Las lecciones de Germán

El exvicepresidente parece estar empecinado en desatar el nudo gordiano que le permitiría llegar a la presidencia, ¿lo logrará?

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
abril 03, 2019
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Las lecciones de Germán
Foto: Facebook Germán Vargas Lleras

Más temprano si este gobierno no termina su periodo, lo cual muchos ansiamos que ocurra. O más tarde cuando todo el desastre por venir, inevitable quizás, ocurra. En realidad todo lo que estaría haciendo Germán es ayudándole al gobierno a que termine su mandato ojalá con el menor daño a la institucionalidad posible, tanto como evitándole mayores ridículos. Pero Germán todavía no ha aprendido la lección de Alejandro Magno, que ya para esa época montaba a Bucéfalo.

Sin ser pera en dulce, en parecida agenda estarían los demócratas en Estados Unidos con respecto a Trump. Impedir que Trump sea reelecto es equiparable a que nunca más un prospecto del centro democrático llegue a ser presidente; es decir, nunca más títeres, escuchó señor Gaviria, pues es inevitable que quien mande sea otro y no salgamos jamás de esta horrible noche. Si Uque es lo mejorcito, cualquiera puede imaginarse... Este gobierno sería, visto de otra manera, la prueba de que puede ser peor más tarde. Si admitimos, en gracia de discusión, que este títere tiene cabeza podría haber todavía uno sin ella que pueda llegar al poder.

Alguien podría imaginarse por ejemplo, cómo será la lucha feral por el presupuesto del 2022. Si ahora se queman las naves, ¿qué será del país?, ¿estará condenado Gaviria a dar otro triple salto mortal, esta vez con mirada hacia atrás?, ¿será enviada Ana Milena a la embajada en Washington?

No hay que olvidar que Germán viene de ser parte de un gobierno de probada eficacia institucional: produjo un acuerdo de paz, galvanizado, superando terribles contradicciones y sin acarrear mayores quiebras institucionales de violación de derechos como pudo haber ocurrido cuando lo de los falsos positivos, sobrepasando un referéndum a bordo, etc. Y aun cuando el referéndum ganó, eso no impidió que el asunto de la paz lograra imponerse; luego eso ya es clavo pasado, y eso lo asume políticamente Germán incluso no estando del todo de acuerdo con lo logrado. Además, ninguno de los ministros santistas está huyendo, ni ha sido llamado nadie a juicio por ninguna razón o motivo. Y así sucesivamente, ocurre con otras variables de desempeño. Sí, no fue perfecto pero sus logros son evidentes. La única equivocación de Santos, Gaviria y el mismo Germán, fue no jugársela por Petro que era la opción más respetuosa de los acuerdos. Lo demás de Petro era neutralizable. Petro no es Maduro. Pero se equivocaron y clame a Dios que no terminen en la cárcel, en vez del que debiera estar desde hace tiempo en ella.

Y ahora viene lo bueno. Germán ha desatado el otro nudo gordiano de que opciones corporativas más que políticas estén por detrás de cooptar las inversiones regionales tal como ha denunciado. Y eso se compagina pues se ha venido diciendo, sin réplica ninguna desde la institucionalidad, que las grandes corporaciones económicas y financieras se tomaron el poder gubernamental, incluso el Ministerio de la Defensa Nacional. Incluso con Santos, qué se dijo de dónde proviene el fiscal.

Y eso nos es ningún alboroto único de nuestro país:

Thomas Piketty, por ejemplo, ha sostenido de manera influyente que el capital sigue sus propias leyes, que no pueden ser contrarrestadas por los gobiernos democráticos. De modo similar, Wolfgang Streeck afirma que el capitalismo inevitablemente subvierte la democracia. Es, en sus propias palabras, una fantasía "utópica" creer que ambos pueden reconciliarse. Claus Offe está de acuerdo y afirma que hoy "los mercados marcan la agenda política" y "los ciudadanos han perdido su capacidad de influir en el gobierno".

De manera que si algún Char, la mayor casa capitalista de la Costa, tiene las manos metidas en el asunto de la mermelada ventiada, el único fenómeno que agrega es que por primera vez se hace ostensible y evidente que un dinosaurio, por su tamaño, estaría tragando mermelada a la lata que no estaría yendo adonde nuestros humildes y bienaventurados señores precapitalistas de la política. Es claro que eso pudo estar ocurriendo desde hace tiempos, quizás el Fiscal pueda atestiguarlo, pero ahora está siendo mediático ventilarlo: Germán tiene que diferenciarse políticamente si quiere llegar a ser presidente, aunque le toque realizar sacrificios retóricos abundantes.

Pero debería irse más a fondo del debate. Es sobre si el capitalismo y la democracia son compatibles. Si Trump coopta la política para sus congéneres del 1% del churubito oligárquico capitalista —ni siquiera él califica allá arriba—. ¿Cómo será posible que escapemos en Colombia a ello, acá en nuestro bien sojuzgado terruño que copia al dedillo. Acá en Colombia además se estaría cooptando la mermelada para inducir un cambio en la JEP y a quienes no se traguen el brebaje los sacan del botín.

Ahora bien, si las bragas de estos señores quedaron al descubierto no es porque se esté descubriendo que el agua moja por primera vez, es porque han estado sumergidos en ese lodazal desde siempre pero sus propias ambiciones los han llevado a pelarse ante los ojos de país, desorbitado.

Y si solo una migaja les toca a los Char, ¿quién?, ¿a dónde irá a parar el resto de lo que ha sido aprobado tan torticeramente en el Congreso?

“Así como Polanyi sostenía que la transición al capitalismo no fue el resultado de la ineluctable expansión de los mercados, sino más bien la consecuencia de decisiones políticas concretas, Iversen y Soskice argumentan que la transformación del capitalismo en el siglo XX fue el resultado de decisiones tomadas por gobiernos democráticamente elegidos”.

Lo que se quiere decir aquí es que todavía habría un espacio, si la historia se lee distinto, para que el ciudadano influya en su futuro, haga valer las propias leyes de la democracia, pero eso sería más una presunción que una esperanza.

De allí que Germán parece estar en un lugar donde no ha estado nunca: obligado a defender su partido aunque le toque operar en el desierto de la oposición. Pero eso el debería saberlo.

Ahora es el único momento en el que Germán por primera vez parece colombiano común y corriente: necesita del auxilio de todos y de su partido para poder sobrevivir: las leyes del capitalismo lo demolerán; o lo que pueda hacer la democracia por él lo salvarán.

Si Germán no logra aprender cómo domar a Bucéfalo no conquistará ningún imperio.

Nota: las citas corresponden a un artículo aparecido en la revista Nueva Sociedad suscrito por Sheri Berman, editado en español. Allí mismo se citan fuentes de Torben Iversen y David Soskice: Democracy and Prosperity: Reinventing Capitalism Through a Turbulent Century [Democracia y prosperidad. Reinventar el capitalismo a través de un siglo turbulento] (Princeton UP, Princeton, 2019).

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