El día que Agnes Varda cambió mi vida

¿Será que alguna vez contempló que una de sus películas haría que una mujer de 27 años, al otro lado del océano Atlántico, se replanteara su existencia?

Por: Jennifer Navarro Amaya
abril 03, 2019
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El día que Agnes Varda cambió mi vida
Foto: Festival Internacional de Cine en Guadalajara - CC BY 2.0

Hace unos días me levanté me levanté con una pésima noticia: Agnes Varda murió a sus 90 años. Podría decirse que es una noticia normal, era una mujer ya anciana y, además, sufría cáncer de mama, así que ¿por qué me siento como me siento?

Fue hace una semana y media que vi por primera vez una película de esta directora, ¡claro que sabía quién era! Pero nunca había tenido el placer de apreciar su trabajo hasta que un día me mandaron a hacer un ensayo sobre directores del cine moderno. Verán, yo soy profesional con especialización, pero como no hay trabajo, hago ensayos y artículos académicos por internet, lo que ahora llaman freelancer, que no es otra cosa que tratar de sobrevivir en este mundo de porquería; así que cuando me tocó elegir dos directores para hacer el escrito, aproveché la oportunidad y la escogí.

Para iniciar con la filmografía de esta autora me vi Sans toit ni loi de 1985, la cual narra la historia de Mona, una mujer que decide salirse de los protocolos y obligaciones que la sociedad impone a las mujeres y ser libre; el único problema es que al intentar ser libre, muere, ya que el sistema nunca te permitiría vivir por fuera de él.

Esta película me cautivó, aparte del excelente manejo de cámara y la actuación excepcional de Sandrine Bonnaire (quien ganó el premio César por su interpretación), fue la representación del papel de la mujer en la sociedad lo que me dejó atrapada. Varda logra enamorarnos con la historia y hacernos analizar el hecho de que así nos encontremos en pleno siglo XX (tiempo en que se realizó la película), la mujer sigue cumpliendo con la orden medieval de desempeñar el papel que le tocó vivir por el hecho de haber nacido así, mujer.

No diré que jamás haya replanteado mi existencia como mujer en nuestra sociedad, pero no podemos negar que de una u otra manera si decido no tener hijos, pues no los tengo y ya, no hay nadie que me obligue (a menos que quede embarazada, pero ya ese es una discusión aparte), recibiré críticas e intentos por hacerme cambiar de parecer, pero aun así podré decidir. Lo que me sucedió con Sans toit ni loi fue ver más allá de pequeños cambios dentro de mi vida ya aceptada por la sociedad: ¿qué pasaría si decido apartarme, total y literalmente de los parámetros de la sociedad que me rodea? Creería que me pasaría lo mismo que a la protagonista de la obra de Varda. Por más que Mona intentó e intentó ser libre y vivir sin estos parámetros, terminó sucumbida en una vida de miseria, la cual es el premio de consolación para las personas que desean algo más que nacer, crecer, trabajar, enamorarse, casarse, tener hijos, y morir.

Ahora que Varda ha muerto, me pongo a pensar si ella, como muchos otros que logran hacer historia, piensan que aún en sus últimos días de vida su obra logró cambiar la vida de alguna persona. ¿Será que Varda contempló la idea de que una de sus películas haría que una mujer de 27 años, al otro lado del océano Atlántico, se replanteara su misma existencia en este universo? Espero que sí, espero que haya muerto con una sonrisa en su rostro, sabiendo que su trabajo logró un cambio. Como dijo Andrés Caicedo “si dejas obra y muere tranquilo”.

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