cual, dice, se hacía necesario para el control de contingencias y la correcta operación de la planta de tratamiento de aguas residuales con la que cuenta el Relleno Sanitario.

“La corporación en ningún momento ha autorizado el vertimiento de lixiviados sin tratar”, aclara Luz Mery Gutiérrez, explicando que el permiso otorgado para los vertimientos tiene unas condiciones de tratamiento para el agua descargada, las cuales son monitoreadas por laboratorios externos acreditados por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).

El mismo día en que se impuso la nueva sanción, la CVC realizó otra visita al Relleno Sanitario, encontrando un vertimiento con fuerte olor a amoníaco en la orilla del río Cauca. Contrario al leve color amarillo que tienen las aguas tratadas por la Planta del Relleno, los lixiviados salían del desagüe oscuros y turbios, como lucen antes de recibir el tratamiento químico de limpieza.

En un boletín de prensa de la CVC se relata que Interaseo intervino el cauce del río Cauca con una retroexcavadora para desviarlo hacia el lugar del vertimiento, de modo que “la descarga se diluyera sin dejar mayor rastro”.

Pese a que ese nuevo proceso sancionatorio se inició en febrero de 2016, al día de hoy todavía se encuentra en estado de “práctica de pruebas”, es decir, en proceso de investigación, por lo cual la Corporación no ha tomado ninguna decisión.

Pero esto no es todo, 10 meses después, en diciembre de 2016, se inició otro proceso sancionatorio en el que la CVC señaló que algunos de los vasos —nombre técnico de las fosas en que se almacenan los desechos— no estaban cubiertos por una felpa sintética que previene escapes de material por acción del viento.

Los propietarios de fincas vecinas ya habían denunciado que en sus predios habían caído bolsas y material en descomposición que estaba produciendo la muerte del ganado que los comía. Incluso, a mediados de agosto de 2021, todavía se veían empaques plásticos atrapados por las ramas y raíces junto al caudal de la quebrada El Espinal, así como en las copas de los árboles cercanos a los contenedores de basura.

Afectaciones históricas al Bosque de Yotoco

El Relleno Sanitario Colomba-El Guabal limita con la Reserva Natural Bosque de Yotoco, un área protegida que cuenta con 63 años en el ordenamiento territorial nacional que se ha visto amenazada por la construcción de carreteras y por el relleno sanitario que apenas tiene 13 años de inaugurado.

Sentado en las proximidades de un orquideario, Valentín Hidalgo, un hombre trigueño de sonrisa constante que durante los últimos 25 años ha vivido en la zona, recordó: “En 2012, cuando iban a hacer la segunda carretera [la doble calzada Buga-Buenaventura], un líder del municipio se paró frente a los representantes del Ministerio de Transporte, el Ministerio de Ambiente y la Presidencia de la República y reclamó: ‘¿Qué otra porquería le van a meter a Yotoco?’”.

La raíz de la queja eran las afectaciones a los ecosistemas de la Reserva que produjo la primera carretera, la Cabal Pombo, cuyas obras iniciaron en 1952. Como lo han estudiado los académicos Fernando Vargas-Salinas y Fabián López Aranda, la vía ha aislado a los reptiles, anfibios y pequeños mamíferos del área protegida, exponiéndolos a ser atropellados y poniendo en riesgo la conectividad biológica al interior del bosque. Además, según expone Hidalgo, los ancianos del municipio cuentan que la carretera transformó el gran caudal del río Yotoco en un discreto cuerpo de agua.

La pregunta para los representantes del alto gobierno aludía también a un polígono de tiro en el que, por más de 30 años, el Ejército Nacional disparó sobre las lomas del municipio, causando erosión, pérdida de suelos, contaminación acústica y contaminación por plomo en la cuenca del río Yotoco, que ya sufría los impactos del paso del ganado y de las aguas negras de una avícola. Y, por supuesto, el reclamo también se refería a la instalación del Relleno Sanitario Colomba – El Guabal, que como lo señalaron los informes de la CVC, para sus adecuaciones deforestó parte importante de las haciendas que lo componen y afectó el flujo de la quebrada El Espinal.

Jorge Humberto Ramírez Velásquez, presidente de Orquibuga, ha sido testigo de las afectaciones que los proyectos de desarrollo del departamento han causado al patrimonio ambiental de Yotoco. Por ejemplo, recuerda el día en que gritó frente a la maquinaria que depredaba el bosque para avanzar en la construcción de la doble calzada Buga – Buenaventura, pues esta estuvo cerca de extinguir un espécimen de suma importancia para la construcción de su inventario orquideológico.

“¡Ingeniero, pare un momento! ¡Vamos a salvar la planta!”, exclamó.

Orquibuga es una asociación sin ánimo de lucro fundada el 3 de diciembre de 1992 que ha construido un orquideario con 177 especies identificadas al interior de la Reserva Natural Bosque de Yotoco, que fue partida a la mitad por la carretera Cabal Pombo en la década del sesenta y que estuvo a punto de sufrir la misma afectación con la doble calzada Buga – Buenaventura, cuyas obras avanzaban en el 2012.

La Reserva, según una investigación de académicos de la Universidad Nacional y la Universidad Javeriana, contiene el 2 % de las especies de orquídeas presentes en el país. La cifra no es menor ya que hay más orquídeas en este pequeño espacio (de aproximadamente 500 hetáreas) que en todo el valle geográfico del río Cauca, que es 842 veces más extenso. Además, en el Bosque de Yotoco pueden encontrarse el 44 % de las especies de aves del municipio y el 38,3 % de las que habitan en el departamento, como expone un estudio del Grupo de Investigación Bosque de Yotoco, de la Universidad Nacional de Colombia. Además, la Reserva es vital para la conservación de los nacimientos que brindan el agua a los habitantes del casco urbano del municipio.

