Las "jugaditas" del uribismo

"Esta es una fuerza política que ejerce el poder mediante el continuo ejercicio de acciones que van en contra de la democracia, la ley y la decencia"

Por: Emilio Lagos Cortés
noviembre 06, 2020
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En una de las plenarias virtuales del Senado de la semana pasada se presentó un cruce de palabras entre los senadores Antonio Sanguino y Ernesto Macías. De lo dicho por Macías se deduce su catadura ética y la del uribismo. Sanguino se refirió a Macías como el bachiller que hace jugaditas para el gobierno y el uribismo. Lejos de acoquinarse, Macías le respondió que ese bachiller ya publicó su primer libro, titulado Crónicas de un bachiller, y que muy pronto aparecerá su segundo libro, que tal vez titule Las jugaditas.

Sus afirmaciones dejan claro el valor que Macías le da al hecho de que se exponga su conducta irregular. El epíteto de bachiller se le da para poner de presente que no aparece el colegio que le confirió su título de bachiller; sin embargo, así logró adelantar estudios universitarios. Tema sensible en un país donde los políticos se inventan o compran títulos académicos que no poseen.

A su vez, su jugadita en el Senado, cuando impidió que la oposición realizara la intervención a la que tenía derecho durante la instalación del Congreso el 20 de julio de 2019, es una conducta que hoy lo tiene sujeto a una investigación disciplinaria en la Procuraduría. Ya el Consejo Nacional Electoral señaló que fue una actuación irregular del entonces presidente del Senado, por lo cual, 9 meses después, ordenó que la oposición recibiera un espacio de 20 minutos en la televisión nacional para que realizara la intervención que Macías le negó con su jugadita. Tales situaciones, que avergonzarían a cualquier político, enorgullecen a Macías.

Lo de Macías no es un caso aislado y lo que un uribista denominaría una “manzana podrida” es, en mi opinión, la regla dentro del uribismo. Las jugaditas comienzan por su mesías, su líder máximo, su gran colombiano. El eje de toda su carrera política es la denuncia y la lucha contra el narcotráfico, por eso defiende las fumigaciones con glifosato que implican millonarios recursos en contratación, y que destruyen el medio ambiente y las cosechas de pancoger de los campesinos colombianos; sin embargo, se dice que al inicio de su carrera política, como director de la Aerocivil, habría entregado decenas de licencias de operación a aviones y pistas de los carteles del narcotráfico. Y eso no es todo, también le habría hecho una jugadita a los jefes del paramilitarismo, quienes, de acuerdo a algunas de sus confesiones, habrían obligado a los pobladores de las zonas en las que ejercían control territorial a votar por él en su primera elección presidencial; no obstante, luego del proceso de desarme del paramilitarismo, los extraditó hacia los Estados Unidos.

También hace jugaditas la vicepresidenta, esa dirigente conservadora que encarna tan bien al uribismo. Mientras persigue a campesinos que cultivan la mata de coca como si fuesen terribles delincuentes, puso 150.000 dólares para liberar en los Estados Unidos a su hermano narco, quien dirigía una red de mulas que traficaba con heroína. No contenta con ello, de acuerdo con algunas acusaciones, habría actuado como socia de negocios inmobiliarios que habrían legalizado el dinero de narcotraficantes como Memo Fantasma. Además, mientras su actividad política se basa en la lucha contra el castrochavismo, ha fungido como directiva de la empresa Global Securities, acusada de lavar dinero de PDVSA. Cuando se trata de negocios, la vice no tiene problemas con actuar en contra de los discursos que usa para hacer política.

La senadora Paloma Valencia, posible candidata presidencial, también hace jugaditas. Mientras repite el discurso uribista de que quienes protestan, y la izquierda en general, son unos vagos que todo lo quieren regalado, sus familiares y su círculo cercano estarían pegados como sanguijuelas de la teta del Estado. Recientes denuncias señalan que entre sus familiares y personas de su entorno político se habrían quedado con contratos con el Estado por valor de miles de millones de pesos.

Otra senadora del uribismo, María Fernanda Cabal, también se destaca por su discurso de que los colombianos “todo lo quieren regalado”. Sin embargo, su entorno también se nutre de la teta del Estado. Su esposo, José Félix Lafaurie, como presidente de la Federación de Ganaderos administró el Fondo Nacional del Ganado hasta 2015, año en que se le quitó su administración por recomendación de la Contraloría, que encontró malas prácticas. Sin embargo, en 2019, con el nuevo gobierno, le fue restituido su papel. Una jugadita que le entregó al esposo de la senadora Cabal la suma de 90.000 milloncitos de pesos.

Y las nuevas generaciones no se quedan atrás. Jerónimo y Tomás Uribe saltaron de estudiantes no muy brillantes a prósperos empresarios. Comenzaron con manillas, pero su “jugadita” de éxito fue montar una zona franca en Cundinamarca. Primero, compraron un terreno que era propiedad de Bavaria por un precio mucho menor a su valor comercial; previamente Bavaria había resultado favorecida con beneficios en una reforma tributaria bajo el gobierno del padre de los compradores. Esos terrenos estaban en la zona rural del municipio de Mosquera, que una jugadita en el concejo del municipio convirtió en zona industrial, lo que multiplicó muchas veces su valor. Y después la Dian le confirió la calidad de zona franca, lo que aumentó aún más su valor. Así, mediante “ayuditas” de funcionarios dentro del Estado, los jóvenes emprendedores se hicieron multimillonarios.

Y no olvidemos la jugadita de Pipe Arias, les dio generosas ayuditas a sus socios políticos, principalmente caciques de la costa, mediante los subsidios de Agro Ingreso Seguro, incluyendo al Ubérrimo, que recibió más de 3.000 millones de pesos.

Es decir, el uribismo es una fuerza política que ejerce el poder mediante el continuo ejercicio de “jugaditas” en contra de la democracia, la ley y la decencia. En un país con mayor fortaleza de sus instituciones sus principales figuras políticas estarían en la cárcel por cuenta de estas acciones, y su caudal electoral estaría reducido a la nada. Hace unos años un ministro en Corea del Sur renunció porque un puente se cayó. En Colombia se derrumba el país entero, y el uribismo se cree con derecho a seguir gobernando.

Posdata. Colombia llega a la aterradora cifra de 70 masacres en lo que va corrido del año; otro de los aspectos en los que el gobierno de Duque, el que dijo Uribe, se muestra como un desastre.

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