El precio a pagar

Un mirador en forma de faro se alza a la entrada de Guadalajara de Buga —otro municipio del departamento del Valle del Cauca cercano a Yotoco— como monumento en memoria de Alejandro Cabal Pombo, abogado oriundo del municipio que propuso y promovió la construcción de una carretera que conectara el océano Pacífico con el interior del país. Cuando la vía Buga – Buenaventura fue una realidad, en 1966, se denominó Carretera Cabal Pombo en su memoria.

El orgullo por la construcción de la carretera responde al gran avance comercial que tuvo el país en ese entonces. Sin embargo, los costos ambientales del progreso no son siempre invisibles y, en este caso, partir en dos la Reserva Natural Bosque de Yotoco fue el precio a pagar.

Registro tomado el 7 de septiembre durante una visita guiada por personal de Interaseo. Conformación de taludes en el vaso A, vertedero activo de residuos en el Relleno Colomba el Guabal. Los desechos se mezclan con tierra generando niveles consecutivos de altura. Al alcanzar el límite permitido por la licencia, se clausura el montículo y se inicia la conformación de uno nuevo. Foto: Angie Serna.

Así mismo, la operación del Relleno Sanitario Colomba – El Guabal, que solo es noticia cuando amenaza con contaminar el río Cauca, parece ser el otro precio que debe pagar Yotoco para garantizar la estabilidad y crecimiento de ciudades como Cali, la tercera más grande del país.

“Lo ambientalmente responsable sería que el Relleno no recibiera más basura, pero eso no va a pasar”, afirmó en 2015 Hugo Salazar, presidente de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (Acodal), tras los informes de incumplimiento que la CVC había publicado ya para entonces.

Sin embargo, tomar esta decisión era demasiado complicado. Fabio Salazar, gerente de Interaseo, dice que entre operarios, conductores, personal de seguridad y otros trabajadores, Colomba – El Guabal genera el sustento de 220 familias de los municipios de Vijes y Yotoco. A este último municipio, además, se le pagan 250 millones de pesos mensuales (aproximadamente 67 000 dólares) siendo, en palabras de Salazar, “el mayor activo del municipio, que proporciona la mitad de su presupuesto”. Con todo, la principal razón por la que no se cierra el relleno sanitario es simple y contundente: no hay otro lugar que reciba ese flujo infinito de desechos.

Registro tomado el 7 de septiembre durante una visita guiada por personal de Interaseo. Por estas chimeneas se libera el gas metano que desprenden al descomponerse los residuos acumulados en la montaña de basura. En la imagen se observa el escape de espuma de lixiviados. Foto: Angie Serna.

En el papel, aunque Interaseo planea expandir sus límites y obtener más permisos de la CVC para seguir operando, la vida útil del Relleno Sanitario Colomba – El Guabal acabará el 25 de junio de 2039.

Para cuando este relleno sanitario cierre, uno nuevo deberá inaugurarse en otro lugar, pues la producción de desechos nunca se detiene y, según Pablo César Manyoma, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle, este sistema de disposición final es la respuesta más eficiente que hasta ahora se ha encontrado a nivel internacional para darle tratamiento a los desechos.

“En el marco de mi investigación de doctorado pude visitar el relleno sanitario de Vancouver. Lleva funcionando 60 años, sin una sola amenaza de derrumbe, contaminación de fuentes hídricas o problemas de otro orden”, afirma el docente, quien obtuvo su doctorado en Ingeniería gracias a su estudio sobre localización de centros de servicios no deseados como los rellenos sanitarios.

La clave de este proceso, según Manyoma, es la comunión entre el correcto manejo de las instalaciones por parte del operador y la consciencia y separación previa de los usuarios. “Al Relleno no deberían llegar residuos húmedos ni nada que al descomponerse genere humedad, porque de allí es donde fluyen los lixiviados”, afirma.

A su paso por el municipio de Yotoco, el río Cauca recibe las abundantes aguas que provienen de la Reserva Natural Bosque de Yotoco, aprovechadas en el camino por las cerca de 20 000 personas que habitan en el municipio. Unos kilómetros más abajo, recibe la débil descarga de la quebrada El Espinal y los vertimientos de lixiviados tratados del Relleno Sanitario Colomba – El Guabal.

La consciencia de la ciudadanía sobre el problema de los desechos sólidos es clave y, aunque reciclar y reutilizar recursos ya es parte de los planes de disminución de residuos en muchos gobiernos locales, todavía falta que se generalice un tercer concepto de altísima relevancia: reducir. “Siempre habrá desechos para botar y por eso el Relleno es la última opción. Por eso hay que incentivar a la gente a cambiar sus hábitos de consumo; no llenarse de cosas que no necesitan y no desperdiciar las que sí”, afirma el profesor Manyoma, proponiendo una relación de progreso más sensible con el ambiente.

Una relación que Valentín Hidalgo identifica con los ancestros de la región a la que pertenece Yotoco: los indígenas Calima, quienes “antes de entrar al Bosque le pedían permiso, construían sus caminos reales sin afectar los árboles y vivían en sintonía con el corazón del agua”, dice mientras algún pequeño mamífero de la Reserva corre entre los arbustos al escuchar su voz.


*Este artículo fue publicado originalmente el 19 de octubre de 2021 con el título Colombia: la peligrosa coexistencia de un relleno sanitario y una reserva natural en el Valle del Cauca

 

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